Desde la salida del COVID, hemos ido ganando la vida que teníamos antes, la actividad económica, y la ilusión por seguir construyendo una vez aprendidos de la pandemia los errores y los aciertos. Sin embargo la farmacia española, aunque reividicadísima tras la pandemia y con una imagen social incólume, sigue estancada. Tanto profesionalmente como económicamente. Las sucesivas OPR apenas están rindiendo ahorros al SNS, pero a nuestro juicio están comprometiendo la integridad de la cobertura de la prestación farmacéutica, por el desinterés económico de las presentaciones más baratas.

De cara a la consulta pública del RD de precios y financiación del Ministerio de Sanidad, en FEFE hemos propuesto un precio mínimo de 3,50€ PVP por presentación, por debajo del cual no se someta a precios de referencia, con la intención de dar sostenibilidad a esa franja numerosa de medicamentos. Y es que tanto el mayorista como el minorista apenas cubre costes en ese suelo, no digamos ya las presentaciones que van por debajo del euro, que nos están costando dinero a toda la cadena.
Lo que está aconteciendo este año con MUFACE, debería hacernos reflexionar a todos cómo está de tensionado el sistema. Junto a las aseguradoras, estamos viendo a los hospitales y a los propios médicos en ejercicio libre que reclaman una actualización de los precios de sus servicios. Pues algo similar nos está pasando a los farmacéuticos. Para poder remunerar adecuadamente a todos los profesionales farmacéuticos, necesitamos que los pagos por la prestación farmacéutica sean sostenibles para nuestra infraestructura, dignos para que persista el interés en perpetuar las farmacias rurales, pequeñas y de barrio, y para que los adjuntos mejoren sus condiciones por una mejor prestación farmacéutica y no solamente por un mejor desempeño comercial.
La tendencia actual, hace que apenas hayamos igualado la factura farmacéutica de 2011 en 2025, a pesar de la inflación. Si miramos la factura farmacéutica hospitalaria, vemos que es mayor a PVL que la nuestra, por lo que podemos hacernos una idea de lo que ha pasado en estos 14 años, y sigue pasando todavía. No hay innovación en la farmacia de proximidad. El Observatorio del Medicamento de FEFE viene alertando que en este ecosistema, los incentivos para los farmacéuticos son claramente la venta libre, la OTC, y la receta privada, para tener crecimientos económicos que compensen lo que nos ocurre con la prestación farmacéutica depauperada. Además, la falta de actividad profesional clínica con remuneración (como la vacunación, las analíticas sencillas, los servicios de consejo farmacéutico complementarios a la dispensación de medicamentos, etc.), no hace sino reforzar el mensaje de que la dimensión comercial es la única salida que queda. Así, cuando un responsable político, o técnico, nos afea nuestro ánimo comercial, le comparto estos datos y este argumento, para dirigir buena parte de la responsabilidad de la situación a su falta de apoyo al sector.
“Para remunerar adecuadamente a todos los profesionales farmacéuticos, necesitamos que los pagos por la prestación farmacéutica sean sostenibles para nuestra infraestructura”
Creo que es urgente que nuestra profesión se reivindique pidiendo ejercer las competencias profesionales que tiene la farmacia per se, de manera independiente, libre, responsable, y dotada con honorarios dignos (la ausencia de honorarios profesionales siempre he pensado que debería ser recogida como falta grave deontológica en cualquier profesión liberal e independiente).
Creo que es flagrante la necesidad de remunerar las guardias obligatorias a los profesionales que materialmente las realizan, por quien obliga a hacerlas. Esta idea está compartida con los sindicatos del sector, y desde FEFE nos gustaría encontrarnos públicamente para que todo nuestro diálogo social tenga una voz única en este tema. Y nos sería de gran ayuda para buscar acuerdos en torno a la negociación del convenio colectivo, donde el horario, la conciliación, y las obligaciones de apertura que impone la administración por encima de las jornadas que el Estatuto de los trabajadores considera dignas, son el asunto de mayor discusión.
Este es un sector de pequeños centros de trabajo, deslocalizados, de proximidad, independientes, e intensivos en horario. Con los estándares actuales, y la remuneración que el sector recibe, no es atractivo, no le renta a las nuevas generaciones de farmacéuticos, donde todos hablan inglés, y como el resto de profesionales sanitarios, tienen las opciones de salir del país para ganar más, o si no van a ganar suficiente, buscar trabajar la menor jornada posible para hacer cosas complementarias.
Por último, creo que el desarrollo de la prescripción electrónica, que ya he calificado otras veces como la verdadera revolución digital sanitaria, puede ayudar a resolver los problemas de conciliación profesional. Debemos participar los farmacéuticos en estos desarrollos dando feedback de usuario a sus desarrolladores de manera directa. Tenemos que lograr que este vehículo permita investigaciones, permita la implementación de las reglas de reembolso y obligaciones de información del farmacéutico para liberarnos burocracia, y tenemos que hacer que la comunicación entre profesionales encuentre su sitio alrededor de la receta, para que e del flujo de trabajo de todos los sanitarios la coordinación interprofesional esté presente. Seamos optimistas y hagamos entre todo el sector que estas ideas pasen, en términos aristotélicos, de potencia hacia acto.
*Luis de Palacio es el presidente de la Federación Empresarial de Farmacéuticos Españoles (FEFE).