Desde el año 2007, parte de los Fondos Estructurales y de Inversión europeos se han puesto a disposición de los estados para impulsar la inversión sanitaria, pero se desconocía cuál había sido el destino concreto de ese dinero. Un mapeo llevado a cabo por la Comisión Europea muestra cómo se está gastando el dinero del contribuyente europeo en salud y ratifica la importancia de los fondos europeos como una herramienta de ayuda en la inversión de los estados. La mayor parte de ellos, incluido España, ha incrementado su uso para el periodo 2014-2020 sobre el precedente, que cubrió los años 2007 y 2013.
El alcance y presupuesto varía en función de cada país, pero en general los 28 estados miembro han planeado gastar más de 3.891 millones de euros en infraestructuras entre 2014 y 2020; otros 954 millones para el uso de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC ) en la salud y más de 4.000 millones en el acceso a la asistencia sanitaria (salud y atención social) y envejecimiento activo y saludable.
La introducción de nuevos prerequisitos para acceder a estas partidas dentro del programa 2014-2020 ha llevado a muchos estados miembro a revisar la manera en que gestionen el uso de los fondos estructurales. En virtud del programa actual, por ejemplo, las inversiones en salud hasta el año 2.020 van a ser impulsadas por resultados y en base a las necesidades, lo que ha condicionado el destino de los fondos. Salvo por contadas excepciones (Polonia, Rumanía, Eslovaquia y Francia), estos créditos han dejado de ser una fuente de inversión principalmente utilizada para la financiación de infraestructuras sanitarias nacionales. Los casi 3.900 millones destinados hasta 2020 contrastan con los más de 5.200 millones que se destinaron a este concepto en el periodo 2007-2013.
La razón es que, en sí mismas, las infraestructuras no ofrecen un valor añadido en términos de coste efectividad y eficiencia de los sistemas a menos que estén incluidas dentro de una estrategia de inversión sanitaria mucho más amplia. Para conseguir los objetivos, los estados miembro que hacen uso de los fondos estructurales como fuente de financiación de sus sistemas sanitarios han tenido que presentar un marco estratégico de inversiones sanitarias. Cada inversión tiene que estar en línea con lo expuesto en este marco.
Frente a las inversiones en infraestructuras, el informe de la Comisión resalta los “esfuerzos crecientes” en el campo de la e-Salud. España es uno de los mejores exponentes de esta tendencia. Para el periodo 2014-2020 ocupa el puesto número 13 en fondos europeos asignados a infraestructuras pero es el segundo, por detrás de Polonia, que más va a destinar a las TIC en Salud.
El caso de España
En total, España destinará a Sanidad más de 345 millones de euros de los fondos estructurales europeos en el periodo 2014-2020. La cifra supone un incremento del 11,2 por ciento sobre el periodo anterior, en el que destinó a inversiones sanitarias aproximadamente 310 millones procedentes de los fondos estructurales europeos. De ellos, casi 240 millones irán encaminados a reforzar las TIC y el campo de la e-Salud; otros 104,7 irán destinados a infraestructuras y 648.000 euros se asignarán a ‘inversiones blandas’ relacionadas con la salud: salud y atención social combinadas y acciones para el envejecimiento activo y saludable.
España también ha aclarado sus prioridades y objetivos específicos dentro de estas áreas. En este sentido prevé utilizar los fondos europeos para otro de sus posibles fines: el fomento de la investigación y la innovación en la asistencia sanitaria, incluidas las PYME activas en el sector de la salud. En el apartado de inversión en infraestructuras España tiene previsto mejorar las de investigación e innovación , así como las capacidades para el desarrollo de una investigación de excelencia, promoviendo en particular aquellos centros que puedan ser de interés europeo.
Asimismo tiene previsto promover la investigación y la innovación a nivel empresarial, desarrollando vínculos y sinergias entre empresas, centros de investigación y desarrollo y el sector universitario; promoviendo el trabajo en red; inversiones en el desarrollo de determinados productos y servicios y en transferencia tecnológica, déficits reconocidos que desde hace arrastra el sistema español de Ciencia y Tecnología.