de personas en todos los continentes. Así lo advierte el nuevo informe The Lancet Countdown 2025, elaborado por un consorcio internacional de más de 120 expertos en salud, clima, epidemiología y economía, que cada año evalúa el vínculo entre el calentamiento global y la salud humana.
El documento, que analiza más de 50 indicadores, presenta un panorama alarmante: la exposición a fenómenos extremos, el aumento de enfermedades infecciosas y la inseguridad alimentaria y laboral están creciendo de forma sostenida, mientras que los esfuerzos de adaptación no avanzan al ritmo necesario para proteger a las poblaciones más vulnerables.
"Cada décima de grado cuenta. La salud de la humanidad está en juego si los gobiernos no aceleran la reducción de emisiones y la transición a sistemas sostenibles", subraya el informe.
Más calor, más muertes y más desigualdad
El calor extremo se consolida como uno de los principales enemigos de la salud global. Según The Lancet Countdown 2025, la población mundial experimenta ahora una exposición media a olas de calor tres veces superior a la registrada entre 1986 y 2005. Las personas mayores de 65 años y los niños menores de un año son los más afectados: en 2023, los episodios de calor intenso estuvieron vinculados a más de 500 millones de exposiciones adicionales en estos grupos de riesgo.
Las ciudades concentran la mayor parte del impacto. Los efectos combinados del "efecto isla de calor urbano", la contaminación y la densidad poblacional han incrementado las tasas de mortalidad relacionada con el calor en un 85% respecto a los niveles de principios de siglo. Al mismo tiempo, los trabajadores agrícolas y de la construcción están perdiendo millones de horas laborales por el aumento de temperaturas, con repercusiones económicas y sociales graves.
Los países con menos recursos son los más golpeados. En regiones como África subsahariana o el sudeste asiático, donde el acceso a servicios de salud y refrigeración es limitado, las olas de calor ya suponen un factor de estrés crítico para la supervivencia. El informe subraya que la desigualdad climática se traduce directamente en desigualdad sanitaria.
El cambio climático impulsa la expansión de enfermedades
Otro de los hallazgos más preocupantes del informe es la expansión geográfica y temporal de enfermedades transmitidas por vectores. El aumento de las temperaturas y las precipitaciones irregulares está favoreciendo la propagación de mosquitos que transmiten dengue, zika, chikungunya y malaria.
En la última década, el potencial de transmisión del dengue por Aedes aegypti ha aumentado un 20% a nivel mundial, y el de Aedes albopictus, un 30%, con un mayor riesgo incluso en zonas templadas que antes eran seguras. Europa, América del Norte y partes del Mediterráneo oriental han comenzado a registrar brotes autóctonos.
A ello se suman los impactos sobre la seguridad alimentaria y nutricional. Las sequías y las inundaciones recurrentes han reducido el rendimiento de cultivos básicos como el trigo, el arroz y el maíz, y amenazan con agravar la desnutrición en países de bajos ingresos. Según los autores, "el cambio climático actúa como un multiplicador de amenazas, exacerbando las crisis sanitarias preexistentes y creando nuevas vulnerabilidades".
Aunque el informe reconoce que muchos países han comenzado a integrar la salud en sus estrategias climáticas, la velocidad y el alcance de las medidas son insuficientes. Solo la mitad de los países encuestados cuenta con planes nacionales de salud y cambio climático plenamente implementados, y en muchos casos carecen de financiación o de personal especializado para llevarlos a cabo.
El indicador 2.1 de The Lancet Countdown 2025 revela que los sistemas de alerta temprana para olas de calor, inundaciones o brotes infecciosos cubren menos del 40% de la población mundial. En los países de ingresos bajos y medios, apenas el 27% dispone de recursos adecuados para responder a emergencias climáticas.
"El progreso es real, pero aún demasiado lento para proteger a quienes más lo necesitan", señalan los autores en el documento. "La adaptación debe ir acompañada de una transformación profunda de los sistemas energéticos, alimentarios y sanitarios".
La financiación internacional tampoco responde a la magnitud del desafío. Aunque las inversiones en resiliencia climática han aumentado, la salud solo recibe una fracción mínima de los fondos globales para adaptación, lo que deja a los ministerios de salud con escasa capacidad para preparar infraestructuras, personal y comunidades ante futuros impactos.
Salud, energía y acción climática
A pesar del tono de alarma, el informe ofrece también un mensaje de esperanza. Las medidas que reducen las emisiones de gases de efecto invernadero pueden generar beneficios inmediatos para la salud: menos contaminación del aire, dietas más sostenibles, ciudades más verdes y transporte activo.
El Lancet Countdown 2025 subraya que la transición hacia energías limpias podría evitar millones de muertes prematuras cada año relacionadas con la contaminación, que actualmente causa alrededor de 7 millones de fallecimientos anuales. Además, destaca que las políticas de mitigación “bien diseñadas pueden mejorar la equidad sanitaria y fortalecer la resiliencia comunitaria”.
El informe concluye con un mensaje inequívoco: la ventana de oportunidad para garantizar un futuro saludable y seguro se está cerrando rápidamente. Si las emisiones continúan al ritmo actual, el calentamiento global podría superar los 1,5°C en menos de una década, con consecuencias irreversibles para la salud humana.
"La elección es clara: actuar ahora para proteger la salud o enfrentar un futuro de crisis encadenadas", afirma The Lancet Countdown 2025. "Los profesionales sanitarios, los responsables políticos y la sociedad en su conjunto tienen un papel esencial en la respuesta".
El cambio climático ya no es solo un problema ambiental, sino el mayor desafío de salud pública del siglo XXI. Los datos del nuevo informe son una llamada de atención, pero también una hoja de ruta: invertir en salud, adaptación y energías limpias no solo salvará vidas, sino que hará posible un planeta más justo y habitable para las próximas generaciones.