A medida que aumenta el número de medicamentos en el mercado, crece también la dificultad de los gobiernos europeos para pagarlos. Todos se enfrentan al mismo problema (qué financiar y cómo), pero el reto es mayor en los países de ingresos bajos y medios, donde los mecanismos de regulación están menos desarrollados y los sistemas de salud son más débiles. En el camino andado hasta la fecha hay quien —como España con la hepatitis C— ha sido capaz de encontrar soluciones, pero estas experiencias individuales no resuelven el problema del acceso a la innovación. Europa sigue dividida entre la transparencia y la subsidiariedad, una balanza sobre la cual la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha intentado influir. Un estudio de su Oficina Regional para Europa muestra que la transparencia y la cooperación de los gobiernos pueden contribuir a reducir los elevados precios de los nuevos fármacos.
Que todos los decisores europeos están preocupados por la cuestión resulta evidente, a tenor de los resultados de una encuesta remitida a los 42 países que forman parte de la Red de Información de Precios y Reembolsos de Medicamentos. De las respuestas de 27 de ellos en torno a seis cuestiones básicas relativas a los nuevos medicamentos (una de ellas en el cuadro adjunto) la OMS extrajo varias conclusiones: todavía hay países que están luchando con la cuestión general de qué constituye un medicamento de alto precio; aunque muchos han incluido una o más políticas relativas a fármacos prioritarios, pocos participan durante todo el ciclo de vida del medicamento para facilitar su acceso; muchos, de hecho, respondieron que no tienen políticas específicas para fármacos de alto precio o disponen de mecanismos para evaluar el coste-efectividad de los nuevos fármacos.
Consecuentemente, a la vista de la creciente presión sobre los recursos públicos y teniendo en cuenta que tanto la oferta como los precios de los nuevos fármacos a menudo se fijan mediante acuerdos nacionales con “procesos de negociación generalmente bastante opacos”, el estudio de la OMS, titulado ‘El acceso a los nuevos medicamentos en Europa: revisión técnica de las iniciativas políticas, oportunidades de colaboración e investigación’ concluye que todos los países europeos, incluso los de mayor tradición regulatoria, necesitan desarrollar más la transparencia de sus sistemas y los procesos para facilitar la entrada de nuevos fármacos en la cobertura sanitaria pública.
Áreas de cooperación
Los límites de la cooperación están claros. Hay una línea divisoria muy marcada entre quienes defienden una transparencia de los precios de los medicamentos y los que consideran que la confidencialidad de los mismos es precisamente la única vía para asegurar su presencia en los países de menos ingresos. La polaridad de las posturas hace a la OMS pensar que “un consenso en este asunto es poco probable en un futuro inmediato a causa de los diferentes intereses de los agentes y de ciertas peculiaridades del sector farmacéutico europeo, tales como el comercio paralelo, el uso extensivo del Sistema de Precios de Referencia Internacional y las amplias disparidades en la capacidad de pago de los países”.
Los acercamientos deben producirse en otras áreas. De nuevo, las respuestas de los gobiernos europeos constituyen la mejor pista. Todos han alcanzado cierto grado de consenso, por ejemplo, en la necesidad de utilizar la evaluación económica y establecer los precios y reembolsos en función del valor terapéutico añadido de los nuevos fármacos. Pero, al tiempo, ambas opciones tienen sus limitaciones: en muchos estados, la evaluación económica va seguida de descuentos, rebajas de precios o acuerdos de devolución nacionales; y el establecimiento del precio en base al valor se enfrenta a una toma de decisión fragmentada en varios países, como España, donde es el Ministerio quien decide y las comunidades las que pagan.
Teniendo esto en cuenta, los caminos para la cooperación y la transparencia se abren, para la OMS, en varios campos. En primer lugar, señala que ambos procesos deberían incorporarse a “procesos de priorización” que garanticen el acceso equitativo a los nuevos medicamentos, y que podrían abarcar desde actividades en la evaluación previa de los fármacos hasta los análisis de coste-efectividad que maximicen la aceptación pública del valor de los fármacos. Una segunda vía implicaría la cooperación entre agentes para encontrar un mejor balance entre el valor de las innovaciones y su acceso; y una más podría englobar a patologías crónicas y enfermedades raras. El informe no olvida hacer un llamamiento a la propia industria farmacéutica, a la que recomienda “realismo” en relación a los precios de sus nuevos medicamentos.
Para apoyar sus conclusiones, el informe de la OMS ha seleccionado, como casos de estudio, cinco ejemplos prácticos de fármacos innovadores que repercuten fuertemente en presupuestos de salud de los países. Esas áreas son el cáncer, la artritis reumatoide, la hepatitis C, los medicamentos huérfanos y la diabetes. La OMS reconoce que los elevados precios de los nuevos fármacos en casi todas estas áreas (no es grande en el caso de la diabetes, aunque sea considera una enfermedad ‘cara’) están poniendo “en una encrucijada” la capacidad de pago de los países europeos.
Una de las áreas que más preocupación genera en la OMS es la de los fármacos oncológicos. El coste de la asistencia ha aumentado notablemente en los últimos años, y el informe prevé “que aumente a un ritmo insostenible si se deja en manos de las compañías farmacéuticas”. Las cifras hasta ahora muestran que el precio de los nuevos medicamentos para el cáncer ha crecido 10 veces durante la última década, en algunos casos asociados a “beneficios limitados para la salud”. Por ejemplo, de los 12 medicamentos aprobados por la FDA para diferentes indicaciones de cáncer en 2012, nueve tenían un precio superior a los 10.000 dólares mensuales y sólo tres prolongaban la supervivencia (dos de ellos en menos de dos meses).