De 4 al 6 de junio, la Organización Internacional de Farmacéuticos Iberolatinoamericanos (OFIL) celebró en Asunción (Paraguay) su XVI congreso internacional. En este evento también se produjo el relevo en la presidencia, que ahora asume el español Mariano Madurga, santo y seña de la farmacovigilancia.
Pregunta. ¿Qué principales conclusiones se han extraído en Asunción para el futuro de las relaciones entre la farmacia ibérica y latina?
Respuesta. Hay que entender la diversidad que nos une: modelos distintos de asistencia farmacéutica tanto pública como privada. Comenzando por los planes de estudio, ya que no hay uniformidad ni tan siquiera en la titulación final. El químico-farmacéutico (QF) o incluso el químico-farmacéutico-biólogo (QFB) sigue existiendo en muchos países latinoamericanos. Sin embargo, el futuro avanza hacía el mismo camino: servir de garantes del uso seguro de los medicamentos para optimizar la seguridad.
P. ¿Qué fortalezas presenta la farmacia española en la comparativa con Latinoamérica?
R. El desarrollo en España de la Farmacia Hospitalaria (FH) como especialización, así como de la Atención Farmacéutica (AF) está teniendo un eco importante al otro lado del Atlántico.
P. Ese concepto de AF, ¿también se maneja al otro lado del Atlántico?
R. Solo a nivel básico. Aún no se ha implantado en los planes de estudio.
P. El lema del XVI congreso de OFIL fue ‘La seguridad del paciente: una tarea multidisciplinar’. ¿Un reto para la farmacia de cualquier país?
R. El cambio del farmacéutico es reenfocar el problema de la seguridad del paciente, en vez de preocuparse del medicamento aisladamente. Será en la resolución de los problemas farmacoterapéuticos donde este profesional deberá encontrar su aportación a la sociedad. Esto lo realizará independientemente del sistema en el que se estructure. Será más o menos difícil, pero siempre posible y en colaboración con todos los profesionales sanitarios de cualquier ámbito asistencial.
P. En el congreso, usted presentó cómo funciona el sistema de farmacovigilancia español, en el que también se implican las boticas. ¿También ocurre así en las farmacias latinas?
R. El modelo de farmacia comunitaria en Iberoamérica es diferente al que conocemos en España. No existe la planificación en su distribución geográfica, no existen exigencias sanitarias y de profesionalidad en la gestión y administración de esta tarea. Todo ello hace que la similitud diste mucho del modelo español.