No cabe duda que, sin el apoyo de las Administraciones sanitarias, las buenas intenciones de la farmacia comunitaria por ampliar su rol asistencial y convertirse en protagonista en el nuevo espacio sociosanitario (envejecimiento y cronicidad) corre el riesgo de quedarse en eso, en “buenas intenciones”. Si bien las respuestas a este ofrecimiento provenientes del otro extremo son, por norma general positivas, a veces pecan de cierto vacío de contenido. Una especie de “sí, pero déjalo estar” que acaba sin traducirse en hechos concretos.
Por eso, es lógico que la profesión celebre toda afirmación contundente en este campo por parte de una autoridad sanitaria. Como la pronunciada por César Antón Beltrán, director general del Imserso, organismo del Ministerio de Sanidad, en un reciente seminario profesional organizado por Cofares, donde se mostró partidario de que las boticas “asuman un papel mayor en las nuevas necesidades de la población”, apostando expresamente para ello que “realicen atención farmacéutica (AF) domiciliaria”. Unas manifestaciones que comparte el sector. Por ejemplo, Adela Martín, vocal de la junta directiva de la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (Sefac) cree que “el modelo en el cual los familiares cuidaban de sus dependientes está llegando a su fin”.
Para Martín, ello “va a abocar a los políticos a actuar si quieren que la sanidad y lo sociosanitario sigan siendo sostenibles” y, en consecuencia, no duda que “el papel de un profesional cercano como el farmacéutico comunitario el barrio se va a volver más importante”. ¿Es por tanto necesario que se impulsen servicios como la AF domiciliaria? “Claramente sí”, estima.
Por qué y cómo
El director general del Imserso comparte con la vocal de Sefac el por qué de la necesidad de la AF domiciliaria: “es uno de los elementos que más impacto va a tener en la eficiencia de los sistemas social y sanitario”. “El conocimiento que tiene el farmacéutico del entorno del ciudadano, no solo el sanitario, sino también el social, le sitúa en un punto muy interesante para trabajar en este servicio” complementa Martín.
Con el por qué definido, toca pensar en el cómo. Beltrán expuso que las intenciones pasan por recoger la AF domiciliaria en el Pacto Sociosanitario que promueve el Gobierno con las comunidades autónomas en el marco del Consejo Interterritorial de Servicios Sociales y Dependencia. Así, su desarrollo sería global en toda España. Hasta ahora, solo País Vasco cuenta, desde 2009, con un programa regional específico de estas características. “Animo a que otras autonomías sigan este camino”, indica a EG Ángel Garay, presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Guipúzcoa.
Precisamente, País Vasco podría aportar su experiencia en el ‘otro’ cómo: el práctico, su canalización sobre el ‘terreno’. Actualmente, una de cada tres farmacias vascas están integradas en este programa de AF domiciliaria que da cobertura a más de medio millar de pacientes incluidos en los servicios municipales de Ayuda Domiciliaria (ver tabla) y que próximamente “incorporará a otros colectivos no adscritos a dichos servicios”, adelanta Garay. Además de conseguir cifras de adherencia a los tratamientos por encima del 95 por ciento, una reciente encuesta revela que el nivel de satisfacción con el programa es superior al 90 por ciento tanto en los técnicos de los Servicios Sociales, como usuarios y farmacéuticos.
Cabe recordar que, al margen de que se recoja en un futuro Pacto Sociosanitario nacional, en otras regiones como Comunidad Valenciana también se ultima la próxima implantación de este servicio, dentro del nuevo acuerdo marco de prestaciones que ya negocian consejería de Sanidad y colegios farmacéuticos. “Tanto Europa como las Administraciones nacionales están haciendo hincapié en trabajar en el ámbito de la atención domiciliaria”, justifica Jaime Giner, presidente del COF de Valencia.