La transparencia como antídoto frente al greenwashing

Credibilidad, trazabilidad y coherencia entre lo que una organización dice y lo que realmente hace es la forma en que debe comunicarse la sostenibilidad

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La sostenibilidad ha dejado de ser una declaración de intenciones para convertirse en un ejercicio de responsabilidad, rigor y transparencia. En un contexto en el que pacientes, administraciones, clientes y demás grupos de interés demandan información clara sobre el impacto ambiental de productos y servicios, comunicar bien es tan importante como actuar bien. Y, sobre todo, exige demostrar con hechos aquello que se afirma.

Europa avanza con decisión en esta dirección. La Directiva (UE) 2024/825, conocida como Directiva contra el Greenwashing o de lucha contra el ecoblanqueo, refuerza la protección de los consumidores frente a prácticas comerciales desleales y mensajes ambientales vagos, genéricos o no verificables. Su objetivo es claro: que las personas puedan tomar decisiones informadas en la transición ecológica, basadas en datos fiables y no en reclamos ambiguos como «verde», «respetuoso con el medioambiente» o «eco-friendly» cuando no estén debidamente justificados.

En España, el Anteproyecto de Ley de Consumo Sostenible, impulsado por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, ya está transponiendo esta Directiva para combatir prácticas como el citado greenwashing, la obsolescencia temprana o la falta de información relevante para el consumidor.

Este contexto normativo confirma una tendencia de fondo: la sostenibilidad no puede construirse sobre percepciones, sino sobre evidencias. La comunicación ambiental debe ser precisa, proporcionada y verificable. De lo contrario, corre el riesgo de generar el efecto contrario al deseado: desconfianza.

Por ello, frente al greenwashing, cada vez cobra más fuerza el concepto de greentrusting: una forma de comunicar la sostenibilidad basada en la credibilidad, la trazabilidad y la coherencia entre lo que una organización dice y lo que realmente hace. No basta con comunicar compromisos futuros ni con destacar beneficios ambientales aislados. Las organizaciones deben explicar qué hacen, cómo lo hacen, qué resultados obtienen y bajo qué criterios miden sus avances. La transparencia implica ofrecer información comprensible, específica, verificable y proporcionada, evitando exageraciones o silencios que puedan inducir a error.

El sector farmacéutico conoce bien el valor de la confianza. Su actividad se apoya en la integridad, la objetividad, el cumplimiento normativo y el adecuado uso de la información en sus relaciones con autoridades, profesionales sanitarios, organizaciones de pacientes y sociedad en general. Ese mismo enfoque resulta imprescindible cuando se habla de medio ambiente. Porque cuidar de la salud de las personas también exige cuidar de la salud de la naturaleza.

En este ámbito, SIGRE representa desde hace veinticinco años el compromiso colectivo del sector farmacéutico con la correcta gestión ambiental de los residuos de medicamentos y sus envases. Pero su legitimidad no descansa únicamente en su trayectoria, sino en una forma de trabajar basada en la transparencia, la escucha activa, el control y la mejora continua.

La transparencia se refleja en su forma de rendir cuentas. La publicación periódica de memorias de sostenibilidad, elaboradas conforme a estándares internacionales como los de la Global Reporting Initiative (GRI), permite trasladar a las partes interesadas información sobre la actividad, los resultados y los avances de la entidad. Esta práctica responde precisamente a lo que demandan las nuevas normas y la sociedad: datos, trazabilidad y claridad.

Como parte de esta rendición de cuentas, SIGRE remite cada año a las Administraciones Públicas información detallada sobre la evolución del sistema, los resultados alcanzados y su desempeño ambiental. En 2026, entre otros documentos, presentó el informe anual de actividad correspondiente al ejercicio 2025, la información requerida sobre la gestión de los envases comerciales e industriales de medicamentos y el Plan de Comunicación 2026. Esta relación permanente con los poderes públicos refuerza la seguridad jurídica, la supervisión institucional y la alineación del sistema con los objetivos de salud pública y sostenibilidad.

A ello se suma la realización de auditorías externas, que aportan una verificación independiente sobre aspectos clave del funcionamiento de SIGRE. En un momento en el que la nueva normativa europea exige huir de afirmaciones ambientales no fundamentadas, la auditoría y la certificación se convierten en herramientas esenciales para diferenciar la comunicación responsable de los mensajes meramente declarativos.

Un ejemplo de escucha activa son los sondeos de opinión que SIGRE realiza periódicamente entre sus principales grupos de interés. Estas consultas permiten comprobar si la información trasladada es clara, útil y suficiente, así como identificar nuevas necesidades de comunicación. En el último sondeo realizado a farmacéuticos, el 94% afirmó disponer de información suficiente para resolver las dudas que los ciudadanos les plantean sobre lo que se puede depositar en el Punto SIGRE, alcanzándose en 2025 el máximo histórico de este indicador. Además, el 94% valoró positivamente la colaboración entre la industria farmacéutica y las farmacias, a través de SIGRE, para cuidar el medio ambiente. Estos datos muestran que el Punto SIGRE no es solo un contenedor, sino un espacio de información, educación sanitaria y compromiso ambiental.

La confianza también se construye desde dentro. Por eso, SIGRE cuenta con un sistema de compliance orientado a reforzar la cultura de cumplimiento, la integridad y la prevención de riesgos en su actividad. En un entorno regulatorio cada vez más exigente, disponer de mecanismos internos de control resulta clave para garantizar que las decisiones y procesos de la entidad se desarrollan conforme a la normativa aplicable y a los principios de buen gobierno.

En tiempos de mayor exigencia frente al greenwashing, la mejor respuesta es el greentrusting: hacer, medir, verificar y comunicar con rigor. Ese es el camino para reforzar el papel del sector farmacéutico como aliado en la transición ecológica. Porque cuidar de nuestra salud y cuidar de la salud de la naturaleza forman parte de un mismo compromiso.


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