2026: el año de consolidar el valor sanitario de la farmacia

“Avanzar hacia una especialidad reconocida no solo reforzaría el sistema de salud pública, sino que abriría nuevas vías de desarrollo profesional, aportando valor añadido y una respuesta más eficaz ante los desafíos”

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El año 2026 se presenta como un punto de inflexión para la profesión farmacéutica. Tras años de transformación acelerada del sistema sanitario, de cambios sociales profundos y de nuevas demandas por parte de la ciudadanía, la farmacia se encuentra ante una oportunidad histórica: consolidar su papel como agente sanitario imprescindible, cercano y resolutivo. Pero esta oportunidad conlleva retos que exigen visión, coordinación y decisiones valientes.

Uno de los grandes retos que afronta la farmacia en 2026 es consolidar la coordinación con la atención primaria, especialmente en el ámbito del uso adecuado de los medicamentos y la salud pública. En Sevilla ya venimos trabajando en esta línea, impulsando experiencias de cuidado compartido que demuestran que la colaboración entre farmacéuticos comunitarios y profesionales de atención primaria mejora la continuidad asistencial, refuerza la adherencia a los tratamientos y sitúa al paciente en el centro del sistema.

Este camino iniciado a nivel provincial, encuentra ahora un fuerte impulso con el anuncio de la Junta de Andalucía, que prevé permitir que las farmacias puedan renovar determinados tratamientos a pacientes crónicos, siempre en coordinación con el sistema sanitario público. El reto para 2026 será transformar estos avances en un modelo estable, homogéneo y evaluable, que integre plenamente a la farmacia comunitaria como aliada estratégica de la atención primaria y de las políticas de salud pública.

Otro de los grandes retos de 2026 es avanzar decididamente en la creación de una carrera profesional que, de prestigio a la farmacia comunitaria, especialmente entre los jóvenes egresados. Cada año salen de nuestras universidades profesionales altamente cualificados, con una formación científica excelente, pero con una percepción, en muchos casos, limitada de las posibilidades de desarrollo profesional dentro de la farmacia comunitaria. Necesitamos ofrecer itinerarios claros de crecimiento, reconocimiento del mérito, especialización y liderazgo profesional.

La farmacia comunitaria debe ser vista como un espacio de desarrollo sanitario, de innovación asistencial y de impacto social. Para ello, resulta clave trabajar conjuntamente con las administraciones, las universidades y las organizaciones profesionales, generando un ámbito que permita retener talento y reforzar el compromiso de las nuevas generaciones con una farmacia moderna, asistencial y orientada al paciente.

En este contexto, la apertura de las nuevas oficinas de farmacia derivadas del concurso andaluz constituye otro hito relevante. La planificación farmacéutica no es solo una cuestión administrativa; es una herramienta de equidad. Garantizar el acceso al medicamento y a los servicios farmacéuticos en todo el territorio, especialmente en zonas con crecimiento poblacional o con mayores necesidades asistenciales, es una prioridad sanitaria

La puesta en marcha de estas nuevas farmacias debe ir acompañada de una reflexión estratégica sobre el modelo de farmacia que queremos impulsar: una farmacia integrada en su entorno, conectada con el sistema sanitario, comprometida con la salud comunitaria y capaz de adaptarse a los cambios demográficos y sociales.

Precisamente, la potenciación del papel de los farmacéuticos de salud pública mediante el desarrollo de una especialidad es otro de los grandes retos que no podemos aplazar. Las crisis sanitarias dejan claro que la salud pública necesita profesionales preparados, con competencias específicas y capacidad de intervención en ámbitos como la vigilancia epidemiológica, la educación sanitaria o la prevención. El farmacéutico, por su formación y experiencia, tiene un encaje natural en este ámbito.

Avanzar hacia una especialidad reconocida no solo reforzaría el sistema de salud pública, sino que abriría nuevas vías de desarrollo profesional, aportando valor añadido a la profesión y contribuyendo a una respuesta más eficaz ante los desafíos sanitarios presentes y futuros.

El año 2026 debe ser, en definitiva, el año de la consolidación. De consolidar alianzas, de consolidar el talento joven, de consolidar un modelo de farmacia comprometido con la salud de la población y de consolidar el reconocimiento social e institucional de una profesión sanitaria esencial. La farmacia tiene el conocimiento, la cercanía y la vocación. El reto es convertir todo ese potencial en resultados tangibles para el sistema sanitario y para la sociedad.

*Jaime Román es presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Sevilla.