La farmacia rural, imprescindible

Los resultados del Programa de Farmacia Comunitaria Rural en La Rioja demuestra que las farmacias rurales son una herramienta de salud, cohesión territorial y lucha contra la despoblación

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La farmacia rural lleva años demostrando que su valor va mucho más allá de la dispensación de medicamentos. En cientos de municipios españoles, especialmente en aquellos castigados por la despoblación y el envejecimiento, la botica es el último servicio sanitario abierto, el primer punto de consulta y, en demasiadas ocasiones, el único profesional sanitario al que un vecino puede acudir sin recorrer decenas de kilómetros.

La experiencia de La Rioja debería servir como una llamada de atención para el conjunto del Sistema Nacional de Salud. Los resultados del Programa de Farmacia Comunitaria Rural no han hecho más que poner cifras a una realidad que los farmacéuticos conocen desde hace décadas: cuando se aprovecha la cercanía de la farmacia, mejoran los resultados en salud. La adherencia terapéutica aumenta, los tratamientos se utilizan de forma más segura, los pacientes crónicos reciben un mejor seguimiento y las situaciones de vulnerabilidad pueden detectarse antes.

Pero la gran aportación de iniciativas como la riojana es otra: reconocen institucionalmente un trabajo que las farmacias rurales llevan realizando desde siempre. Como señalaba el secretario del Colegio Oficial de Farmacéuticos de La Rioja, Mario Domínguez, "no hemos inventado nada". La diferencia es que, por primera vez, esos servicios se protocolizan, se evalúan y se integran en las estrategias sanitarias de la Administración.

La Rioja ha entendido algo que otras comunidades autónomas todavía tienen pendiente: proteger la farmacia rural no es una política sectorial, es una política sanitaria y de cohesión territorial. "Hay pueblos que han perdido hasta la pequeña tienda donde comprar una barra de pan y sigue habiendo farmacia", recordaba Domínguez. Una frase que resume una realidad incómoda: la supervivencia de muchas boticas rurales ha dependido más del compromiso de sus profesionales que de una planificación decidida por parte de las administraciones.

En este contexto, avanzar hacia la concertación de servicios farmacéuticos ya no debería verse como una reivindicación corporativa, sino como una necesidad del propio sistema. Como defendía el presidente del Consejo General de Colegios Farmacéuticos, Jesús Aguilar, "la farmacia es mucho más que una red de acceso al medicamento; es una red sanitaria y social de proximidad". El debate, por tanto, ya no debería centrarse en si la farmacia puede asumir nuevas funciones, sino en por qué se esta tardando tanto en incorporarlas de forma estructural al sistema.

La ampliación del programa riojano hasta 2027 es una buena noticia. Pero el verdadero éxito llegará cuando deje de ser una excepción y se convierta en la norma. Porque apostar por la farmacia rural es apostar por que vivir en un pueblo no signifique tener menos oportunidades para cuidar de la salud.


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