Entre los ejercicios 2003 y 2010 el gasto per cápita creció un 24,07%: las recetas per cápita un 23,20% y el gasto por receta un 0,71%
Sólo Cataluña mantuvo a raya sus tres variables. En el lado opuesto se colocaron Galicia, País Vasco, Asturias, Extremadura y Castilla y León
c. r. / c. a.
Madrid
Los ‘decretazos’ con los que el Gobierno ‘sorprendió’ al sector sanitario se aprobaron con el objetivo de actuar de manera rápida y contundente sobre el gasto medio por receta. Lo consiguieron, pero sumados a las políticas regionales lograron un efecto desigual en las comunidades. Una vez finalizado 2010, se registraron, por ejemplo, diferencias considerables, de hasta un 25 por ciento (2,85 euros) entre Galicia, la comunidad autónoma con el precio medio más elevado del Sistema Nacional de Salud (SNS), y Andalucía, que lideró la tabla por debajo.
A la vista de este dato, no es difícil de entender el empecinamiento gallego por contar con un catálogo farmacéutico que baje sí o sí el gasto medio por receta en la región. Algo similar ocurre en otra comunidad autónoma: Murcia. Este año, y antes de analizar las características de su demanda, quiere saber el porqué de la variabilidad en la prescripción de sus médicos. Junto con Galicia, Murcia es la única región que en el pasado ejercicio no bajó en negativo su gasto farmacéutico. Casualmente, fueron también las dos que menos bajaron su gasto medio y que más crecieron en recetas per capita en los últimos 8 años.
Los mitos poblacionales
Éstas y otras comunidades autónomas quieren atajar el problema ahora, pero, sin embargo, la cosa viene de lejos. El análisis de la variación de los parámetros relacionados con el gasto en medicamentos entre los ejercicios 2003 y 2010 pone en evidencia en qué han incidido estos años las comunidades autónomas y cómo han funcionado esas medidas de gestión. Con un gasto per cápita que ha crecido un 24,07 por ciento en ocho años y un gasto por receta sólo un 0,71 por ciento superior al de 2003 (ver gráfico), a los gestores de las distintas autonomías se les acaban las excusas: solamente cabe mirar a las recetas.
La crisis económica y las medidas de política farmacéutica adoptadas en estos años, que en última instancia han conducido a los históricos datos del gasto farmacéutico de 2010, suponen un punto de inflexión llamado a erradicar, quizá, más de un tópico. En primer lugar, el de que son los incrementos poblacionales los principales culpables de que la factura farmacéutica crezca. Este argumento se pudo esgrimir hace años, pero los datos demuestran que ya no es válido.
En este sentido, el economista Jaume Puig-Junoy comparte esta afirmación. De este modo, Puig-Junoy considera que “la caída brusca de los ingresos públicos ha puesto al descubierto una inercia generalizada de aumento del gasto sanitario español en la última década muy superior al Producto Interior Bruto que no era ya sostenible ni en la época de bonanza económica y que sólo encuentra coartada parcial en los cambios demográficos para uno de cada tres euros de mayor gasto”.
Sobre este aspecto, cabe destacar que, según este experto, los otros dos de cada tres euros de más gasto se han debido a factores sobre los que puede influir la gestión y organización de los servicios. Es decir, a que cada año los mismos usuarios de todas las edades del sistema sanitario frecuentan más los centros de salud, van a buscar más medicamentos a las farmacias e ingresan más en los hospitales; y a que en los centros sanitarios se les diagnostica con cada vez más caras pruebas diagnósticas y se les trata con más medicamentos y tecnologías médicas mucho más caras.
Esto conlleva la destrucción de otro tópico poblacional. “Esto no tiene nada que ver con el envejecimiento, ocurre para todas las edades”, manifiesta Puig-Junoy. Esta vez, la afirmación viene apoyada por un estudio del Consejo Económico y Social (CES) de Asturias, que desmitifica los efectos del envejecimiento sobre el gasto público.
Sobre este punto, las proyecciones para el Principado de Asturias, una región que envejece a pasos agigantados, son tranquilizadoras en lo que a gasto farmacéutico se refiere. Según sus autores, los asturianos consumieron en 2009 fármacos por 310,9 millones de euros. Para 2019 el gasto sólo será un 4,9 por ciento mayor, y eso a pesar de que la factura de los que hoy tienen entre 60 y 64 años crecerá un 14,2 por ciento. Esto tiene su explicación en los recortes que producirán los grupos de entre 20 y 40 años, que en 2009 gastaron 43,3 millones en fármacos, seis más de los que, según el estudio, necesitarán dentro de diez años.
Cataluña, bajo control
Si el aumento en el número de recetas no puede achacarse ni al envejecimiento ni al aumento de la población, solamente quedan las recetas per cápita. A este respecto, según demuestra el análisis realizado por EG, esta variable creció un 23,20 por ciento entre 2003 y 2010, frente al mencionado 0,71 por ciento de incremento del precio por receta. Desde esa perspectiva, queda claro que la dirección de las medidas llevadas a cabo estos años por las administraciones autonómicas ha sido eficaz, pero tal vez poco eficiente.
Si echamos un vistazo al comportamiento de las comunidades autónomas, solamente una de las 17 se ha mantenido por debajo de la media en las tres variables en estudio. Así, en estos últimos ocho años Cataluña ha mantenido a raya sus recetas per cápita (un 16,40 por ciento de incremento frente a una media nacional del 23,20); su gasto per cápita (10,86 frente a 24,07) y su gasto por receta (casi un 5 por ciento de reducción frente al incremento medio del 0,71 por ciento).
Tras Cataluña aparecen las comunidades autónomas de Andalucía y Castilla-La Mancha. Ambas se sitúan por debajo de la media en dos variables. Así, la primera cojea en número de recetas per cápita, mientras que la segunda lo hace en el apartado del gasto por receta.
En el lado contrario, Extremadura, Galicia, País Vasco, Asturias y Castilla y León se han visto desbordadas en las tres variables. Cantabria y Canarias sólo han atajado su gasto por receta; y Murcia y La Rioja, su número de recetas per cápita. Las restantes regiones, o bien se sitúan en torno a la media o compensan excesivos crecimientos en alguna variable con el buen comportamiento de otra.
Se trata, en realidad, de comunidades autónomas que ejemplifican la función de los ‘decretazos’ aprobados por el Ejecutivo. Baleares es un buen exponente. A falta de contener el número de recetas per cápita, las continuas rebajas de precios lograron que finalizara 2010 en unos niveles de gasto farmacéutico bastante razonables.
¿Buena gestión?
Y las administraciones se felicitan por sus resultados, pero ¿hasta qué punto se han gestionado bien los recursos? “Los problemas no se atajan de forma eficiente con medidas rápidas pero ineficaces de regulación financiera ‘ciega’ que reducen de forma unilateral el precio de todos los medicamentos nuevos sea cual sea su contribución a la mejora de la salud, mientras sigue aumentando de forma galopante el número de recetas por persona, o eliminando las últimas prestaciones adoptadas equiparando reciente a menos necesario, o suprimiendo arbitrariamente la cobertura de vacantes o bajas laborales en los hospitales o centros de salud”, dice Puig-Junoy.
En cambio, este experto añade que podría ser más útil empezar por medidas que actúen y hagan más “gestionables” esos dos tercios del aumento del gasto. En primer lugar, se refiere al ejemplo de países como Reino Unido, Alemania, Holanda o Suecia, que someten la toma de decisiones sobre innovaciones sanitarias al filtro de agencias independientes y comités de expertos como condición necesaria para defender el valor de las innovaciones eficaces y efectivas y asegurar, de esta forma, que los limitados recursos disponibles se destinen a tratamientos que en realidad valgan lo que cuestan.
En segundo lugar, fomentar una corresponsabilización basada en el conocimiento científico. La de la industria farmacéutica mediante contratos de riesgo compartido (no hay reembolso si el medicamento no demuestra su eficacia); la de los pacientes, redistribuyendo el copago farmacéutico actual hacia copagos evitables (no pagar más por lo mismo, y si el paciente lo desea que pague la diferencia), y diferenciales (cuanto más necesario y costo/efectivo, menos copago), de los que quedarían exentas las personas con menos recursos. Por otro lado, la de los prescriptores, y favorecer la adecuación de la práctica clínica al conocimiento científico y reducir las variaciones injustificadas en esta práctica.
Y, en tercer lugar, pagar por resultados en salud, lo que requeriría, según Puig-Junoy, integrar los presupuestos que hoy se encuentran compartimentados entre niveles asistenciales (primaria, hospitalaria, farmacia...). Un sistema de financiación fija como éste ayudaría, en opinión de este experto, a visualizar el coste integral de la atención a un paciente, limitando al mismo tiempo “la visión parcial y fragmentada que hoy centrifuga y encubre la falta de resolución clínica”.
Éste no ha sido el camino, ni parece que lo vaya a ser en el futuro. Es llamativo que, de las cinco comunidades autónomas que entre 2003 y 2008 no controlaron ninguna de sus variables de gasto, tres de ellas hayan implantado en 2010 medidas que inciden de nuevo en la oferta y en los precios: Galicia, con su catálogo; el País Vasco y Extremadura, con el borrado de las marcas en los sistemas de prescripción electrónica. Mientras, al menos una de las otras dos se está planteando hacer lo mismo en 2011.
Una factura problemática desde eneroMurcia no ha empezado bien el año. Y no se debe ya únicamente al hecho de que haya sido una de las dos comunidades autónomas que no hayan llegado a negativo en su gasto farmacéutico anual ni con bajadas de precio como las de 2010. Aunque el presupuesto de este año está recién estrenado, el dinero no ha llegado a tiempo. Como consecuencia, el Servicio Murciano de Salud tenía las arcas vacías nada más empezar el año y tuvo que retrasar el primer pago mensual de las recetas, que debía haber abonado el jueves día 20. Pudo pagar, eso sí, los 114 millones que debía por las recetas del último trimestre de 2010.
El Colegio de Farmacéuticos de Murcia envió una circular a todas las oficinas de farmacia explicando que la consejería de Ángeles Palacios se comprometía a hacer frente al pago antes del 2 de febrero, y lo haría por la vía del endeudamiento con entidades bancarias.
Otro crédito se pedirá en Canarias. Poco después de que la Consejería de Sanidad presumiera de la reducción contemplada en el presupuesto farmacéutico para 2011, Fernando Bañolas ha asegurado que prevé habilitar un crédito para hacer frente al gasto de medicamento, pues será insuficiente con la partida presupuestada después del recorte de un 30 por ciento.