Si hay que aplicar recortes que se apliquen ya porque toda demora obligará a agigantarlos en el futuro
¿Qué gran compañía farmacéutica ha formalizado su retorno a Farmaindustria?
¿Qué laboratorio que se marchó al grupo inglés de Farmaindustria ha retornado al grupo mixto? ¿Qué personaje de gran peso en el sector farmacéutico español ha propiciado hábilmente este movimiento?
¿Está vinculada la llegada de Jaume Pey a Anefp con la reestructuración de Zambón?
¿Qué posible nombramiento en el consejo asesor del ministerio está suscitando gran enfado entre los sanitarios del PP? ¿Tiene el elegido un pasado y un presente turbio, como se está diciendo?
La situación es crítica. Más bien, dramática. La deuda del Estado está disparada; la de comunidades como Cataluña bate incluso todos los récords históricos, con 43.954 millones de euros de agujero, el paro se desboca, el consumo cae en picado, existen serias dudas de que España vaya a cumplir el objetivo de déficit y la Administración, tan espléndida siempre, va a tener que echar mano del fondo de reserva para pagar las pensiones. Se puede decir más alto, pero no más claro: o se hace algo ya, o la confluencia de estos y otros factores hará que la Sanidad reviente por todos los costados entre la estulticia de los partidos y las inexplicables miradas al ombligo de los agentes del sector. Llega la hora de tener altura de miras, de aplicar una cirugía de hierro y de mostrar capacidad de resistencia para resurgir de las cenizas cuando el temporal amaine y la economía vuelva a crecer.
Desde este punto de vista, es inadmisible y casi hasta punible que unos políticos cortos de entendederas se pongan ahora a constituir una subcomisión para perder el tiempo y decir al cabo de meses lo mismo que han dicho todas las creadas hasta la fecha: naderías. Señores diputados, a ver si se enteran: la Sanidad no puede perder más tiempo en maniobras dilatorias, en comparecencias estériles ni en la emisión de informes vacuos repletos de banalidades. Déjense de gaitas y legislen ya, que para eso se les paga. Es inadmisible, igualmente, que con la que está cayendo, y en medio de un chaparrón que afecta por igual a la Administración central y a las comunidades, varias de ellas al borde del bono basura, el Ministerio de Sanidad y las consejerías no hayan celebrado todavía una cumbre definitiva en el seno del Consejo Interterritorial para consensuar, al margen de partidismos y sandeces el plan de salvación del hundido Sistema Nacional de Salud. Un plan inmediato que reduzca toda la estructura superflua de la Administración, elimine duplicidades, chóferes, asesores, directivos y ‘sujetamaletines’. Un plan que imponga nuevos sacrificios al sector bajo el entendido de que todos los que se apliquen ahora se ahorrarán después. Un plan, en definitiva, que permita salvar los restos que aún quedan de un modelo que perece por la crítica situación económica y el letargo de los que dicen defenderlo. Si es menester aplicar recortes, que se apliquen, porque toda demora obligará a agigantarlos en el futuro.
Y es inadmisible también que muchas compañías y estructuras privadas ajenas a la Administración pública aprovechen en estos momentos la coyuntura para despedir a empleados, proyectar su salida de España o expresar lamentos públicos porque su cuenta de resultados no arroja varios ceros de más. Alguien del Gobierno debería explicar a las empresas que las que aguanten ahora estos tiempos duros recibirán más adelante recompensa, y que no vale abandonar el barco en esta época de lluvia, después de años de vacas gordas y de opulencia, cuando el gasto farmacéutico crecía por encima del PIB nominal y el hospitalario batía todos los récords. La cosecha del pasado debe servir de colchón para el presente y de semilla para el futuro.