Tras varios reales decretos-ley que han desestabilizado las bases de la industria farmacéutica, la necesidad de un punto final a la situación se hace imprescindible. Hace algo más de tres años, Jesús Acebillo, presidente entonces de Farmaindustria, ofreció un ‘entendimiento’ al ex ministro de Sanidad Bernat Soria con el objetivo de normalizar el marco legislativo bajo el que se rige la industria. A cambio, se ofreció apoyo al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero para calmar las aguas de una incipiente crisis económica bajo tres pilares: mantener el empleo, aumentar la inversión en I+D+i e incrementar las exportaciones del sector para respaldar al PIB.
La historia vuelve a repetirse ahora entre los mismos protagonistas institucionales: Farmaindustria y Ministerio de Sanidad. Jordi Ramentol, actual presidente de la patronal, quiere proponer a la responsable de Sanidad, Ana Mato, que cambie la política de recortes continuos que se ha puesto en marcha en los últimos años por otra en la que se propongan “retos estratégicos” a la industria. Las bases de este posible acuerdo se parecen mucho a las expuestas hace tres años.
El sector farmacéutico representa el 21 por ciento de la I+D+i y exporta casi 10.000 millones de euros, siendo el sexto sector con más exportaciones. Por eso, Ramentol afirmó que preferiría sentarse en una mesa con responsables del Gobierno para ver cómo multiplicar estos números en vez de discutir, “ya que lo único que se consigue es abrir heridas que luego cuesta mucho cerrar”. La propuesta, por tanto, pasaría por alcanzar la cifra de 2.000 millones de euros al año en inversiones en I+D y alcanzar los 20.000 millones en el ámbito de las exportaciones.
Los datos del Ministerio de Industria sobre la evolución estructural del sector farmacéutico auguran que su esfuerzo deberá de ser grande para cumplir con ese nuevo objetivo. Desde 2005, la intensidad inversora ha perdido fuelle, hasta el punto de disminuir un 2,2 por ciento hasta 2010. Sin embargo, el dato de la cifra de negocio y la producción, con su consecuente volumen de exportaciones, es halagüeño. En los últimos once años, la balanza comercial ha reducido su déficit en un 22 por ciento, y el volumen de exportaciones ha sido el mayor responsable de esa corrección.
Pese a ello, los cambios legislativos han sido, en parte, culpables del deterioro del sector. Sin seguridad y certidumbre jurídica las dificultades para invertir se multiplican y, sin innovación, no puede haber un nivel de exportaciones rentable. El tiempo de incertidumbre es contraproducente para alcanzar este ‘entendimiento’. “Con el ministerio hay un diálogo fluido, pero no se ha dado la circunstancia para poder hablar tranquilamente de estas cuestiones de estrategia a medio y largo plazo, ya que estamos inmersos en medidas más corto plazo. A pesar de ello no lo descartamos, hemos escrito en su momento a las autoridades ofreciendo esta posibilidad y entendemos que cuando dispongan del tiempo suficiente nos llamarán”, admitió Ramentol.
Un empleo seguro y estable
Uno de los puntos fuertes que alberga el sector farmacéutico para lograr ese ‘entendimiento’ fue su compromiso con el empleo. En la primera década de este siglo los puestos de trabajo en la industria crecieron. De hecho, una de las promesas que realizó Acebillo a Soria fue mantener los 38.000 puestos de trabajo que existían en 2009 y, según se desprende de los datos del Ministerio de Industria, no solo cumplió, sino que la tendencia fue positiva, al menos hasta 2010. Sin embargo, las trabas que ha tenido que sortear la industria en los dos últimos años han hecho mella en el empleo, que hoy se resiente.
Para volver a la senda del crecimiento en puestos de trabajo es necesario que los decisores no continúen golpeando al sector con variaciones normativas que, además de cercenar el margen de beneficios de la industria, mantienen la inseguridad y la desconfianza para los inversores. Por ello, Ramentol se mostró convencido de que llegar a un acuerdo con el Gobierno “será posible con el consenso de todos”. Eso sí, el tiempo que transcurra entre la delicada actualidad y la llegada de un ‘entendimiento’ será clave para no desangrar a una industria que no vive su mejor momento.