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La aportación de la innovación farmacéutica ha sido clave en la mejora de la salud humana

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Entre el 40 y el 50 por ciento de las ganancias de esperanza de vida en los últimos años se deben al uso de innovaciones farmacéuticas

El robusto engranaje investigador promovido a nivel internacional contra el VIH marcó el panorama sanitario global

| 2011-09-30T16:14:00+02:00 h |

Marta Dueñas

Madrid

Es algo innegable. Desde los inicios de la actividad farmacéutica, a principios del siglo XIX, esta industria ha vivido una constante y rápida evolución. Sus resultados han marcado el desarrollo de la salud y han ayudado al ser humano a vencer epidemias que se creían devastadoras, a mejorar la calidad de su salud e, incluso, a aumentar su esperanza de vida.

Según la OMS, entre 1990 y 2009 el ser humano había aumentado su esperanza de vida en cinco años. Un dato que refleja, además del impacto de otros factores socioeconómicos, el efecto de los avances terapéuticos conseguidos hasta la fecha. Y es que, la aportación de los medicamentos al incremento de la esperanza de vida ha sido cifrada según algunos estudios entre el 40 y el 50 por ciento del total de años de vida ganados.

Esta cifra se refiere a la totalidad de la población, pero la aportación de los medicamentos a la salud, la esperanza de vida y las vidas salvadas es, en algunas enfermedades, mucho más relevante.

VIH, el ejemplo

La aportación de la industria farmacéutica en la lucha contra las enfermedades se observa con claridad en el caso de VIH/ sida. Desde el diagnóstico de los primeros casos en 1981, la alarma mundial desató la puesta en marcha de un engranaje investigador internacional que luchaba contrarreloj contra la que fue “la primera epidemia de la sociedad moderna”, tal y como la califica José Alcamí, coordinador de la Red de Investigación de Sida del Instituto de Salud Carlos III.

En aquel momento, organismos de todo el mundo se pusieron en marcha para ganar la batalla al VIH. Así, nació un movimiento innovador que marcó el panorama investigador internacional y que vio en la industria farmacéutica su única posibilidad. A lo largo de los siguientes años, una constante colaboración público-privada y un esfuerzo inversor sin precedentes ha permitido el desarrollo de fármacos que han posibilitado que el VIH/sida haya pasado de ser una epidemia mortal a la enfermedad crónica que es hoy en día. En este camino, “la industria farmacéutica ha tenido un papel esencial. Sin esta aportación no tendríamos casi ningún fármaco y hoy tenemos 24 ó 25”, explica Alcamí.

Pero este, aunque significativo, no es el único caso. La innovación terapéutica llega a nuestra mano en forma de productos que, incluso, previenen las enfermedades, algunas de ellas con riesgo cierto de muerte hace unos pocos años. Es el caso de las vacunas que consiguen erradicar enfermedades mortales, como la viruela.

Pero no hay que ir tampoco tan atrás. Cuando en 2003 Novartis lanzó Glivec, la esperanza de vida de los pacientes con leucemia mieloide crónica (LMC) era de 3,5 años y ahora es de más de 20. Además, tal y como aseguró la semana pasada la ex ministra de Sanidad Ana Pastor, antes fallecían a causa de la LMC el 98 por ciento de los afectados y, ahora con Glivec, se salvan el 95 por ciento. Una muestra más del valor de los medicamentos.

Pero la aportación de la industria farmacéutica es clave también en la lucha contra otras enfermedades que afectan a la calidad o la cantidad de vida. Enfermedades como las neurológicas, las autoinmunes, cardiovasculares o infecciosas merecen, sin duda, un papel, digno de reconocimiento.

Estos hitos terapéuticos que, si bien son fruto de los grandes proyectos de investigación desarrollados por organismos de todo el mundo, se han materializado a través de un canal: la industria farmacéutica. Un sector que, según la patronal estadounidense de la industria farmacéutica innovadora (PhRMA), a cierre de 2009 tenía más de 6.700 compuestos en desarrollo en el mundo, frente a los cerca de 3.800 que poseía en 1997.