La inteligencia artificial está transformando la manera en que los europeos se informan, toman decisiones y gestionan su salud. Así se desprende del STADA Health Report 2026, un estudio elaborado a partir de una encuesta online realizada entre febrero y marzo de 2026 a una muestra representativa de entre 500 y 2.000 personas en cada uno de los 20 países participantes, entre ellos España, Alemania, Francia, Italia, Portugal y Reino Unido. En total, el informe recoge la opinión de cerca de 20.000 ciudadanos sobre el estado de los sistemas sanitarios, el uso de la inteligencia artificial, la confianza en los profesionales de la salud y las expectativas sobre el futuro de la asistencia sanitaria.
Uno de los principales hallazgos del informe es la creciente incorporación de la inteligencia artificial a la gestión de la salud. El 55% de los europeos afirma utilizar actualmente herramientas de IA relacionadas con este ámbito. Su uso más frecuente consiste en comprender mejor un diagnóstico médico (29%), seguido del apoyo para adoptar hábitos preventivos, como planes de alimentación o ejercicio físico (23%), y la preparación de consultas médicas (17%).
No obstante, la utilización de estas herramientas presenta importantes diferencias entre grupos de edad. Entre los menores de 35 años, el porcentaje de usuarios alcanza el 74%, frente al 57% registrado entre las personas de 35 a 54 años y el 38% entre los mayores de 55 años. Además, el informe observa que la adopción de la inteligencia artificial es mayor en aquellos países donde la satisfacción con el sistema sanitario es menor, como Rumanía, Serbia o Kazajistán.
No obstante, el estudio refleja que la incorporación de la inteligencia artificial no implica una pérdida de confianza en los profesionales sanitarios. Al contrario, los europeos siguen apostando mayoritariamente por un modelo asistencial híbrido en el que la tecnología complemente la atención humana.
El 58% de los encuestados afirma que estaría dispuesto a recibir una consulta mediante inteligencia artificial en lugar de acudir a un médico, aunque la mayoría establece determinadas condiciones. Un 17% solo aceptaría esta opción si un profesional sanitario revisara posteriormente las recomendaciones de la IA; un 16% la utilizaría únicamente como segunda opinión; y un 13% solo recurriría a ella para síntomas leves. Además, un 23% declara confiar exclusivamente en los profesionales sanitarios para este tipo de consultas.
En la misma línea, el informe señala que el 49% de los europeos confía o estaría dispuesto a confiar en un diagnóstico realizado mediante inteligencia artificial, aunque únicamente si cumple determinadas condiciones. Solo un 4% afirma confiar ya en un diagnóstico generado por IA tanto como en el de un médico. El resto condiciona esa confianza a que el sistema esté certificado por las autoridades sanitarias (25%) o a que el diagnóstico vaya acompañado de una explicación clara (20%). Por el contrario, un 41% asegura que nunca confiaría en un diagnóstico de inteligencia artificial tanto como en el de un profesional médico.
Las principales reticencias hacia esta tecnología están relacionadas con la seguridad y la fiabilidad. Más de la mitad de los europeos (54%) teme que puedan producirse errores o diagnósticos incorrectos debido a fallos en los sistemas de inteligencia artificial, mientras que el 41% muestra preocupación por el posible uso de sus datos sanitarios sin su conocimiento. En consecuencia, únicamente el 43% afirma que estaría dispuesto a almacenar todo su historial médico en un sistema de IA, y la mayoría solo lo haría bajo determinadas condiciones relacionadas con el acceso o la gestión de esos datos.
El estudio también analiza qué funciones consideran los ciudadanos más apropiadas para la inteligencia artificial dentro del ámbito sanitario. Los europeos muestran una mayor aceptación cuando la IA desempeña tareas administrativas o de apoyo. El 50% aceptaría que gestionara citas y seguimientos; un 36% permitiría que monitorizara enfermedades crónicas o elaborara notas durante las consultas; un 31% aceptaría que redactara informes de alta hospitalaria; y un 30% que asistiera durante las consultas médicas. En cambio, cuando se trata de diagnósticos, decisiones terapéuticas o interacción directa con los pacientes, la mayoría considera que debe mantenerse la intervención de un profesional sanitario.
Los resultados del informe muestran igualmente que los europeos están asumiendo un papel cada vez más activo en el cuidado de su salud. El 78% afirma sentirse capaz de gestionar su propio bienestar y el 85% utiliza al menos una herramienta para monitorizar su estado de salud. Entre las más habituales figuran los tensiómetros (58%), las aplicaciones de salud para teléfonos móviles (39%), los relojes inteligentes o pulseras de actividad (32%), las básculas inteligentes (27%) y los análisis de sangre para autocontrol (22%).
Asimismo, el informe indica que el 94% de los europeos se automedica para tratar al menos algún problema de salud sin consultar previamente con un profesional. Los motivos más habituales son que consideran que ya saben qué tratamiento funciona en determinados casos (59%) o que desean evitar los largos tiempos de espera para ser atendidos (47%).
A pesar del avance de la digitalización y de la inteligencia artificial, los profesionales sanitarios continúan ocupando un lugar central en la toma de decisiones relacionadas con la salud. El 77% de los europeos asegura que médicos de atención primaria y otros profesionales sanitarios son la principal influencia en sus decisiones sanitarias, mientras que el 57% destaca también el papel de farmacéuticos y equipos de farmacia. Además, el 68% considera que médicos, farmacéuticos y personal de enfermería deberían liderar la educación sanitaria de la población.
El estudio refleja igualmente que la atención presencial continúa siendo la opción preferida por la mayoría de la población. El 79% prefiere acudir físicamente a su médico de familia; el 83% opta por realizar de forma presencial las revisiones y chequeos preventivos; y el 61% también prefiere mantener las consultas farmacéuticas cara a cara. Aunque el 62% afirma que confiaría en cierta medida en una farmacia exclusivamente digital, esa confianza suele estar condicionada a que exista un respaldo profesional o una conexión con una farmacia física.
Finalmente, el informe concluye que los europeos apuestan por un modelo de atención sanitaria híbrido, en el que la inteligencia artificial contribuya a agilizar diagnósticos, mejorar el acceso a los servicios sanitarios y facilitar la atención, mientras médicos y farmacéuticos continúan desempeñando un papel esencial como referentes de confianza, interpretación y acompañamiento en la toma de decisiones relacionadas con la salud.