Ni la vacuna de la gripe, como hacen sus compañeros portugueses, escoceses, estadounidenses o canadienses (y 280 ejemplos más) ni mucho menos la de la encefalitis japonesa, como lo hacen sus homólogos de Reino Unido. Los farmacéuticos españoles no pueden administrar vacunas, algo que parece ilógico si se conocen las experiencias internacionales existentes. ¿La consecuencia? Los países suben sus índices de vacunación, en especial grupos de riesgo.
Según datos ofrecidos por Marc Desgagné, catedrático y asesor de la Orden de Farmacéuticos de Quebec (Canadá), en la III Jornada de Servicios Profesionales organizada en Valencia por la Sociedad Española de Farmacia Familiar y Comunitaria (Sefac), existen 281 programas internacionales de vacunación a través de farmacias, de los que el 38 por ciento (108) recogen la remuneración adicional al boticario por el servicio (asumida por el paciente o la Administración). Hay ejemplos cercanos, como Portugal, o lejanos, como Estados Unidos y Canadá, pero, en general, todo un ‘mundo’ de distancia con España.
Diferentes modelos
Los farmacéuticos estadounidenses pueden administrar vacunas de la gripe, hepatitis, neumococo, herpes, varicela, infantiles, rabia, tétano... Con una remuneración media adicional de 9,5 euros, sus farmacias asumen más del 83 por ciento de las vacunaciones en mayores de 65 años. La lista aumenta en Reino Unido, con las vacunas del viajero. Incluso, según Juan Velasco, farmacéutico ejerciente en Bristol (Inglaterra), los boticarios, previa acreditación, “también pueden prescribir vacunas a ciertos grupos de pacientes de riesgo o control”. Más de 3.000 farmacias están acreditadas para la vacunación, y cada una puede superar el millar de actuaciones.
Más cercano, geográficamente y por similitud de modelo, se encuentra Portugal. En el país luso sus boticas pueden administrar todas aquellas no incluidas en el plan nacional de vacunación. Aproximadamente el 70 por ciento participan en programas de vacunación. Su mejor accesibilidad se demuestra en los datos: un 20,5 por ciento de pacientes mayores de 65 años que pueden ser vacunados contra la gripe de forma gratuita en los centros de salud, optaron finalmente por hacerlo en la farmacia abonando entre dos y tres euros. Cada cinco años, el farmacéutico debe renovar su certificación para vacunar, para lo cual debe realizar una formación sobre actualización de conocimientos.
¿Choque de profesiones?
En su intervención en esta jornada de Sefac, el consejero de Sanidad valenciano, Manuel Llombart, alertaba de posibles “choques de profesiones” al asignar nuevas funciones a las farmacias comunitarias. Por ejemplo, ¿cómo reacciona el personal de enfermería a la vacunación en boticas? Cabe recordar que, precisamente, los enfermeros valencianos levantaron recientemente la voz frente a la posibilidad de que la Administración instaurase un programa de atención farmacéutica domiciliaria.
Respecto a Reino Unido, Velasco aseguró que “los enfermeros están encantados”. En Portugal, en cambio, se oponen a ello, aunque Barbosa recuerda que “la realidad se impone; la legislación lo permite, los niveles de vacunación aumentan y la satisfacción del usuario es altísima”. O en cualquier otro lugar. En Estados Unidos, el 80 por ciento de usuarios “prefieren vacunarse en boticas”, destacó Desgagné.
Lo que sí parece claro es que, bien en vacunación o en cualquier otro servicio farmacéutico, España está obligada a saltar varios ‘peldaños’ a la vez. En concreto, el escalón del reconocimiento de la Administración, así como el de la remuneración. En relación a la implicación de los farmacéuticos, el gerente de Farmacia y del Medicamento de la Generalitat de Cataluña, Antoni Gilabert, reconoció que “la profesión va por delante de la Administración”. Por su parte, Jordi De Dalmases, vicepresidente del Consejo General de Colegios de Farmacéuticos, apuntó que “los nuevos servicios es un AVE que pasará a toda velocidad ante la farmacia y al que tenemos que subir en marcha”. Un ‘tren’ que hace tiempo que circula por Europa.
Por ley
Nuevamente, fijar la mirada en el exterior es demoledor. En Portugal, los servicios profesionales farmacéuticos están recogidos por ley desde 2007. Entre ellos, el seguimiento farmacoterapéutico (15 euros la primera consulta, diez la segunda), intervención en cesación tabáquica (misma remuneración) o programas de nutrición (siete euros semanales). En Reino Unido: revisión de la medicación y en post alta hospitalaria, chequeos de salud (RCV, colesterol, presión arterial...). En Canadá el farmacéutico recibe 50 euros por cada 30 minutos de SFT al paciente.
El cobro por estos servicios también parece innegociable para la farmacia española. Por una simple cuestión de viabilidad y calidad. Jesús Gómez, presidente de Sefac, llegó a valorar la posibilidad de que Sefac retire la capacitación de esta sociedad a las farmacias que no cobrasen por determinados servicios.