A escala global, la generación de residuos urbanos supera ya los 7 millones de toneladas diarias, el equivalente a generar el peso de unas 19 veces el rascacielos neoyorquino Empire State Building cada jornada.
Se trata de una magnitud que refleja la dimensión del desafío analizado por el Banco Mundial en su informe What a Waste 3.0, publicado el pasado mes de marzo a partir de datos de 217 países y 262 ciudades. El estudio advierte de una tendencia creciente que, de mantenerse, podría situar la generación mundial de residuos en torno a 10,5 millones de toneladas diarias en 2050, es decir, un 50% más. También pone de relieve las limitaciones de los sistemas actuales de gestión, en un contexto en el que una parte muy significativa de los residuos generados a nivel mundial no se recoge o se elimina de forma inadecuada, con efectos sobre la salud pública, el medioambiente y el desarrollo económico.
En términos generales, What a Waste 3.0 apunta a la necesidad de avanzar hacia modelos más eficientes en el uso de los recursos, con mayor capacidad de prevención, recuperación de materiales y reducción de impactos. Este planteamiento, vinculado a la economía circular y ya presente en la normativa europea, conecta con líneas de trabajo ya consolidadas en determinados sectores.
En el ámbito farmacéutico español, SIGRE articula un modelo de responsabilidad compartida que involucra a la industria farmacéutica, la distribución y las oficinas de farmacia, permitiendo abordar desde hace 25 años de forma integral el ciclo de vida de los residuos de medicamentos de origen domiciliario.
Se trata de un modelo alineado con los principios de la Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP) y con los objetivos de circularidad previstos en la normativa de residuos.
La RAP es un principio de la política ambiental europea, basado en la premisa de "quien contamina paga", que obliga a los fabricantes y envasadores a asumir la carga financiera y organizativa de la gestión de sus residuos. A través de sistemas individuales o colectivos, esta normativa traslada el coste del reciclaje desde las administraciones públicas hacia las empresas productoras.
SIGRE, el Sistema Colectivo de Responsabilidad Ampliada del Productor (SCRAP) del sector farmacéutico, lleva más de dos décadas gestionando los envases y residuos de medicamentos de origen doméstico, es decir, los generados en los hogares españoles. A partir del 1 de enero de 2025, para dar cumplimiento a las nuevas obligaciones que la normativa en materia de envases impone a los productores, SIGRE amplió su ámbito de actuación a los envases comerciales de medicamentos que se generan en los establecimientos sanitarios y en las instalaciones de la distribución farmacéutica de nuestro país.
Para ello, la Consejería de Medio Ambiente, Agricultura e Interior de la Comunidad de Madrid concedió a SIGRE la correspondiente autorización administrativa como SCRAP, incorporando de forma expresa la prevención como uno de los ejes fundamentales de funcionamiento. En este sentido, la autorización prevé que SIGRE pueda desarrollar planes empresariales de prevención y ecodiseño (PEPE) orientados a reducir el uso de recursos no renovables, aumentar la presencia de materiales reciclados y mejorar la reciclabilidad de los envases farmacéuticos. Se refuerza así una visión que trasciende la fase final del residuo y sitúa el foco en el propio diseño del envase, como palanca esencial para disminuir su impacto ambiental a lo largo de todo el ciclo de vida.
Este planteamiento resulta especialmente relevante en un sector como el farmacéutico, donde cualquier mejora debe ser compatible con exigencias muy estrictas de seguridad, conservación y calidad del medicamento. Precisamente por ello, el ecodiseño adquiere un valor estratégico: permite avanzar en sostenibilidad sin comprometer la función esencial del envase.
Dentro de esta estrategia de sostenibilidad destaca el lanzamiento a finales del año 2023 del nuevo Plan Empresarial de Prevención y Ecodiseño (PEPE) de envases del sector farmacéutico para el periodo 2024-2028. Se trata del noveno plan que acomete la industria farmacéutica para seguir progresando en la aplicación de los principios de la economía circular y así reducir el tamaño y espesor de los envases farmacéuticos, mejorar su reciclabilidad y minimizar su impacto ambiental.
El PEPE, que permitirá contribuir al cumplimiento de los objetivos de prevención establecidos en la normativa sobre envases, tiene como meta reducir entre el 1 y el 1,5 % el peso de los envases de medicamentos y prevé incrementar en un 5 % el número de iniciativas cualitativas que favorezcan la reciclabilidad de los envases y minimicen su impacto ambiental.
Un desafío considerable, teniendo en cuenta los logros obtenidos previamente y los estrictos requisitos que deben cumplir los envases de medicamentos. Sin embargo, las compañías farmacéuticas lo han afrontado con una perspectiva ambiciosa, tal como evidencian las más de 200 empresas participantes, que representan el 93 % de las unidades de envases comercializados y el 90 % del peso total de estos.
El compromiso de la industria farmacéutica con la sostenibilidad ambiental ha permitido que en todos los planes de prevención se haya dado cumplimiento a los objetivos fijados e, incluso, a la obtención de unos resultados más favorables a los previstos inicialmente.
Prueba de ello es que, desde el año 2000, las compañías farmacéuticas han puesto en marcha más de 3.500 iniciativas de mejora ambiental, consiguiendo que actualmente uno de cada tres medicamentos comercializados en España incorpore alguna medida de ecodiseño en sus envases para ser más respetuoso con el entorno.
Estos planes también tienen un efecto tractor sobre toda la cadena de valor del medicamento y refuerzan el compromiso colectivo del sector con la economía circular. En definitiva, este plan es un ejemplo de cómo la industria farmacéutica está sabiendo anticiparse a los retos ambientales, trabajando con visión de largo plazo y con un enfoque claramente alineado con los objetivos europeos de sostenibilidad ambiental y One Health.