El medicamento es fruto de su colaboración con la Universidad de Barcelona
Ha demostrado eficacia en el 75% de los pacientes con leucemia linfocítica crítica
rocío chiva
Madrid
Hace siete años la compañía biotecnológica Advancell compró los derechos de una molécula llamada acadesina, protagonista de la tesis doctoral de Clara Campàs, que por entonces realizaba su doctorado en la Universidad de Barcelona. A día de hoy, esta molécula se ha convertido en el “primer fármaco patentado por una universidad pública que llega a los ensayos de fase II con éxito”, tal y como explica su descubridora, coautora de la patente del fármaco y, además, vicepresidenta responsable de los programas clínicos de Advancell desde 2006, año en que fue contratada por esta compañía.
Pero ¿son frecuentes estas colaboraciones público-privadas? ¿Ha cambiado el modelo de I+D o es solamente una consecuencia directa de la crisis? Campàs asume que quizá la falta de financiación acelere el proceso, pero también cree que “las compañías farmacéuticas se han dado cuenta de que sus campañas de I+D no han sido para nada tan rentables como ellos imaginaban”.
Por eso, en base a su experiencia, considera que es bueno que las empresas aprovechen y hagan rentables los descubrimientos que se producen en las universidades porque, sin ese soporte y sin esa inversión final de las empresas para salir al mercado, “las ideas se quedarían muchas veces en un cajón de la universidad”.
Es aquí donde entran en juego las compañías biotecnológicas, como Advancell, que ha intentado llenar ese vacío entre el conocimiento más básico y el desarrollo farmacéutico industrial. “Nosotros nos dedicamos a buscar otras acadesinas, buscamos activamente en las universidades, en los centros tecnológicos...”, explica Campàs. Así fue como en 2004 esta compañía la descubrió a ella y a su tesis doctoral, en un acto llamado “Cena con los investigadores”, en el que la universidad “sentaba en la misma mesa a empresarios y gente de la universidad”, según cuenta la propia protagonista.
A raíz de esta cena comenzaron los estudios, la búsqueda de recursos y los resultados. Sobre este aspecto, cabe destacar que según los últimos ensayos clínicos, Acadra es capaz de reducir el tumor de hasta un 75 por ciento de los pacientes con leucemia linfocítica crítica, incluso en los que han presentado resistencia a otros tratamientos.
Parece que éste es el futuro. “Es difícil ahora que te den dinero para que tú solamente investigues en algo, sino que se fomenta la cooperación y la suma de esfuerzos entre compañías de ámbitos distintos”, afirma Campàs.