Cataluña empezó la semana pasada a hacer efectivo el cobro de la deuda acumulada a raíz del establecimiento del nuevo copago estatal por los medicamentos adquiridos por sus ciudadanos durante el pasado mes de julio. Antoni Gilabert, gerente de Atención Farmacéutica del CatSalut, abordó para EG esta y otras cuestiones.
Pregunta. ¿Qué primeras cifras ofrece la liquidación diferida?
Respuesta. Para julio, la deuda media pendiente por cada ciudadano era de 3,8 euros. Es decir, 1,5 millones de personas que dejaron de abonar 5,8 millones de euros. Con esta medida evitamos que 245.000 pensionistas hayan tenido que avanzar 2,5 millones de euros.
P. ¿Cómo se ha implementado el cobro diferido?
R. La farmacia lo ve cuando el paciente pasa su tarjeta sanitaria. El ciudadano abona la cantidad y se le entrega una hoja de liquidación. Es algo que va implícito en el precio, no es un nuevo impuesto.
P. ¿Incidencias?
R. Ninguna. La única, la dificultad de comenzar una cosa nueva y tener que explicar las cosas.
P. Desde Fefac se dijo que la población no fue bien informada.
R. Se ha informado más que suficientemente. Desde julio, los ciudadanos han podido ver en los tiques de sus medicamentos que la compra estaba sometida a nuevos cálculos, pero que para calcular sus límites y no generar problemas de exceso de aportación lo íbamos a liquidar en diferido. También informamos en ruedas de prensa. Información se ha dado, aunque cuando al hacerlo efectivo es cuando se debe dedicar el tiempo necesario en la farmacia.
P. ¿Cómo valora el trabajo de los farmacéuticos?
R. Han hecho un trabajo excelente de información. Era una labor que requiere paciencia y esfuerzo, y lo han hecho muy bien.
P. Han vuelto a criticar que las decisiones políticas les convierte en burócratas. ¿Cómo es la relación entre CatSalut y colegios?
R. Hemos pasado dificultades, pero la relación es excelente. Aunque no hemos olvidado la faceta profesional, no es agradable tener que estar durante tanto tiempo hablando de temas tipo burocrático, de pagos, de cobros o de liquidaciones, en lugar de hablar de cumplimiento terapéutico y de información al ciudadano. No es agradable pero los colegios han asumido esta parte ingrata.
P. ¿Y el farmacéutico de a pie?
R. No han tenido más remedio que hacer este esfuerzo, pero ha dado por resultado que las cosas funcionen y que el ciudadano tenga el mínimo problema posible. Esto nos ha reforzado como equipo. Las boticas se posicionan como una red extraordinaria que trabaja conjuntamente y de forma colaborativa con la consejería.
P. ¿Han establecido ya los mecanismos para solucionar la incongruencia generada por la ‘doble imposición’ que hace que 300 medicamentos sean más caros de adquirir con receta que sin ella?
R. No. Primero porque es marginal, son pocos medicamentos y con poco consumo. En segundo lugar, porque está pendiente de la evaluación del euro por receta, que se resolverá a final de año.
P. ¿Cómo valora la iniciativa de los médicos catalanes para eludir el euro por receta?
R. Ni bien ni mal. Nosotros decimos que la tasa no es un fin en sí misma. Es un medio para buscar la corresponsabilidad en el uso de los fármacos. Si eso pasa por utilizar cajas más pequeñas siempre que sea posible, ese es un buen resultado de la medida.
P. ¿Cómo defienden la introducción de equivalentes terapéuticos en los concursos del Consorcio de Salud y Social junto con los hospitales asociados?
R. Farmaindustria presentó un recurso administrativo que ha sido resuelto positivamente. En nuestro caso, entendemos que el concepto científico de equivalencia terapéutica se confunde con otro aspecto, derivado de una perspectiva de compra. Cuando un hospital o un grupo de hospitales tienen que comprar una serie de medicamentos, hay una serie de ellos que no son estrictamente iguales, pero que tienen un resultado similar. Entendemos que hacer compras agrupando equivalencias alternativas ofrece lo que en definitiva estás buscando: una alternativa terapéutica, no veinte.
P. ¿Tienen una estimación del ahorro para esta iniciativa?
R. No hay estimación de ahorro. Solo lo hacemos por política de uso racional y para, entre otras cosas, protocolizar el uso de fármacos en los hospitales.
P. ¿Con qué otras medidas atajan el gasto hospitalario?
R. Lo importante no es tanto qué poner o no sino cómo, para lo que hemos puesto en marcha el programa armonización de tratamientos farmacoterapéuticos; con qué laboratorio, motivo por el que estamos abundando en los contratos de riesgo compartido; y cómo medimos si este tratamiento ha sido efectivo y cuál ha sido la inversión recuperada, para lo cual estamos llevando a cabo registros de tratamientos. La única forma de dejar de hablar de gasto y hablar de inversión es teniendo resultados en salud.
P. ¿Tienen motivos los farmacéuticos catalanes para estar preocupados por los impagos?
R. Hay motivos de preocupación por la liquidez, sobre todo por nuestra parte. Pero la Sanidad de Cataluña tiene el compromiso de pagar a sus proveedores.