Pregunta. Tú eliges el trato. ¿Farmacéutica y pintora o viceversa?
Respuesta. Es difícil elegir entre papá y mamá. Si atendemos al orden cronológico, primero he sido farmacéutica. No obstante, ahora soy más pintora.
P. En 2002 pasaste de coger recetas a coger también el pincel. ¿Tan mal pintaba el futuro?
R. En aquellos momentos la farmacia aún iba bien, pero tenía necesidad de ir un paso más allá en mi afición. Hasta entonces me limitaba a visitar museos y galerías y, tras conocer a Fernando Alea, comencé la etapa como autora. También fue clave mi entrada por sorteo en la Escuela de Artes y Oficios de Vigo.
P. Seguiste con la bata blanca puesta...
R. ¡No! Para pintar utilizo una de color gris. Por cómoda, no por el color.
P. Cuando inauguraste en 2010 tu primera exposición, ¿la sensación fue parecida a la de abrir una botica?
R. Son momentos distintos. Exponer una colección es fruto de un trabajo que ha dependido solo de mí. A mi gusto. Aunque abrir una botica también es satisfactorio y la recompensa a años de estudio, dentro de ella tienes que ceñirte a unos patrones comunes, menos personales.
P. Tu segunda exposición se tituló ‘Evoluciones’. ¿Por dónde van las tuyas en las artes plásticas?
R. No sigo un camino muy claro. Pinto por sensaciones. Me puede impresionar tanto un árbol como el sentimiento de una persona que no conozca.
P. La tercera y, hasta ahora, última: ‘Rojo, verde y...’. ¿Me lo completas?
R. Es un título abierto. Prefiero que, tras contemplar la exposición, sea cada visitante quien le añada su palabra.
P. Si asociamos el rojo al peligro, ¿dónde ves este color en la farmacia?
R. Para mí es sinónimo de lucha o triunfo. Por tanto, lo asocio al reto del farmacéutico de conseguir resultados ante las enfermedades de sus pacientes.
P. Y ahora me dirás que el verde no lo asocias a esperanza, ¿verdad?
R. Tampoco. Lo asocio a la serenidad, a la que debe mostrar el farmacéutico al otro lado del mostrador.
P. Has pasado de exponerte en ese mostrador a exponer. Ahora bien, ¿a qué no te expondrías?
R. Creo que suelo exponerme bastante. Tengo una curiosidad innata por experimentar, y eso me hace que no me esconda nunca.
P. En la botica, ¿hiciste muchas cosas por amor al arte?
R. Sí, por supuesto. Pero también otras muchas por amor a la profesión, como presidir la patronal farmacéutica gallega. Fue un periodo duro, pero me siento orgullosa de la entrega que tuve.
P. ¿Tu futuro se tiñe de blanco o gris?
R. Creo que seguirá pasando por el gris.
Poco a poco, la pintura ha ido ganado peso en la vida de Amparo Salgueiro (Nigrán, Pontevedra) y comiendo terreno a su condición de farmacéutica. Tras años compaginando esta afición con la titularidad de una botica en el municipio que le vio nacer y que también vio ejercer a su padre y bisabuelo, en 2011 optó por su venta para dedicarse en exclusiva al oficio al que le introdujeron maestros como Fernando Altea y Antón Pulido. La Fundación Cofares colabora en la difusión de su tercera exposición individual ‘Rojo, verde y...’, que puede visitarse hasta el 13 de abril en Nuevo Espacio Cofares (Santa Engracia, 31, Madrid). Como guiño a esta distribuidora, quien también fue presidenta de la Federación de Empresarios Farmacéuticos de Galicia (Fefga) cree que “tanto el arte y el medicamento deben llegar a la mayor población posible”.