Retos de la Farmacia: una visión desde la empresa sanitaria

“La farmacia es, además de un establecimiento sanitario, una empresa. Y como tal, debe gestionarse con criterios profesionales. La gestión del talento, el relevo generacional o la digitalización son desafíos”

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El año 2025 ha vuelto a poner de manifiesto que la oficina de farmacia es una pieza esencial del sistema sanitario, pero también que atraviesa un momento especialmente complejo desde el punto de vista empresarial. De cara a 2026, el principal reto del sector no es tanto demostrar su utilidad, sobradamente acreditada, como garantizar la sostenibilidad de un modelo que ha sido clave para la cohesión sanitaria y social de nuestro país.

La Farmacia española afronta el futuro en un contexto marcado por una presión creciente sobre sus márgenes. Las continuas bajadas de precios de los medicamentos, unidas a un sistema retributivo prácticamente inalterado desde hace años, han ido erosionando de forma progresiva la rentabilidad de muchas oficinas de farmacia. Esta realidad afecta especialmente a las pequeñas y medianas farmacias, que constituyen la mayoría del tejido farmacéutico y que sostienen, día a día, la capilaridad del sistema.

A esta situación se suma uno de los problemas más persistentes de los últimos años, la escasez de medicamentos. Lo que comenzó como un fenómeno puntual se ha convertido en un hecho habitual. Para el farmacéutico titular, gestionar la falta de suministro supone una carga operativa enorme, una inversión de tiempo no reconocida y, en muchos casos, un desgaste en la relación con el paciente. De cara a 2026, resulta imprescindible avanzar hacia soluciones estructurales, algunas muy fáciles de implementar con una pequeña modificación normativa, que vayan más allá de medidas coyunturales y que impliquen a toda la cadena del medicamento.

Otro de los grandes retos del sector es la necesidad de estabilidad normativa y seguridad jurídica. La Farmacia necesita un marco regulatorio previsible, coherente y respetuoso con el modelo, que permita planificar inversiones y proyectos a medio y largo plazo. Las decisiones cortoplacistas o desconectadas de la realidad económica de las farmacias generan incertidumbre y ponen en riesgo la viabilidad de muchos establecimientos.

La farmacia es, además de un establecimiento sanitario, una empresa. Y como tal, debe poder gestionarse con criterios profesionales. La gestión del talento, el relevo generacional, la digitalización de procesos y la adaptación a nuevas formas de relación con el paciente son desafíos que requieren recursos, formación e inversión. En este ámbito, resulta igualmente imprescindible avanzar hacia un marco laboral moderno y equilibrado, adaptado a la realidad actual de las farmacias. Un convenio colectivo actualizado debe permitir compatibilizar la sostenibilidad empresarial con la estabilidad y el reconocimiento de los profesionales que trabajan en la oficina de farmacia, facilitando la atracción y retención de talento, el relevo generacional y una organización del trabajo acorde con las nuevas funciones asistenciales que se demandan al sector.

En este contexto, la relación entre la Farmacia y la Administración debe evolucionar hacia un modelo de colaboración real. La red de farmacias ha demostrado sobradamente su capacidad de respuesta en situaciones críticas y su cercanía al ciudadano es más que evidente. De cara a 2026, sería necesario que esta colaboración se traduzca en políticas sanitarias que cuenten con la Farmacia como aliada estratégica, y no únicamente como un instrumento al que recurrir de forma puntual. Una integración plena en el Sistema Nacional de Salud implica, además, el reconocimiento efectivo de las funciones asistenciales que la Farmacia ya está preparada para asumir —en ámbitos como la prevención, la adherencia o el seguimiento farmacoterapéutico—, así como una remuneración adecuada y estable de estos servicios, condición indispensable para garantizar su sostenibilidad y reforzar la cohesión del sector

La Farmacia también debe afrontar el reto de mantener su identidad en un entorno cada vez más cambiante. Preservar el modelo mediterráneo de Farmacia, basado en la titularidad profesional, la planificación y la proximidad, es fundamental para garantizar el acceso al medicamento y a la atención farmacéutica en cualquier rincón de España. Este modelo es una garantía de calidad y cohesión territorial.
Mirando a 2026, el sector farmacéutico necesita un debate sereno y profundo sobre su futuro. Un debate que sitúe en el centro la sostenibilidad económica, el reconocimiento del papel del farmacéutico y la necesidad de decisiones valientes que aseguren la continuidad de un modelo que funciona y que aporta valor al sistema sanitario.

Afrontar con éxito los retos de 2026 exige abordar de manera conjunta la sostenibilidad económica, la estabilidad normativa, la modernización de la gestión y del marco laboral, la adaptación al nuevo paciente y una integración real de la Farmacia en el SNS, siempre desde la unidad y la responsabilidad compartida del sector.

La Farmacia ha demostrado su compromiso con la salud de los ciudadanos. Ahora es el momento de que ese compromiso tenga una respuesta clara, coherente y responsable por parte de todos los actores implicados. Solo así podremos afrontar 2026 con un sector fuerte, viable y preparado para seguir cumpliendo su función social y sanitaria.

*Ana Oliver es presidenta de FEFE y de la Asociación de Empresarios Farmacéuticos de Madrid (Adefarma).