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Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’ | viernes, 19 de octubre de 2012 h |

Creo que hay que liderar el cambio y aplicar medicinas duras, porque si no el enfermo estará muerto

¿Qué CEO de un laboratorio ha dado orden de apostar por el silencio y dar un apagón a su política informativa?

¿Se producirá un efecto dominó con las fundaciones de los laboratorios si una de ellas echa el cierre?

¿Qué gol por toda la escuadra le metió un colectivo profesional a otro con el nombramiento de un alto cargo en el Ministerio de Sanidad?

¿Quién nutre a José Ignacio Echániz y a su dircom Augusto González Pradillo de una excelente información sobre lo que ocurre en el periodismo sanitario? ¿Qué supieron ellos los primeros antes que nadie?

Ana Mato, José Ignacio Echániz y el resto de próceres sanitarios del PP han de hacer un alto en el camino, reunirse con carácter de urgencia y elaborar un plan de rescate con mayúsculas para el SNS. Lo hecho hasta ahora está bien. Se han tapado agujeros y se ha dado alivio a las comunidades. Pero no es bastante. Ni la Administración central puede improvisar cada seis meses líneas de crédito para que los proveedores cobren, ni es de recibo que con un gasto general creciente, las autonomías elaboren presupuestos ficticios para que luego se produzcan desfases que terminen convirtiéndose en verdaderas bolas de nieve. Huelga decir que dicho plan debe frenar por sí mismo los ánimos intervencionistas de la troika en caso de que España termine pidiendo ayuda financiera a la UE y al FMI, y que tiene que relegar a un segundo plano todas las maniobras dilatorias y artificiosas que se han desplegado hasta ahora. La Sanidad no está para endosar a ningún consejo asesor decisiones tardías como la de la píldora del día después, ni para convocar plenos del Consejo Interterritorial faltos de asuntos de verdadero calado, ni para aburrir al sector en comparecencias estériles en subcomisiones que no apartan nada. Como la situación es crítica, hay que innovar y adoptar decisiones duras, aunque desgasten políticamente. Y habrá que explicar a los ciudadanos por qué se toman. Sin pedagogía no habrá reforma, y sin esta el SNS morirá víctima de su deuda y de la cobardía de sus dirigentes. Y el PSOE tendrá que arrimar el hombro, porque dejaron una deuda de 16.000 millones en los cajones y no tiene legitimidad para vender motos ni erigirse en defensor de nada. Si la situación está como está, es esencialmente porque no introdujeron reformas mientras estaba a tiempo de hacerlas.

¿Qué han de hacer los próceres sanitarios del PP? Como no hay dinero para nada, tiene que acordar ya con la mayoría de los partidos del arco parlamentario alguna forma de copago que permita incrementar los ingresos del sistema: si los ciudadanos pagan la comida en sus domicilios, ¿por qué no pueden abonar uno o dos euros por la que ingieren en los hospitales? Sumen ingresos y estancias en todo el país y verán que el SNS obtendrá una buena inyección económica por esta vía. También debería atender a las peticiones de la Generalitat catalana y sopesar el copago en consultas y urgencias. Un euro, cincuenta céntimos, algo simbólico. Pero algo que disuada la mala utilización de los recursos. O esto, o no habrá sistema. Se echa en falta una verdadera cumbre autonómica sanitaria. Acuciadas como están todas las administraciones por la deuda, urge alcanzar un acuerdo histórico como el que se suscribió en su día en materia de pensiones. Hay que liderar el cambio y aplicar medicinas duras, porque si no el enfermo estará muerto. Se trata, en definitiva, de trazar una hoja de ruta que elimine, además, burocracia y gasto superfluo. Si hay que cambiar las leyes y el modelo de gestión, y perseguir penalmente al gestor irresponsable, que se haga, pero la Sanidad no puede seguir así mucho más tiempo.