La oposición, liderada en el Congreso de los Diputados por Pepe Martínez Olmos, lo ha dicho bien claro: si el Gobierno quiere pacto y subcomisión, tendrá que debatir en el parlamento sus medidas urgentes como proyecto de ley. Jordi Faus lo aclara muy bien cuando se muestra partidario de una segunda o tercera lectura de un texto que es tan urgente en su contenido como en su propósito. Y es que los diputados tienen que convalidar un RDL que el Gobierno haya aprobado en Consejo de Ministros, como el 16/2012.
¿Para qué servirá que se debatan en el parlamento las medidas urgentes ya aprobadas? Por un lado, el RDL como tal no pasa por el Parlamento y se aprueba en Consejo de Ministros (y la urgencia justifica que se haga así) pero la revisión de los textos de dicha norma puede permitir que quien ostenta la mayoría parlamentaria (Partido Popular) facilite dos cosas necesarias. En primer lugar, un gesto de participación hacia el resto de partidos políticos. En segundo, subsanar no solo los errores de las urgencias, sino matizar el contenido, por ausencia o por poco específico, que sabemos todos que existe en un texto que no es perfecto, y que debería serlo. La complejidad del texto del RDL 16/2012 de medidas urgentes solo es pareja a las dudas e incertidumbres que ha ocasionado, pero puede subsanarse.
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