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El bodoque:Matrimonios de conveniencia

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| viernes, 13 de noviembre de 2009 h |

Pablo Martínez Periodista e historiador

Ante el avance de la gripe A y el temor a que se colapsen las consultas de los médicos y las urgencias de los hospitales, el Gobierno noruego ha optado por autorizar a los farmacéuticos a dispensar los antivirales oseltamivir y zanamivir según su criterio, después de que los pacientes rellenen un formulario con los síntomas y detalles de su historial de enfermedades. La nueva ministra de Salud noruega, Anne-Grete Hjelle Strøm-Erichsen, anterior titular de Defensa, optó por una solución de estrategia militar y decidió utilizar transitoriamente, ya que la autorización de dispensación sin receta es temporal, a los farmacéuticos para solventar la crisis pandémica.

La solución adoptada por la titular de Salud noruega es similar a la adoptada por la ministra de Sanidad española, Trinidad Jiménez, con el levonorgestrel, cuya dispensación sin receta se autorizó el pasado 28 de septiembre con el objetivo político de contribuir a la reducción de los embarazos no deseados, así como del número de interrupciones voluntarias del embarazo, especialmente entre jóvenes y adolescentes, facilitando el acceso a la píldora en cualquier lugar de España gracias a la capilaridad de las oficinas de farmacia.

En ambos casos, y supongo que repasando podrían encontrarse otros muchos ejemplos, se trata de imposiciones del poder político a los farmacéuticos por razones de utilidad. Resulta que las oficinas de farmacia están ahí, próximas a los ciudadanos. Son establecimientos sanitarios y disponen de profesionales sanitarios más accesibles que otros. Con razón podrían considerarse estas situaciones como un “matrimonio de conveniencia” de la Administración con los farmacéuticos. No existe un vínculo sentimental, sólo una utilización para obtener unos determinados beneficios.

Los farmacéuticos deben aprovechar también ellos la coyuntura y hacer valer de manera permanente el reconocimiento profesional que representa este tipo de casamientos. A la postre un matrimonio de conveniencia no tiene por qué ser siempre algo sórdido. El ejemplo nos lo proporcionó Peter Weir con su película homónima de 1990 (Globo de Oro en Berlín), en la que un puro matrimonio de conveniencia entre Gérad Depardieu y Andie MacDowwel generó tan buena química que terminaron comiendo perdices.