carlos b. rodríguez
Madrid
Oficialmente, el sexto Programa Marco europeo tenía el objetivo formal de transferir tecnología al tejido empresarial. Pero en la práctica, los resultados en este terreno han sido muy inferiores a las expectativas de los investigadores, OPI y universidades españoles que participaron o lideraron proyectos en Europa. Un estudio firmado por la Oficina Europea del Ministerio de Ciencia, en base a 647 encuestas a científicos españoles, confirmó por enésima vez que sigue sin resolverse el principal problema del sistema español de Ciencia y Tecnología.
Varios factores explican esta situación. Por un lado, está claro que el enfoque más o menos empresarial, o más o menos académico, de los proyectos, así como las áreas temáticas de los mismos, influyen en el posible impacto del proyecto en el tejido empresarial. El sexto Programa Marco, definitivamente no propiciaba la transferencia. Varias de sus temáticas, según el estudio, estaban “alejadas del mercado”.
Esta realidad, sumada al reducido número de proyectos europeos liderados por empresas españolas, explica el escaso impacto de la participación de universidades y OPI en cuanto a transferencia de tecnología al tejido empresarial español. Los consorcios europeos implican habitualmente a empresas extranjeras, y con ellas es difícil mantener a posteriori una colaboración cercana y directa.
De la misma manera, las empresas spin-off de universidades y OPI españolas derivadas de su participación en el Programa Marco no son numerosas. Para la transferencia de tecnología, las universidades utilizan mucho más el modelo de investigación bajo contrato. El Ministerio de Ciencia cree que el futuro real decreto que regulará la excedencia del personal investigador para la participación en la creación de nuevas empresas de base tecnológica estimulará la creación de spin-offs.
En casa del herrero...
Pero los hábitos son difíciles de cambiar, y la Oficina Europea del Ministerio de Ciencia ha detectado que el cambio cultural que necesita la ciencia española no ha empezado ni siquiera en casa. Así, pese a todos sus esfuerzos, el Programa Marco parece no haber cambiado aún la cultura de los investigadores en cuanto a la explotación de resultados.
En numerosas ocasiones el investigador acepta entrar en el consorcio sólo si se le deja publicar, y muy pocas veces negocian los derechos de propiedad de resultados. Otras veces se detecta que cuando un investigador tiene un proyecto muy cerca del mercado no acude al Programa Marco, porque su participación va a restringir la negociación de los derechos de propiedad industrial, debido a la composición del consorcio o los condicionantes del acuerdo.
Además, otro de los resultados de la encuesta es que el porcentaje de explotación comercial conseguido por los investigadores es inferior al porcentaje de conocimiento transferido. Esto induce a pensar que una parte de la transferencia de conocimiento se realiza de forma altruista.
El impacto sobre la transferencia de tecnología es uno de los ejes sobre los que girará la revisión que se plantea Europa sobre su Programa Marco de I+D, y sobre el cual trabajó el Ministerio de Ciencia durante la Presidencia española. Pero no será el único. Otro gran impacto del sexto Programa Marco es “haber encendido el piloto de alarma” en materia de gestión y haber evidenciado la necesidad de crear o reforzar oficinas de proyectos europeos. Hasta hoy, el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial y las universidades se esforzaron por estimular o promover la participación, pero no en apoyar la gestión del día a día, que es lo que echa para atrás a los investigadores.
Pese a todo, el Programa Marco todavía merece la pena. Así, para el 89 por ciento de los encuestados el beneficio es igual o mayor que el coste de su participación, y son la creación del conocimiento científico y la promoción de una I+D cooperativa e internacional los aspectos más valorados.
Económicamente también compensa. Las subvenciones para España ascendieron a 939,1 millones, un 35 por ciento más que el promedio del quinto PM. El retorno supuso el 6,6 por ciento de los resultados de la UE-25, convirtiéndose en una de las mayores fuentes de financiación de proyectos.