El Parlamento Europeo ha dado un paso decisivo en la lucha contra el cambio climático al aprobar la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en un 90% para 2040 respecto a los niveles de 1990. La medida, que modifica la Ley Europea del Clima, fue respaldada por 413 eurodiputados, con 226 votos en contra y 12 abstenciones, y consolida un objetivo intermedio y jurídicamente vinculante en el camino hacia la neutralidad climática en 2050.
Más allá de su dimensión ambiental y económica, la decisión tiene una lectura clara en términos de salud pública. La reducción drástica de emisiones no solo busca frenar el calentamiento global, sino también disminuir la carga de enfermedad asociada a la contaminación atmosférica, las olas de calor, los fenómenos meteorológicos extremos y la expansión de enfermedades infecciosas vinculadas al clima.
Menos emisiones, menos enfermedad
Los gases de efecto invernadero están estrechamente ligados a la quema de combustibles fósiles, principal fuente también de contaminantes atmosféricos como las partículas finas (PM2,5), el dióxido de nitrógeno (NO₂) o el ozono troposférico. Estos contaminantes están asociados a enfermedades respiratorias, cardiovasculares, cáncer de pulmón y a un aumento de la mortalidad prematura.
Avanzar hacia un recorte del 90% de las emisiones en 2040 implicará acelerar la electrificación, impulsar energías renovables y transformar el transporte y la climatización de edificios, dos sectores especialmente relevantes para la calidad del aire urbano. De hecho, la normativa europea prevé que el régimen de comercio de derechos de emisiones para edificios y transporte por carretera (ETS2) —que cubrirá las emisiones de CO₂ procedentes de la combustión de carburantes en estos ámbitos— entre finalmente en vigor en 2028, tras aplazarse un año.
La nueva normativa introduce cierta flexibilidad para que los Estados miembros alcancen el objetivo de 2040. A partir de 2036, podrán utilizar créditos internacionales de carbono de alta calidad —procedentes de países fuera de la UE— para cubrir hasta cinco puntos porcentuales de la reducción de emisiones. Se trata de dos puntos más que lo propuesto inicialmente por la Comisión Europea. El texto aprobado incluye salvaguardas para evitar que estos créditos financien proyectos contrarios a los intereses estratégicos de la Unión. Asimismo, se permitirá a nivel nacional utilizar la absorción de carbono —por ejemplo, a través de sumideros naturales— para compensar emisiones difíciles de reducir dentro del marco del actual sistema ETS.
Cambio climático y presión sobre los sistemas sanitarios
El nuevo objetivo climático llega en un contexto de creciente presión sobre los sistemas sanitarios europeos debido a los efectos del cambio climático. Las olas de calor son cada vez más frecuentes, intensas y prolongadas, y afectan especialmente a personas mayores, pacientes crónicos y colectivos vulnerables. Las altas temperaturas se asocian a descompensaciones cardiovasculares y respiratorias, golpes de calor y un aumento de la mortalidad.
Además, los eventos extremos —inundaciones, incendios forestales o sequías— generan impactos directos e indirectos sobre la salud física y mental. A ello se suma la expansión de vectores como mosquitos, que favorecen la aparición o reemergencia de enfermedades infecciosas en zonas donde antes eran poco frecuentes.
Reducir las emisiones en un 90% para 2040 es, en este sentido, una medida preventiva de gran alcance. Cada décima de grado que se evite en el aumento de la temperatura global puede traducirse en menos hospitalizaciones, menos urgencias y menor presión asistencial.
La Comisión Europea evaluará cada dos años los avances hacia el objetivo de 2040, teniendo en cuenta los datos científicos más recientes, los avances tecnológicos y la competitividad industrial. También analizará las tendencias de los precios de la energía y su impacto en empresas y hogares, así como el estado de las eliminaciones netas de carbono en la UE.
Tras estas revisiones, la Comisión podrá proponer modificaciones a la legislación climática, lo que podría implicar revisar el propio objetivo de 2040 o reforzar el marco de apoyo. Este mecanismo de seguimiento periódico es clave desde el punto de vista sanitario, ya que permite adaptar la respuesta política a la evidencia científica emergente sobre los riesgos para la salud asociados al cambio climático.
La Ley Europea del Clima convierte en obligación legal la neutralidad climática en 2050 para todos los Estados miembros. Además, mantiene el objetivo de reducir al menos un 55% las emisiones para 2030 respecto a 1990.
El nuevo hito de 2040 actúa como puente entre 2030 y 2050, dando mayor previsibilidad a gobiernos, empresas y ciudadanos. Desde la óptica de la salud pública, esta previsibilidad es esencial para planificar infraestructuras resilientes —hospitales adaptados a temperaturas extremas, sistemas de alerta temprana ante olas de calor o mejoras en la ventilación de edificios— y para integrar la salud en todas las políticas.