Nacidos con la vocación de reguladores del mercado y bajo el dogma de democratizar el acceso a los medicamentos, los fármacos genéricos aterrizaron en el mercado español a finales del siglo XX ante el recelo de una parte de la sociedad científica. No hubo pocas barreras que sortear, pero el sector que era consciente de su necesidad para el sistema sanitario y trabajó para imponerse a las diversas adversidades hasta que, doce años después, ha conseguido que cuatro de cada diez medicamentos que se dispensan sean genéricos.
Pero su historia no ha sido sencilla. En 1996 aún no existía en España un marco legal que permitiese el registro y comercialización de estos fármacos, circunstancia que se palió a finales de ese año con una modificación de la Ley del Medicamento. Un lustro después, en 2001, puede fecharse su odisea en el mercado español. El aterrizaje comenzó con un 4 por ciento, tanto en unidades y valores, si bien esta sintonía entre ambas variables iría evolucionando hacia una diferencia entre ambas que hoy alcanza un 22 por ciento.
Los siguientes años estuvieron marcados por un crecimiento menor al que se podía aspirar pero que, dada la escasa cultura sobre el genérico, fue plausible. En 2005, las unidades de genéricos dispensadas en España ya triplicaban aquellos datos neófitos de principios de siglo. A pesar del crecimiento experimentado, el sector continuaba su batalla consciente de que, por aquel año, el pastel al que aspiraban, las moléculas que habían perdido la patente, se situaba en torno al 50 por ciento.
Los cuatro siguientes años, desde 2006 a 2009, estuvieron marcado por un frenazo en seco del mercado medido por valores. Si en 2006 la cifra se encontraba en un 8 por ciento, a finales de 2009 solo creció un punto porcentual. Sin embargo, esta agravada ralentización en valores colisionaba con el continuo crecimiento en unidades que experimentaba el sector. Si bien una primera lectura afirma que el papel de reguladores del mercado estaba surtiendo efecto, también es cierto que el yugo de los precios que sufrían estaba asfixiando su viabilidad futura.
A partir de 2010 y, sobre todo, en los años siguientes hasta hoy, se ha podido comprobar una apuesta de la administración por los genéricos que, sin embargo, no ha conseguido paliar algunas de las demandas del sector. La llegada del RDL 9/2011, que eliminó la discriminación positiva frente al producto de referencia a igualdad de precio, truncó en gran medida las aspiraciones de crecimiento que preveían las compañías con la pérdida de algunas moléculas blockbusters como el valsartan o la olanzapina.
Posteriormente, y en la fase más cruda de la crisis económica, los recortes en el gasto farmacéutico hicieron un guiño ambiguo al genérico con el RDL 16/2012. Volvió la prevalencia sobre la marca pero también aparecieron medidas como el precio más bajo que fomentaron la diferencia entre el análisis del mercado por unidades y valores. Además, esta última medida, que permite igualar los precios entre genérico y marca cada mes coarta, de cierta forma, el espacio temporal para que una nueva presentación se haga hueco en el mercado.
Actualmente, en septiembre de 2013, las unidades de genéricos alcanzan un 41 por ciento del mercado con un mercado potencial del 73 por ciento. Sin embargo, los valores ni siquiera alcanzan un 20 por ciento, menos de la mitad.