De entre todas las contribuciones recibidas por los expertos del Panel de Alto Nivel de Naciones Unidas, las del sector académico se encuentran entre las más prolíficas. Expertos y Think Tanks de todo el mundo han remitido a la ONU un total de 60 propuestas, algunas bastante prometedoras. Siguiendo la estela de desvincular el precio de los fármacos de la I+D, una de ellas se presenta con el objetivo de revolucionar los resultados en salud y el acceso a los medicamentos mediante la creación de un Fondo de Impacto Sanitario que actúe como mecanismo de apoyo permanente a la innovación farmacéutica. El proyecto ha superado la fase teórica y está listo para ser probado de manera experimental. Tanto desde la industria farmacéutica como desde el sector político se han hecho llegar manifestaciones de apoyo para que se lleve a cabo un piloto que demuestre que es factible.
El proyecto es obra de un equipo de investigadores liderado por Thomas Pogge, profesor de Filosofía de la Universidad de Yale, y el economista Aidan Hollis, de la Universidad de Calgary, y está promovido por la organización sin ánimo de lucro Incentivos para la Salud Global. Pretende implantar un mecanismo complementario al actual modelo de I+D farmacéutica, basado en el pago por resultados y en una alineación de los incentivos económicos del sector innovador con las necesidades de salud pública global.
Todas las compañías farmacéuticas innovadoras tendrían la opción de registrar sus nuevos medicamentos en este Fondo, que estaría dotado de una cantidad fija anual aportada por los gobiernos interesados, que a su vez verían compensado este coste con unos precios de adquisición de fármacos más bajos. Al efectuar el registro, las compañías accederían a proveer sus productos a un coste menor allí donde se considerase necesario. A cambio de renunciar a su estándar de beneficios, serían recompensadas en base a los resultados obtenidos de una evaluación del impacto del medicamento en la salud global, que sería ejecutada por el propio Fondo. Así, cada producto registrado recibiría anualmente un porcentaje equivalente al impacto porcentual en la salud de todos los productos registrados.
Tal y como está diseñado, este mecanismo permitiría abordar las tres principales deficiencias asociadas al actual modelo de I+D farmacéutica. En primer lugar, reduciría la brecha de los incentivos para investigar en determinadas áreas. Concretamente, el Fondo lograría establecer recompensas efectivas para aquellos que investiguen en zonas que comercialmente pueden no resultar atractivas bajo el actual modelo. En segundo lugar, el precio de venta de los medicamentos registrados estaría limitado a los costes de fabricación y distribución, lo que multiplicaría el acceso entre los países más pobres. En tercer lugar, y a diferencia de los esquemas que sólo se preocupan de bajar los precios, el Fondo contempla incentivos al sector que harían rentables las investigaciones en todas las áreas, incrementaría los esfuerzos de colaboración con las autoridades locales y clínicas y aumentaría la inversión en distribución.
Apoyos para un piloto
El Fondo de Impacto Sanitario puede ser considerado como una extensión lógica de las políticas de precio basado en el valor. Por ello, su gran reto a nivel técnico consiste en desarrollar un sistema de medición del impacto de los fármacos coste-efectivo, creíble y, a ser posible, consistente teniendo en cuenta el amplio espectro de patologías y países que pretende abarcar.
Sus autores estiman que, para que funcione de manera eficaz, debería disponer de una dotación mínima de 6.000 millones de dólares anuales, una cifra que permitirían sostener recompensas adecuadas para aproximadamente 20 nuevos medicamentos a la vez. Los promotores del Fondo insisten en lo factible de este fondo, que representa sólo una pequeña parte de la factura farmacéutica global, situada en el entorno del trillón de dólares.
Uno de los comentarios más frecuentes que ha recibido el Fondo de Impacto Sanitario es que se trata de un proyecto ambicioso que necesita ser probado a pequeña escala. Hasta ahora, los mecanismos de pago por resultados en el mercado farmacéutico ya han sido testeados en los países desarrollados, por lo que la propuesta radica en probar este tipo de esquema en países de ingresos medios y bajos. Los impulsores del Fondo proponen por ello un proyecto piloto de tres años de duración, dotado con entre 60 y 200 millones de dólares. Esta cifra debería cubrir los costes de la administración del Fondo, los trabajos de evaluación y las recompensas a la innovación, cifradas en al menos 25 millones de dólares para cada una.
Lo interesante de la propuesta es que no sólo cuenta con el beneplácito de sus impulsores. La contribución remitida a los expertos del Panel de Alto Nivel de las Naciones Unidas también da cuenta del apoyo recibido por la compañía Janssen, para quien, con una financiación suficiente, el Fondo podría convertirse en una herramienta efectiva para abordar las necesidades de poblaciones con bajos ingresos y estimular la inversión de pequeñas y grandes compañías biofármacéuticas.
Según Janssen, “sería sensato poner a prueba la viabilidad del enfoque del Fondo de Impacto Sanitario a pequeña escala” para comprobar, entre otras cosas, la capacidad de respuesta de las empresas a las recompensas basadas en el desempeño de la competencia o la medición del rendimiento en entornos difíciles. Asimismo, Janssen asegura que, si el proyecto piloto se produjera, intentaría participar en él y ayudaría a propagarlo dentro y fuera de la industria farmacéutica.
Las manifestaciones de apoyo a esta iniciativa también han venido del área política. El Partido Socialdemócrata alemán ha pedido al Gobierno de Angela Merkel que apoye activamente el piloto, colaborando también en su financiación, con vistas a establecer un Fondo global. El Partido Liberal de Noruega también apuesta por esta fórmula complementaria con el actual sistema de patentes que, según resalta, incentiva a la industria a desarrollar medicamentos en virtud de las necesidades sanitarias de todos y no sólo de los residentes en las zonas de mayor capacidad adquisitiva.
Open University. Reino Unido/Italia
El debate promovido por la ONU se centra en la falta de alineación entre innovación y acceso . Si bien este choque es sin duda algo a tener en cuenta, la contribución lanzada por la Open University desde el Reino Unido e Italia se centra en un aspecto muy diferente de esa desalineación, entrando directamente en el terreno de los genéricos. Su respuesta a la consulta sostiene que la producción local de medicamentos y la capacidad de innovación en los países de ingresos medios y bajos puede constituir un paso importante hacia el logro de mejoras significativas en la salud pública, incluyendo el acceso a medicamentos esenciales.
Alianza de Universidades por los Medicamentos Esenciales. Canadá/EE.UU.
En los últimos 15 años se han presentado varias iniciativas como “alternativas” al modelo de I+D farmacéutica. En su mensaje a la ONU, la Alianza de Universidades por los Medicamentos Esenciales resalta la necesidad de evaluar los esfuerzos realizados antes de proponer otros nuevos. Ésta idea llevó a la Alianza a comenzar un estudio que ahora está en su segunda fase y que hasta ahora concluye que ninguna de las iniciativas presentadas constituyen realmente una “alternativa” frente al modelo de I+D. Sus autores piden a los expertos de la ONU que tenga en cuenta estas conclusiones para afrontar verdaderamente los desafíos asociados a la I+D biomédica.
Universidad de Nueva Delhi. India
Uno de los grandes objetivos de la consulta de la ONU se centra en las medidas que los gobiernos pueden emprender para mejorar el acceso a los medicamentos. Sin embargo, también podría ser útil tener en cuenta qué provisiones en materia de propiedad intelectual han sido incluidas ya por algunos de ellos. La aportación de la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva Delhi cree que el enfoque adoptado por India, y que de hecho le ha valido el apodo de ‘Farmacia del mundo’ puede ser “exportado” a otros países con las mismas necesidades.
Universidad de Seúl. Korea
Dar publicidad a la información relativa a la producción y suministro de los medicamentos es la receta que la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Seúl plantea para mejorar el acceso. Su contribución dibuja un proyecto que incluiría a los 25 países líderes en consumo farmacéutico y cuyo objetivo sería ir “más allá de la división entre industria farmacéutica y políticas sanitarias públicas”. Ello implicaría también arrojar luz sobre otro tipo de información: políticas, acuerdos de gestión, financiación y cuestiones regulatorias.
Universidad de Boston. EE.UU.
Las resistencias a los antibióticos son un problema grave, como también lo es la muerte de 455.000 niños cada año a partir de bacterias sensibles que podrían ser tratados con los genéricos existentes. Las soluciones propuestas desde la Facultad de Derecho de la Universidad de Boston incluyen la desvinculación del precio de la I+D en los antibióticos y el pago basado en el valor y no en el volumen de ventas .