Más que una promesa de futuro, la inteligencia artificial es una herramienta de presente que ha acabado permeando en todos los aspectos de la vida diaria de millones de personas. Aquello que hace no tanto parecía ciencia ficción es ahora parte del trabajo de muchos sectores. Y, como no podía ser de otra forma, la Farmacia no se ha quedado atrás. Los farmacéuticos, en todas sus modalidades, disponen ya de la IA como un apoyo a su trabajo.
La Farmacia es un sector ya de por sí tecnológicamente avanzado, ampliamente digitalizado. Desde la investigación y la industria, que se ayudan de la IA para mejorar la eficiencia y optimizar los procesos, hasta la receta electrónica de la propia farmacia comunitaria, pasando por la Distribución y la Farmacia Hospitalaria. En este sentido, están ya en marcha proyectos de inteligencia artificial en este último ámbito para facilitar y agilizar trámites y tareas sencillas para que los profesionales puedan dedicar más tiempo al ámbito clínico.
Por lo tanto, no solo se benefician los farmacéuticos, en tiempos de ahorro de tiempo, sino también los pacientes, que reciben la mejor atención, más centrada en sus problemas y más humanizada. Sin olvidar la parte económica, pues, al mejorar la eficiencia de los procesos, se ahorran recursos y se racionaliza y se optimiza su uso, evitando sobrecostes, ni la medioambiental, al generarse menos residuos debido al mejor aprovechamiento.
La IA avanza, cada día, a pasos agigantados, por lo que es fundamental, por otra parte, que los farmacéuticos se mantengan al día de las novedades. Por ello, es crucial la formación. Así, iniciativas como el Programa de Formación en Competencias Digitales, del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF) adquiere una gran importancia, además, para salvar la brecha generacional que existe en el acceso a herramientas de IA, puesto que no todos los farmacéuticos se encuentran en las mismas condiciones.
Es indudable que la inteligencia artificial tiene un gran potencial para el sector farmacéutico. Puede ser un impulso del trabajo de los profesionales en todos sus ámbitos, nunca un sustituto de su labor. El criterio clínico y la opinión sanitaria de los farmacéuticos siempre deben primar. La IA debe ser un trampolín que eleve a los farmacéuticos a la excelencia, no un motivo de preocupación laboral, y dado que su integración en el sistema sanitario es inevitable, es importante la formación y no tenerle miedo a una herramienta que ya es cotidiana.
Con todo, sin el “factor humano”, la atención a los pacientes no sería tal; sin el criterio imprescindible de los farmacéuticos, la sanidad quedaría hueca. La IA es una herramienta para facilitar, optimizar y mejorar, no el sustituto de la visión de unos profesionales sin los que no se entendería el sistema sanitario.