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| viernes, 29 de junio de 2012 h |

El debate político que ha rodeado, y rodea, a la desfinanciación de medicamentos me produce estupefacción. Entre las falsedades intencionadas o no de unos y la demagogia de otros, mal vamos. Empezando por la ministra de Sanidad, Ana Mato, que cae en el mismo error que sus predecesores al calificar como de “baja utilidad terapéutica” los medicamentos desfinanciados para minimizar su importancia y siguiendo por los políticos de la oposición que son incapaces de reconocer que el sistema no se sostiene con el nivel de prestaciones históricas que ha tenido y que es necesario recortar, como ellos hicieron y hacen. Aquí se monta un guirigay tremendo porque se desfinancia un laxante y, por el contrario, nadie protesta porque se esté limitando gravemente el acceso a medicamentos innovadores oncológicos, anticoagulantes, antihepatitis C o antiVIH.

Nos falta dinero hasta para lo imprescindible. Por eso, no entiendo que Mato no diga las cosas como son. Si no se explica que se quita la financiación pública a medicamentos valiosos porque están indicados en patologías leves y que de ese modo se logra incrementar la financiación de medicamentos para enfermedades más graves, se está engañando a los ciudadanos. Porque no es cierto, como algunos representantes del PP han dicho que queden financiados otros medicamentos con mejor efecto para esas mismas patologías leves.

Los ciudadanos deben entender, y lo harían si se les explicara porque son adultos, que es algo normal y lógico que algunos medicamentos se los tengan que pagar de sus bolsillos, igual que hacen con la comida, la luz o los cafés. De este modo, la desfinanciación dejaría de ser traumática como sucede ahora.

@JoseMLAlemany en Twitter