En un momento en el que la prevención y la sostenibilidad del sistema sanitario se han convertido en prioridades, Aboca ha logrado posicionarse como un referente europeo en autocuidado basado en evidencia científica, gracias a un modelo singular que integra cultivo ecológico, investigación avanzada y producción propia. Al frente de esta estrategia se encuentra Massimo Mercati, su CEO e impulsor de una visión que ha dado lugar a proyectos como la red Apoteca Natura, orientada a reforzar el papel de la farmacia comunitaria en la salud pública. Con él hablamos para entender cómo se consolida un modelo que reivindica el valor terapéutico de las sustancias naturales complejas y el lugar que debe ocupar la farmacia en la atención a la ciudadanía.
PREGUNTA: La investigación es una de las señas de identidad de Aboca. ¿Qué avances recientes destacaría?
RESPUESTA: Vemos con claridad que existen necesidades no cubiertas por los medicamentos convencionales en los trastornos funcionales, especialmente en el área gastrointestinal. Ahí estamos creciendo gracias a la validación clínica. Este es el concepto fundamental que nos mueve en Aboca: generar evidencia con base natural.
También estamos explorando otros targets más allá del ámbito clásico del autocuidado, donde ya lideramos varias categorías en Europa. Un ejemplo es Metarecod, un producto que está creciendo de forma notable. En este caso abordamos el síndrome metabólico, que no es un trastorno menor, y ahí observamos también el fenómeno de los GLP-1. Nuestro medicamento actúa en diabetes, obesidad y problemas hepáticos. Además, contamos con más de diez ensayos clínicos que aportan una evidencia sólida. Si entendemos el organismo como un sistema complejo, necesitamos soluciones complejas que modulen funciones fisiológicas, y esto es lo que estamos investigando.
De cara al futuro, estamos ampliando la investigación hacia otras áreas como los problemas osteoarticulares, donde también faltan soluciones. Y podemos citar el trabajo que desarrollamos con Biostherapy para estudiar cómo los recursos naturales pueden ayudar en situaciones como el cáncer, un ámbito donde los tratamientos generan muchos efectos colaterales y donde existe la necesidad de recodificar funciones celulares. Ahí los productos naturales pueden tener un papel importante con los años. Hablamos de investigación, no de productos.
P: Siguiendo con la investigación y la inversión, ¿qué esperan para el año 2026? ¿Qué tienen en el horizonte?
R. En Aboca estamos invirtiendo sobre todo en dar a conocer nuestra plataforma de investigación y desarrollo, que cubre todas las fases del proceso desde el cultivo. Esto permite un control claro de la cadena de producción, la innovación y el cultivo. Luego está la parte esencial de comprender y caracterizar el fitocomplejo.
Hablamos de fitoquímica y de sus evoluciones, como la metabolómica, para definir lo que llamamos el fingerprint del producto complejo. Este es un reto enorme, porque sin esa caracterización no tiene sentido realizar un ensayo clínico: no sería reproducible. Para 2026 manejamos un presupuesto de unos 12 millones de euros en investigación y desarrollo. Todos los años destinamos una base del 30–40% del presupuesto a esta área.
El resto corresponde a ensayos clínicos, que son cruciales. En los próximos meses vamos a publicar los últimos estudios sobre Aliviolax, nuestro producto para el estreñimiento crónico. También esperamos finalizar el ensayo clínico de Colilen, para el Síndrome del Intestino Irritable. Creo que el próximo año será importante en términos de publicaciones. Somos uno de los pocos laboratorios que trabaja de forma sistemática en este ámbito. En los últimos tres años, por ejemplo, hemos publicado tres o cuatro artículos científicos sobre la biodegradabilidad de nuestros productos.
P: En ese sentido, hay un debate vivo en el sector del autocuidado y de la industria farmacéutica en general en torno a la sostenibilidad y a la futura Directiva Europea de Aguas. ¿Cómo lo ve?
R: Sí, tanto en la reunión de Apoteca Natura en Venecia como en la Circular Bioeconomy Alliance (CBA) en Reino Unido, estos temas se han tratado. No podemos centrarnos solo en los envases: hay que hablar del contenido.
Debemos comprender que estas moléculas están activas a niveles muy pequeños, y esto plantea dos problemas: la bioacumulación en el organismo y el hecho de que una parte del producto se expulsa. Algunos países nórdicos ya tienen guías que, ante fármacos con igual eficacia clínica, recomiendan el que tenga menor impacto medioambiental. Estas medidas existen, pero son poco conocidas. Adoptarlas supone un cambio profundo para la industria.
También debemos plantear qué significa realmente “producto natural”. ¿Tenemos una definición? ¿Sabemos cómo se ha elaborado y con qué disolventes? Ese es el primer punto. El segundo es su composición. No se puede decir que un producto es natural cuando contiene únicamente un extracto natural entre otros componentes sintéticos. Este es un problema real. Europa tiene por delante un debate enorme sobre la transparencia en el etiquetado.
Hoy hay sustancias que se perciben como naturales pero se producen por síntesis química. Ocurre con vitaminas o con moléculas similares a las de origen natural que no se declaran como sintéticas. Si el consumidor ve que un producto es sintético, no lo compra; prefiere lo natural.
P: En Italia están pilotando modelos de generación de datos clínicos desde la farmacia. ¿Cree que este enfoque basado en Real World Evidence puede convertirse en estándar europeo?
R: Hace unos meses pusimos en marcha un nuevo proyecto de colaboración entre Aboca y Apoteca Natura. Entendemos la farmacia no solo como un lugar de dispensación, sino también como un espacio capaz de generar investigación clínica. Hemos empezado con estudios de post marketing surveillance a través de una organización que nos permite obtener datos de Real World Evidence.
La lógica es sencilla: el paciente adquiere el producto en la farmacia y, una vez lo ha utilizado, realizamos un follow-up. Esto aporta ventajas tanto al farmacéutico como al proveedor y cambia la relación entre ambos.
La farmacia puede convertirse en un actor relevante en datos clínicos, que es un elemento clave para los laboratorios. La vemos como un activo social. Pero para generar datos clínicos válidos es necesario establecer procesos rigurosos, y eso es lo que estamos haciendo en Italia. Para ello, la farmacia debe estar, eso sí, previamente certificada como Apoteca Natura.
P: Acaban de celebrar en Venecia el 25º aniversario de Apoteca Natura. ¿Qué lectura hace del encuentro y de la evolución de la red?
R: Han sido dos jornadas extraordinarias. Es un proyecto que hemos construido desde cero junto a los farmacéuticos y logramos reunir en Venecia a casi 500 profesionales de toda Europa. Esa ha sido la mayor satisfacción: contar con farmacéuticos de Italia, España, Francia o Portugal, cada uno en un nivel distinto de evolución del modelo, pero compartiendo experiencias.
Hemos asentado las bases estratégicas para los próximos años, con la idea de que esta red debe seguir creando valor en la relación con médicos, en la generación de RWE, en la relación con proveedores y, por supuesto, con los pacientes. Para fortalecer esta relación, hoy necesitamos nuevas herramientas como la farmacia clínica o la farmacia narrativa.
Aplicamos la medicina narrativa en la farmacia mediante cursos formativos basados en el protocolo Calgary-Cambridge, que ayudan al farmacéutico a desarrollar una relación más profesional y profunda con la persona.
P: Desde 2024 forma parte de la Circular Bioeconomy Alliance impulsada por el rey Carlos III. ¿Qué aporta esta alianza y cómo encaja con los principios de Aboca?
R: El modelo de la CBA es muy interesante porque no se trata de pagar para formar parte de un círculo o para hacer marketing. Aquí no se paga: te seleccionan. Y eligen empresas y laboratorios de todo el mundo, algunos muy grandes. La clave está en los living labs: identificar laboratorios que buscan una evolución real y trabajar con ellos en proyectos concretos.

En nuestro caso, hemos iniciado un proyecto de agroforestry, que supone una evolución de nuestro cultivo biológico tradicional hacia un modelo con mayor biodiversidad. Ya hemos empezado las primeras 30 hectáreas en la Toscana con plantas medicinales, árboles y arbustos. Y en 2026 iniciaremos otro experimento integrando animales en este entorno. La diferencia de la CBA es que estos living labs se evaluarán por resultados medibles.
Además, nos ha permitido dialogar sobre nuestra evolución científica con grandes laboratorios farmacéuticos. Y veremos si podemos extender este enfoque también a las farmacias como modelo de impacto. Trabajar con el Rey Carlos III ofrece una visión global y mucho conocimiento compartido. Lo más interesante es ver cómo empresas de sectores muy distintos están buscando soluciones basadas en la naturaleza, que es el lema de la CBA: Nature-based solutions.
P: ¿Cómo se defiende hoy el valor de estas soluciones naturales con evidencia robusta en un entorno sanitario tan competitivo?
R: Nuestra actitud siempre ha sido muy abierta. Trabajamos con proyectos de licensing con laboratorios farmacéuticos, no tanto para crear negocio sino para compartir nuestra visión científica. Queremos que comprendan que esta puede ser una plataforma de evolución, no solo para Aboca sino para todo el sector.
Es cierto que construir el sistema Aboca no es fácil, pero en términos de competencia lo que intentamos demostrar es que puede ser una plataforma de futuro.