González encontrará todo tipo de obstáculos por parte de un importante núcleo de la dirección nacional
¿Qué empresa está urdiendo en secreto una moción de censura contra Rosa Fuster para desplazarla de la presidencia del Colegio de Médicos de Valencia? ¿Qué fines hay tras de esta operación?
¿Con quién se puso Pilar Farjas hecha una hidra por teléfono cuando se enteró del plan del un euro por receta en Madrid?
¿Cómo es posible que el ministerio considerase como una simple tasa que no rompía la cohesión el euro por receta de Cataluña, y ahora lo tilde de inconstitucional en Madrid?
¿Qué CEO de un laboratorio ha comunicado a su matriz que varias autonomías no le pagarán parte de los fármacos hospitalarios hasta dentro de seis meses?
La Comunidad de Madrid es uno de los territorios que mejor está aguantando la crisis en España. Frente la fuga de capitales y la paralización de la actividad que se registra en la mayor parte del país, resiste los avatares económicos y sigue siendo un importante polo de atracción para empresas e industrias. En Sanidad, arroja también una hoja de servicios inmejorable. Médicos punteros pueblan sus hospitales; las mejores notas MIR eligen sus centros para completar su residencia; las farmacias cobran; la población disfruta de dispositivos especializados en zonas donde antes solo había eriales. Pese a todo, ahora está en el centro del huracán. Su plan de ajustes sanitarios, con el que pretende conseguir gran parte del estricto objetivo de déficit que exige Europa para el próximo año, la ha situado en el disparadero de toda la izquierda... Y de gran parte de la derecha. Lo primero era Previsible. El partido que la gobierna tiene todas las papeletas para mantenerse al frente de la Administración Central durante años, de ahí la insistencia permanente en arremeter contra el Ejecutivo de Ignacio González por parte de Tomás Gómez, al que no parecen afectarle las humillaciones que ha recibido en todas las elecciones a las que ha concurrido. Resulta normal también que, al hilo de estos recortes, asociaciones movidas con torpeza por el PSOE de Madrid se echen a la calle, y que otras organizaciones nacionales salgan incluso del armario para posicionarse en contra. Curioso que no les guste el plan de Madrid, y callen de forma cómplice ante lo que ocurre en Andalucía, lo que sucedía en Castilla-La Mancha y el estado en el que dejó Cataluña el tripartito del socialista José Montilla.
En este maremágnum de diatribas contra los supuestos planes privatizadores de González, se ha colado también la derecha. A la comunidad le pasa factura el histórico congreso del PP de Valencia, y el rechazo manifiesto de varios de sus dirigentes a que Mariano Rajoy siguiera al frente del partido. Como en política el boomerang siempre vuelve, el nuevo presidente de la comunidad va a encontrar todo tipo de obstáculos en el camino por parte de un importante núcleo de la dirección nacional. Sintomático de este enfrentamiento soterrado que existe entre ambas direcciones fue el hecho de que ni Ana Mato ni José Ignacio Echániz tuvieran conocimiento alguno previo del plan de reformas minutos antes de que este se presentara. Llamativo también fue el enfado de ambos y los movimientos de Pilar Farjas. El eco de sus exabruptos contra el consejero madrileño y su presidente aún resuenan en los pasillos del edificio ministerial en el Paseo del Prado. Pese a esta doble pinza, los dirigentes regionales no se van a arrugar. Más allá del dislate cometido con el Hospital de La Princesa, y del roce innecesario con los médicos, el plan es lógico y seguirá hacia adelante. Habrá retoques en los dos aspectos mencionados, pero el grueso se mantendrá. Apunten este dato: no es descartable que a la vuelta de unos meses, otros feudos se sumen ante su imposibilidad manifiesta de cumplir el objetivo de déficit.