Santiago de Quiroga
Los abusos que se producen con productos cosméticos, cremas cuasi milagrosas o vigorizantes, entre otros, podrían estar llegando a su fin. O, al menos, pensar que a algunas instituciones les empieza a preocupar que se abuse de la imagen de la farmacia. Y es que, “De venta en farmacias” es un argumento legítimo que puede ocultar información al consumidor. ¿Qué se pretende ocultar? Sencillamente, la falta de eficacia demostrada, que la venta se realiza en grandes superficies (además de en la farmacia), o que la promesa de su beneficio es exagerada a todas luces.
El CGCOF tiene toda la responsabilidad como máximo órgano de representación de la Farmacia en España —puede que haya habido algún olvido en estos días, pero subsanable—. Lo que no se puede hacer es reconocer estudios supuestamente científicos, de calidad y metodología dudosa, amparándose en que “no se puede exigir lo mismo a un cosmético que a un medicamento”. Nada más lejos de la realidad. Se le debe exigir lo mismo: que su información sea veraz.
Cuando una crema promete que se vende en farmacias, no debe ocultar que también se vende en grandes superficies. Cuando promete que reduce la celulitis en cuatro semanas, debe tener la forma de documentarlo. Autocontrol ha decidido no pisar un charco, pero la farmacia está cansada de tanto abuso. Algo hay que hacer para parar los abusos.