Cuando las administraciones sanitarias comunican a boticarios y resto de profesionales sanitarios situaciones de desabastecimiento de fármacos, son varias las alternativas que se proponen: recurrir a los Servicios de Medicamentos Extranjeros, sustituir el tratamiento por otro semejante, limitar la prescripción a pacientes que reúnan unas determinadas condiciones... Pero, ¿por qué no se incluyen dentro de estas alternativas la elaboración de dicho medicamento mediante formulación magistral? Esta es la pregunta que se hace el colectivo de farmacéuticos formulistas nacionales y sobre la que se debatió en profundidad en una jornada científica organizada recientemente en Madrid por la Asociación Española de Farmacéuticos Formulistas (AEFF).
En opinión de José Antonio Sánchez-Brunete, farmacéutico especialista en Farmacia Industrial y Galénica y ponente en esta jornada, “que no se contemple esta opción denotaría falta de confianza de la administración en todo aquel medicamento que no haya sido elaborado industrialmente”. También es posible que exista temor a que una posible recomendación generalizada “pueda contradecir el papel de medicamento individualizado que le confiere la legislación a la formulación magistral”, concreta. Sea cual sea la razón, para Sánchez-Brunete es un error no valorar esta posibilidad “que beneficiaría tanto a pacientes, como a profesionales y Administración”.
“Todos ganan”
Según recuerda el colectivo de farmacéuticos formulistas, serían los pacientes los máximos beneficiarios de potenciar esta alternativa ante el desabastecimiento puntual de especialidades farmacéuticas. Aunque una de las estrategias más habituales de la Agencia del Medicamento (EMA) es recurrir a la importación del fármaco desde otros países para su dispensación excepcional en los denominados Servicios de Medicamentos Extranjeros, “esto supone al paciente desplazamientos costosos y molestias que al final repercute en mayor riesgos de incumplimiento”, indican desde AEFF. Por ello, la alternativa “más accesible” para el paciente sería recurrir a la formulación magistral, una práctica disponible en todas las boticas (por elaboración directa o por terceros).
Las ventajas para la Administración también son evidentes, ya que amplía su abanico de opciones ante una situación de desabastecimiento y le supondría un ahorro de costes al no tener que recurrir a la importación. La tercera parte implicada, los profesionales formulistas de farmacia y hospital, “también verían potenciada su actividad profesional”, tal y como afirma Sánchez-Brunete.
Competencia desleal
En la jornada científica organizada por AEFF también se debatieron otros asuntos que preocupan a este colectivo, como es el caso del papel de los colegios farmacéuticos como elaboradores a terceros de fórmulas magistrales. Sobre este aspecto, esta asociación entiende que “los estatutos de los colegios no reflejan la posibilidad de realizar una competencia directa a sus colegiados con oficina de farmacia, por lo que la venta de este tipo de medicamentos es desleal y de dudosa legalidad”.
Su presidente, Martín Muñoz, va más allá al recordar que “las cuotas obligatorias de colegiación no pueden utilizarse para la creación de empresas que compitan directamente con las boticas”. Por ello, se solicita a los colegios que abandonen esta vía y opten por potenciar esta área “a través de cursos, controles de calidad e información profesional”, dicen.