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Vademecum: Truchas OTC

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| viernes, 06 de noviembre de 2009 h |

Yolanda Martínez Doctora en Periodismo y Profesora de la UCM

En materia sanitaria hay novedades que hace que se resientan mis principios profesionales: las farmacias austriacas venderán pescado, sin receta, como una fórmula para extender las bondades para la salud de una dieta rica en ácidos grasos omega 3. No es una broma, es una realidad. No se si alguien ha pensado en la posibilidad de que esta moda se aplique con carácter estacional. De esta forma podríamos comprar en la farmacia lentejas, que tienen mucho hierro, naranjas, por su contenido en vitamina C... Desde esta misma semana los clientes de 15 boticas austriacas podrán comprar, además de los clásicos remedios contra el dolor de cabeza o el resfriado, pescado al peso, gracias a la buena aceptación de una prueba piloto en una farmacia de la localidad de Judenburg, en la región de Estiria. Parece que la trucha alpina ahumada está especialmente recomendada por su alto índice de saludables ácidos grasos omega 3 y su principal defensora ha sido la propietaria de la farmacia en que se puso a prueba la iniciativa. Valerie Odelga asegura que “todo lo que tenga que ver con la salud puede ser vendido en una farmacia, y más si sirve para prevenir problemas”. Y no crean que el pescadito es barato: 99 euros el kilo y un filete unos ocho euros.

Por si fuera poca novedad, el hecho de que al tiempo que te dispensan un antiagregante o un antibiótico puedas estar disfrutando de los “aromáticos efluvios” del pescado, los farmacéuticos van a recibir un curso de la empresa que distribuye el pescado sobre la forma más idónea de cortar la trucha alpina. Aunque puede que alguien considere excesiva mi valoración del hecho como una broma de mal gusto o como una iniciativa poco afortunada, creo que si las oficinas de farmacia adoptan determinados rumbos acabaran pareciéndose a los típicos colmados en los que las galletas se mezclan con los salazones y las legumbres.

Nuestro modelo farmacéutico no creo que tolere cursos avanzados de despiece de carnes o pescados, por muy de moda que se pongan en Austria. Esta noticia ha conseguido cambiar mi tradicional optimismo en verdadero disgusto. Y puede que hasta sea positivo, porque según un estudio australiano publicado en Science, que investiga las emociones estar de mal humor y ser un gruñón son buenos síntomas y hacen pensar con más claridad. Es más, se indica que en contraste con las personas que parecen siempre felices, las de ánimo miserable son mejores a la hora de tomar decisiones y son menos crédulas. Pues nada, voy a buscar otro despropósito sanitario para seguir alimentando mi mal humor.