La necesidad de realizar sedación paliativa, es decir, disminuir la consciencia de un enfermo en los días u horas anteriores a su muerte, ha sido y sigue siendo objeto de controversia, tanto en sus aspectos clínicos, éticos y legales, como religiosos. Para Jacinto Bátiz, responsable del Grupo de Trabajo de Bioética de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), se trata de una “buena práctica médica” cuando está indicada clínicamente y autorizada por el paciente.
“Los médicos sabemos que debemos sedar al paciente cuando lo precise, porque hay enfermos que, a pesar de todo, tienen en algún momento de la evolución de su enfermedad, uno o más síntomas que no responden al tratamiento y que le provocan un sufrimiento insoportable. Esto obliga al médico a disminuir la consciencia del enfermo”, indica Bátiz.
Para aclarar las dudas en torno a esta práctica médica, el XXIV Congreso Nacional de Medicina General y de Familia de la SEMG —que se celebrará del 18 al 20 de mayo en San Sebastián—ha programado en su comienzo una mesa de controversia sobre cuidados al final de la vida. En ella, los profesionales de atención primaria que asistan podrán saber si, cuando se realiza al enfermo la sedación paliativa, se está provocando su muerte o se está evitando que sufra mientras llega su muerte.
La finalidad de la sedación“Cuando el médico seda al enfermo que se encuentra sufriendo en fase terminal y lo hace con criterios clínicos y éticos, una vez obtenido su consentimiento, no está provocando su muerte, está evitando que sufra mientras se muere”, en palabras este experto.
El responsable de Bioética de la SEMG tiene claro que “la sedación, en sí misma, es un recurso terapéutico éticamente neutro; lo que puede hacerla éticamente aceptable o reprobable es el fin que con ella se desea conseguir y las circunstancias en que se aplica. Será aceptable éticamente cuando exista una indicación médica concreta y se hayan agotado los demás recursos terapéuticos. El fin que busquemos con la sedación será la medida para tasar el acto como ético”.