Alba Soutelo
Presidenta del COF de Pontevedra
I. Fernández
Pontevedra
Pregunta. El recurso al catálogo gallego ya está en el Tribunal Constitucional.
Respuesta. Sí, creemos que era necesario presentarlo y nos ha dado esperanza. Como profesionales sanitarios defendemos la cohesión del SNS, y como gallegos queremos tener acceso al conjunto de medicamentos incluidos en la prestación farmacéutica pública. Y es que, los farmacéuticos estamos sometidos a una gran inseguridad jurídica por estar obligados a sustituir los medicamentos por catálogo sin estar amparados por la ley.
P. ¿Es optimista acerca de la decisión que deberá adoptar el Tribunal Constitucional?
R. Sí, soy optimista, y espero por el bien de la sanidad pública y de los ciudadanos de todas las comunidades autónomas de España que este recurso prospere, porque de no ser así se acabaría el Sistema Nacional de Salud que todos valoramos y los pacientes dejarían de tener los mismos derechos dentro del territorio nacional.
P. ¿Se rompe la cohesión?
R. El Real Decreto de receta médica y órdenes de dispensación, en su artículo 2 apartado 3, dice que la receta médica es válida en todo el territorio nacional y que garantizará que el tratamiento prescrito pueda ser dispensado al paciente en cualquier oficina de farmacia del territorio nacional. Esto es contrario a la Ley de racionalización del gasto en la prestación farmacéutica de la comunidad autónoma de Galicia, que en su artículo 2 dice que todas las actuaciones de los profesionales sanitarios del Servicio Gallego de Salud, así como de las oficinas de farmacia, a los efectos de la prescripción y dispensación en receta oficial y su financiación con cargo a los presupuestos de la comunidad autónoma de Galicia, deberán respetar el catálogo priorizado de productos farmacéuticos.
P. Una vez que sea suspendido de manera cautelar el catálogo, ¿cómo cree que afectará la misma a los ciudadanos?
R. Creo que muchos ciudadanos gallegos se sentirán encantados de poder volver a tomar su medicación habitual. Los primeros días de aplicación del catálogo había una aceptación relativa por parte de los pacientes, pero día a día fueron aumentando las protestas en las farmacias, porque los pacientes no querían que se les sustituyesen sus medicamentos, prefiriendo muchos de ellos llevar sus medicamentos habituales, aunque tuvieran que pagarlos. Incluso, algunos han pedido a los farmacéuticos hojas de firmas para protestar contra el catálogo.