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Durante la IV Jornada de Evaluación de Políticas Públicas se solicitó que se implantese ya una cultura de evaluación.

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carlos b. rodríguez Madrid | viernes, 14 de noviembre de 2014 h |

Los años de ‘alegría’ en el gasto público durante los años de expansión económica están pasando factura. Muestra de ello es la dificultad de gestionar la sanidad de forma eficiente, teniendo en cuenta que las reformas necesarias se han visto desbordadas por las urgentes (reducción del déficit). A ello se suma la disparidad que presentan los presupuestos sanitarios de cara a 2015 (año electoral) a pesar de que las previsiones de Bruselas arrojan incertidumbre acerca de si habrá suficiente financiación y de si el gasto presupuestado finalmente diferirá del real. Ante estas circunstancias, una verdadera cultura evaluadora se estima imprescindible para orientar eficientemente la gestión sanitaria, según destacaron los expertos reunidos por el grupo de I+D en Economía de la Salud de la Universidad de Cantabria durante la IV Jornada de Evaluación de Políticas Públicas.

Según el responsable de este grupo, David Cantarero, son muchos los ámbitos en los que se nota la ausencia de la cultura de evaluación “con transparencia e independencia”: desde las listas de espera hasta los indicadores que se publican “solo en parte”, con un gran desfase en el tiempo y una “difícil accesibilidad”, pasando por la falta de aplicación de criterios farmacoeconómicos en muchas decisiones, al igual que para las tecnologías. “La cuestión es cómo gastamos el dinero —señala Cantarero— si la sanidad esta monitorizada por las consejerías de Economía”.

Santiago Álvarez, profesor titular y vicerrector de la Universidad de Oviedo, hizo constar esta necesidad ante la proximidad de un ejercicio clave. Aunque la situación es muy dispar, este experto vaticina que “muchas o la mayoría” de las comunidades no cumplirán los objetivos de déficit para 2014”. Pese a ello, los proyectos presupuestarios presentados hasta la fecha muestran que son reacias a tocar las partidas de sanidad y servicios sociales.

El problema empeora de cara al futuro, debido a que, según este experto, la deuda pública acumulada por parte de las comunidades autónomas “está creciendo exponencialmente”: en 2010 se situaba aproximadamente en el 11 por ciento del PIB, cifra que se ha elevado hasta el 20 por ciento en 2013. A pesar del favor que hicieron los mecanismos puestos en marcha por el Gobierno para generar liquidez, se está creando, según Álvarez “un efecto bola de nieve, una espiral de endeudamiento” que comprometerá el gasto a largo plazo. “Si no vamos a tener más recursos, si hay presión para contener el gasto y si la recuperación de ingresos va a ser lenta, para poder garantizar la prestación de políticas públicas hay que ganar en eficiencia”, concluye.

Otros expertos incidieron en esta idea. Según Marta Pascual, profesora titular de la Universidad de Cantabria, aunque no sea una tarea obligatoria para las administraciones públicas, “la ausencia de evaluación puede suponer que programas no eficientes y/o no efectivos detraigan recursos públicos escasos que podrían haberse utilizado en otro tipo de iniciativas que tuviesen mayores efectos sobre el bienestar social”. La teoría encuentra un ejemplo perfecto en el caso del copago farmacéutico. A la luz de un Real Decreto-ley (el 16/2012) que nunca se ha evaluado, el profesor titular de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid Manuel García habló de los distintos escenarios que se pueden plantear respecto a copagos y gasto farmacéutico para poder evaluar qué se necesita y hasta cuándo se podrá pagar, dada la situación económica... Una pregunta con respuesta imprecisa. “No se sabe porque todo depende de cómo se gaste y a quién se haga pagarlo”, reconoce este experto.

El problema, a su juicio, es que a la hora de plantear recortes es necesario realizar una estimación de quién va a sufrirlos, y si no habrá traslación de gasto hacia otro tipo de asistencia. Ese, añade, es el problema que plantea el copago por renta. “Sabemos que ha bajado el gasto un año y que el siguiente ha subido. En ese año, ¿quién ha dejado de consumir? Para saberlo necesitamos cruzar datos de ingresos, de consumo farmacéutico y sobre todo de necesidad. Lo que debe quedar claro es que no se trata de reducir el consumo necesario, sino de rebajar el abuso o consumo innecesario. Interesa que se gaste bien, no que se gaste mucho o poco”, indica.

La necesidad de instaurar una cultura sistemática y continuada de evaluación en el sistema sanitario no es solo una reclamación histórica de los economistas de la salud. También los profesionales consideran que es una carencia esencial de la sanidad española. Así lo asegura el estudio Situación actual y perspectivas de futuro del sector sanitario en España, elaborado por Pharma Talents y Deloitte. Según sus conclusiones, el 78 por ciento de los más de 3.000 profesionales consultados considera que el sistema sanitario necesita mejores herramientas para medir y evaluar la calidad de la asistencia sanitaria.