a sostenibilidad ha dejado de ser un elemento complementario para convertirse en uno de los grandes ejes de transformación de la industria farmacéutica. La necesidad de reducir emisiones, optimizar recursos, avanzar hacia modelos de economía circular y responder a unas exigencias regulatorias cada vez más estrictas está impulsando cambios profundos en toda la cadena de valor del medicamento. En este contexto, Lilly defiende que la sostenibilidad no solo es compatible con la innovación biomédica, sino que constituye una condición necesaria para garantizar la competitividad futura del sector.
La compañía ha presentado un análisis sobre las principales lecciones aprendidas en materia de sostenibilidad farmacéutica, en el que identifica los desafíos específicos de una industria caracterizada por elevados estándares de calidad, procesos productivos intensivos en energía y complejas cadenas de suministro internacionales.
Retos ambientales singulares
La fabricación de medicamentos presenta particularidades que dificultan la descarbonización. La producción farmacéutica requiere condiciones ambientales estrictamente controladas, procesos térmicos intensivos y sistemas de climatización permanentes para garantizar la calidad y seguridad de los tratamientos. Estas características convierten al sector en un importante consumidor de energía y explican buena parte de sus emisiones directas e indirectas.
A ello se suma la dimensión global de las cadenas de suministro. Las materias primas, los principios activos y los productos terminados recorren miles de kilómetros mediante transporte terrestre, marítimo y aéreo, generando emisiones de alcance 3 especialmente complejas de monitorizar. Según el informe, el transporte de materias primas puede representar entre el 2% y el 15% de las emisiones indirectas del sector.
Los envases constituyen otro desafío relevante. La necesidad de proteger medicamentos altamente sensibles obliga a emplear materiales específicos como plástico, vidrio, aluminio o cartón, cuya fabricación genera emisiones significativas. De hecho, los envases representan el 32% de las emisiones asociadas a la categoría de bienes y servicios adquiridos dentro de la industria farmacéutica.
La industria acelera la descarbonización
Pese a estas dificultades, el sector está avanzando con rapidez. Según los datos presentados por Farmaindustria, el 80% de las compañías farmacéuticas a nivel mundial ya han adquirido compromisos para alcanzar emisiones netas cero o neutralidad climática antes de 2040. Además, el 57% dispone de objetivos de reducción de emisiones alineados con la iniciativa Science Based Targets (SBTi).
En España, la transformación ya muestra resultados tangibles. El 70% de la electricidad utilizada en las más de 111 plantas farmacéuticas dedicadas a medicamentos de uso humano procede de fuentes renovables, mientras que las emisiones de CO₂ del sector se han reducido un 42% desde 2008.
Entre las soluciones identificadas destacan la implantación de principios de química verde para la producción de principios activos, capaces de reducir hasta un 30% las emisiones en determinadas fases de fabricación; la recuperación de calor residual en plantas industriales; la electrificación progresiva de procesos térmicos y la sustitución del transporte aéreo por marítimo cuando las condiciones logísticas lo permiten.
El transporte marítimo, por ejemplo, puede resultar entre cuatro y seis veces más económico y hasta 150 veces menos intensivo en carbono que el transporte aéreo, según los datos recogidos en el informe.
Economía circular y gestión eficiente de residuos
La sostenibilidad farmacéutica no se limita a la reducción de emisiones. La gestión eficiente de recursos y residuos constituye otro de los pilares fundamentales.
Los datos sectoriales muestran que el 82% de las compañías farmacéuticas españolas ya dispone de estrategias de economía circular y que más de la mitad utiliza materiales reciclables o certificados. Gracias a iniciativas de ecodiseño se ha logrado reducir más de un 25% el peso medio de los envases comercializados, ahorrar 1.700 toneladas de materiales de envasado y lanzar al mercado 59 millones de nuevos envases con mejoras ambientales.
Asimismo, la implantación de sistemas de logística inversa para la recogida de medicamentos caducados y envases vacíos genera un ahorro anual adicional de 17.000 toneladas de CO₂.
Las previsiones apuntan a que las medidas de ecodiseño y la incorporación de materiales con menor intensidad de carbono podría reducir hasta un 90% las emisiones asociadas a los envases farmacéuticas de aquí a 2040.
Compromiso de Lilly: neutralidad climática en 2030
Dentro de esta transformación sectorial, Lilly ha fijado un objetivo especialmente ambicioso: alcanzar la neutralidad en carbono de sus operaciones para 2030 en los alcances 1 y 2.
La compañía ha situado la descarbonización como una prioridad transversal en todas sus actividades, desde el diseño de instalaciones hasta la adquisición de equipamiento. Un ejemplo de ello es que toda la electricidad consumida en su planta de Alcobendas durante 2024 procedió de fuentes 100% renovables.
Además, Lilly ha ampliado su instalación fotovoltaica hasta alcanzar una producción anual cercana a los 850.000 kWh, equivalente aproximadamente al 10% de su consumo energético total.
La eficiencia energética constituye otro de los ejes de actuación. Gracias a la incorporación de criterios de eficiencia en proyectos de inversión y renovación de instalaciones, la compañía logró mejorar cerca de un 2% su objetivo de eficiencia energética, alcanzando los 527,8 kWh por metro cuadrado frente al objetivo inicial de 538 kWh/m².
Asimismo, la implantación del modo de funcionamiento "stand-by" en las unidades de tratamiento de aire de varios edificios de la planta de Alcobendas ha permitido ahorrar anualmente 40.000 kWh de electricidad y 50.000 kWh de gas natural.
Menos residuos y más circularidad
La estrategia ambiental de Lilly también incorpora objetivos específicos de economía circular y gestión de residuos. Según los datos presentados por la compañía, el 90% de los residuos industriales generados son no peligrosos, principalmente papel y cartón, blísteres vacíos y residuos orgánicos o compostables. En paralelo, Lilly consiguió reducir en 2024 un 12,19% sus residuos peligrosos, que ya representan menos del 10% del total generado. Además, el 98% de estos residuos peligrosos fueron valorizados.
La compañía destaca igualmente sus avances en ecodiseño de envases, con reducciones del 35% en el uso de plástico y del 34% en aluminio, así como su objetivo de alcanzar el modelo de "cero residuos a vertedero". Actualmente, el 61% de los residuos generados ya se recicla.
En materia hídrica, Lilly reutilizó 11.057 metros cúbicos de agua en torres de refrigeración y mantiene inversiones continuadas en gestión ambiental, que alcanzaron los 784.721 euros.
La conclusión que extrae Lilly es que la sostenibilidad se ha convertido en un factor estratégico para el futuro de la industria farmacéutica. La reducción de emisiones, la eficiencia energética, la economía circular y la innovación en procesos productivos ya no se contemplan únicamente como obligaciones ambientales, sino también como herramientas para reforzar la competitividad, aumentar la resiliencia de las cadenas de suministro y responder a las expectativas de pacientes, reguladores e inversores.