El ejercicio físico y las dietas sanas generan beneficios climáticos, según la OCDE

La reorganización de la atención sanitaria podría disminuir hasta un 25% las emisiones hospitalarias en los países de la OCDE

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Los sistemas sanitarios de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) son responsables de aproximadamente el 4,4% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero, un porcentaje comparable al de sectores tradicionalmente asociados a un elevado impacto climático. Así lo concluye el informe Decarbonising Health Systems Across OECD Countries, que analiza por primera vez de forma detallada la huella de carbono del sector sanitario y plantea estrategias para reducirla.

Según el análisis, en 2018 las emisiones vinculadas al consumo de bienes y servicios sanitarios en los países de la OCDE alcanzaron cerca de 963 millones de toneladas de CO₂ equivalente, una cifra que supera las emisiones totales de algunos países industrializados.

El estudio subraya que los sistemas sanitarios desempeñan un papel paradójico: mientras su objetivo es proteger la salud de la población, también contribuyen al cambio climático, uno de los mayores riesgos para la salud global en las próximas décadas. Por ello, la OCDE considera que la descarbonización del sector sanitario debe convertirse en una prioridad para los sistemas de salud.

Diferencias significativas entre países

El informe revela que el impacto climático de la atención sanitaria varía notablemente entre países de la OCDE. En promedio, el consumo de servicios sanitarios genera alrededor de 523 kilogramos de CO₂ equivalente por persona al año.

Sin embargo, estas cifras dependen de múltiples factores, como el nivel de gasto sanitario, la organización del sistema de salud, el uso de tecnología médica o la eficiencia energética de los centros sanitarios.

En este contexto, España destaca como uno de los países que logra buenos resultados de salud con una huella de carbono relativamente moderada en su sistema sanitario. El informe sitúa al país entre el grupo de sistemas que alcanzan una esperanza de vida superior a la media de la OCDE con emisiones sanitarias por habitante inferiores al promedio, lo que indica que es posible combinar resultados sanitarios positivos con un menor impacto ambiental.

Este grupo de países demuestra, según la OCDE, que la eficiencia del sistema sanitario y la orientación hacia la prevención pueden contribuir simultáneamente a mejorar la salud y reducir las emisiones.

Los hospitales, principales focos de emisiones

Uno de los hallazgos más relevantes del informe es que los hospitales concentran una gran parte del impacto climático del sector sanitario.

En concreto, alrededor del 30% de las emisiones de los sistemas sanitarios procede de los hospitales, debido principalmente al elevado consumo energético, la utilización intensiva de equipamiento médico y la complejidad de los servicios hospitalarios.

La OCDE señala que existen múltiples oportunidades para reducir estas emisiones. Entre ellas destacan la mejora de la eficiencia energética de los edificios hospitalarios, la electrificación de los sistemas de climatización y la adopción de energías renovables.

Además, el informe subraya que la reorganización de la atención sanitaria puede tener un impacto significativo en la huella de carbono. Reducir los ingresos hospitalarios evitables, reforzar la atención primaria o fomentar modelos de atención ambulatoria podrían disminuir considerablemente las emisiones asociadas a la hospitalización.

De hecho, los autores estiman que reducir las estancias hospitalarias innecesarias y la duración media de los ingresos podría disminuir hasta en un 25% las emisiones hospitalarias en los países de la OCDE.

La cadena de suministro concentra la mayor parte de las emisones

Otro de los aspectos clave que pone de relieve el estudio es que la mayor parte de las emisiones del sector sanitario no se generan dentro de los hospitales o centros de salud, sino a lo largo de la cadena de suministro.

Según el informe, casi el 79% de las emisiones del sistema sanitario procede de la producción, transporte y eliminación de bienes y servicios sanitarios, incluidos medicamentos, dispositivos médicos, equipos hospitalarios y materiales de un solo uso.

Además, aproximadamente la mitad de estas emisiones se produce fuera del país donde se consumen los servicios sanitarios, debido a la internacionalización de las cadenas de suministro farmacéuticas y tecnológicas.

Este fenómeno plantea importantes desafíos para la descarbonización del sector, ya que las medidas nacionales solo pueden abordar una parte del problema. La OCDE apunta que será necesario reforzar la cooperación internacional y mejorar la transparencia sobre la huella de carbono de los productos sanitarios.

Medicamentos y productos sanitarios

Dentro de la cadena de suministro, el informe destaca especialmente el impacto de los medicamentos y productos sanitarios, que representan aproximadamente el 26% de las emisiones del sistema sanitario.

Algunos productos presentan una huella climática especialmente elevada. Entre los ejemplos citados se encuentran determinados gases anestésicos utilizados en cirugía, como el desflurano, cuyo potencial de calentamiento global es muy superior al de otras alternativas disponibles.

También se mencionan los inhaladores utilizados para tratar enfermedades respiratorias, especialmente los inhaladores presurizados con propulsor, que generan más emisiones que otras opciones terapéuticas como los inhaladores de polvo seco.

La OCDE considera que la sustitución de estos productos por alternativas con menor impacto ambiental podría reducir significativamente las emisiones sin comprometer la calidad de la atención sanitaria.

La prevención como estrategia climática

El informe también destaca el potencial de las políticas de prevención y salud pública para contribuir a la reducción de emisiones.

Factores de riesgo como las dietas poco saludables, el sedentarismo o la dependencia del automóvil no solo aumentan la carga de enfermedades crónicas, sino que también están asociados a patrones de producción y consumo con altas emisiones.

En particular, el estudio señala que la adopción de dietas más saludables, con mayor presencia de alimentos de origen vegetal, podría reducir significativamente la huella climática de los sistemas alimentarios.

Según las estimaciones de la OCDE, estos cambios podrían evitar hasta 304 millones de toneladas de CO₂ equivalente al año en los países de la organización, además de prevenir alrededor de 27.000 muertes prematuras por cáncer anuales.

Falta de datos y recursos

A pesar de la creciente atención internacional sobre el impacto ambiental del sector sanitario, el informe advierte de que muchos países todavía carecen de datos detallados sobre las emisiones asociadas a sus sistemas de salud.

Además, solo una minoría de los países de la OCDE dispone de estrategias nacionales específicas o equipos dedicados a la descarbonización del sistema sanitario, lo que dificulta la implementación de políticas ambiciosas.

No obstante, la organización subraya que muchas de las medidas necesarias para reducir las emisiones coinciden con reformas que también buscan mejorar la eficiencia y la calidad del sistema sanitario, como la reducción de intervenciones de bajo valor, la mejora de la coordinación asistencial o el refuerzo de la atención primaria.

En este sentido, la OCDE concluye que la descarbonización de los sistemas sanitarios no solo es una necesidad climática, sino también una oportunidad para transformar los sistemas de salud y hacerlos más sostenibles, eficientes y resilientes frente a los desafíos del futuro.


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