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Almirall ve riesgos en respiratorio y se aferra a su potencial en dermatología

La venta de los derechos de aclidinio y su combinación con formoterol suponen el inicio de una transición estratégica hacia la dermatología como vector de crecimiento.

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FRANCISCO ROSA Madrid | viernes, 29 de agosto de 2014 h |

La farmacéutica española Almirall cerró el pasado 30 de julio el acuerdo comercial más importante de los que ha afectado al grupo de compañías de capital nacional. Este incluye la venta a AstraZeneca (AZ) de los derechos de franquicia de sus principales compuestos en el área de respiratorio (aclidino y la combinación de este con formoterol, que ya se ha presentado a registro en Europa y sigue desarrollándose en Estados Unidos), por un montante cercano a los 2.100 millones de dólares. Concretamente, la empresa anglosueca se ha comprometido a la realización de un pago inicial de 875 millones de dólares, que podrían complementarse con hasta 1.220 millones adicionales en función de la consecución de hitos de desarrollo, regulatorios y de comercialización. Almirall ha reconocido que la operación obedece a la necesidad de reducir riesgos para consolidar su rentabilidad y poder reforzar su apuesta fuerte por un área en la que sigue abriéndose campo, como es la dermatología.

En cuanto al resto de términos del acuerdo, cabe señalar que este incluye la cesión de los derechos de desarrollo de las moléculas que Almirall tiene en investigación en esta área (LAS100977 en fase II, LAS1911351 en preclínica y LAS190792 en fase II, principalmente), aunque ambas compañías colaborarán en el caso de algunos de estos compuestos y otros que están en fase preclínica. La firma española también transferirá Almirall Sofotec, especializada en el desarrollo de inhaladores, y parte de la plantilla del área de respiratorio pasará a nutrir la estructura de AZ. Sin embargo, Almirall seguirá siendo la encargada de la producción de algunos fármacos, como aclidinio, y, como dijo el presidente de la compañía, Jorge Gallardo, “continuará beneficiándose a largo plazo del potencial de esos productos”, mediante el cobro de royalties.

Pese a ello, lo que está claro es que el laboratorio de la familia Gallardo se desprende del grueso de una unidad que, a día de hoy, genera la mayor parte de su facturación, como puede observarse en los datos correspondientes al primer trimestre del año. En total, su cifra de negocio ascendió a los 402 millones de euros durante este periodo, un 17,4 por ciento más que en los primeros seis meses de 2013, de los que el área de respiratorio generó un total de 123 millones (en torno al 30 por ciento de la facturación total), con un crecimiento del 13,6 por ciento frente al primer semestre del año anterior. A pesar de ello, hay que tener en cuenta que el acuerdo excluye productos maduros en esta área como Ebastel (ebastina) o Plusvent (salmeterol y fluticasona), que aunque ven paulatinamente caer sus ventas siguen generando un importante flujo de caja para financiar otras actividades.

Así, vista la importancia que ha jugado hasta ahora la división respiratoria, y el peso que han tenido sus productos en la expansión de la compañía, parecen precisarse argumentos muy sólidos para explicar la operación, y parece que Almirall los tiene. En este sentido, Gallardo aludió, en primer lugar, a la necesidad de “maximizar el valor de los activos”, de modo que esto repercuta en los accionistas, así como “reducir riesgos”. Con esta transacción, los riesgos de introducción y comercialización de aclidinio y su combinación con formoterol se transfieren a AstraZeneca, que a buen seguro sabrá optimizar el potencial de unas innovaciones que completan su portfolio en esta área. Por su parte, Almirall recibe una importante inyección de capital con la que podrá “evolucionar hacia un modelo de compañía farmacéutica especialista global”. Concretamente, parece que la apuesta más clara a nivel estratégico es por la dermatología, que es vista por el máximo representante del laboratorio como un “vector clave de crecimiento”.

Apuesta por la dermatología

En este sentido, merece la pena destacar la buena evolución presentada por esta unidad en el primer semestre de 2014, con un crecimiento de su facturación del 63,9 por ciento, al pasar de los 66,3 millones de euros a los 108,7 millones. Esta tendencia al alza ha sido especialmente significativa en fármacos clave como Solaraze (diclofenaco sódico), o Decoderm (flupredniden), con aumentos en sus ventas del 15,2 y 17,9 por ciento, respectivamente.

Asimismo, es preciso poner el foco en los productos derivados de la compra de la americana Aqua Pharmaceuticals (por la que Almirall pagó unos 327 millones de dólares), con compuestos como Monodox (doxiciclina) o Cordram (flurandrenolida), cuyas ventas ascendieron a 19,1 y 9,8 millones en los primeros seis meses del presente ejercicio. Además de estos productos, el portfolio de Aqua se compone de Fluoroplex (fluoracil), Xolegel (ketoconazol) y Verdeso (desonida), cuyos datos no han sido desglosados. Por su parte, cabe destacar que la propia Almirall cuenta con otros activos como Actikeral (flourouracilo y ácido salicílico), para la queratosis actínica, que ya ha sido lanzado en España, e investiga con LAS41004 (fase II) y LAS41008 (fase II), un tópico y un oral para la psoriasis.

Asimismo, para poner en contexto esta apuesta por la dermatología, cabe destacar algunos movimientos previos realizados por la compañía. Concretamente, en julio de 2007 se lanzó a la compra de la alemana Hermal, por unos 367 millones de euros. Posteriormente, en diciembre de 2007, la firma con sede en Barcelona adquirió ocho productos, con su red de ventas, a Shire, por 151 millones. Solaraze (diclofenaco sódico) estaba entre ellos.