La farmacia garantiza la equidad en el acceso a la atención sanitaria

“Desde una perspectiva social y sanitaria, la farmacia representa un recurso plenamente disponible, preparado y aprovechable, complementario a otros colectivos profesionales que trabajan cada día por mejorar la salud de la población”

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Para los meses venideros, desde la farmacia comunitaria realizamos una reflexión consciente sobre los retos que tenemos por delante. Nuestro desarrollo dentro del sector sanitario avanza a un ritmo vertiginoso y los farmacéuticos, especialmente en el ámbito comunitario, estamos inmersos en un proceso continuo de formación y adaptación, siempre con el objetivo de aportar valor profesional y social a nuestro entorno. Aun así, somos plenamente conscientes de que existen ámbitos en los que es necesario seguir avanzando, y de que este es el momento de fijar con claridad los objetivos que deben marcar el rumbo de la farmacia en 2026.

La red de farmacias constituye una de las infraestructuras sanitarias más capilares, accesibles y consolidadas de nuestro país. Presente en grandes ciudades, barrios y pequeños núcleos rurales —en muchos casos allí donde no existe ningún otro recurso sanitario cercano—, la farmacia garantiza la equidad en el acceso a la atención sanitaria. Esta cercanía convierte al farmacéutico en el profesional sanitario más accesible para la ciudadanía, sin necesidad de cita previa, y en una figura de confianza para millones de personas que encuentran en la farmacia un primer punto de escucha y orientación en salud.

Como colectivo que integra a más de 80.000 profesionales, agrupados en más de 50 colegios profesionales, resulta imprescindible participar activamente en todas las revisiones legislativas que afecten al medicamento, a la sanidad y a la propia farmacia. La experiencia acumulada demuestra que la profesión farmacéutica no solo está preparada para asumir este papel, sino que ha venido haciéndolo de forma responsable y eficaz a lo largo de los años. Desde ese recorrido, la farmacia puede contribuir de manera decisiva a la construcción de un marco normativo que proteja la salud del ciudadano y permita aprovechar plenamente el potencial profesional del farmacéutico para hacer más eficiente el sistema sanitario público.

Existen servicios profesionales asistenciales en los que la farmacia comunitaria aporta un valor incuestionable, algo que quedó claramente reflejado durante la pandemia. Pacientes crónicos, polimedicados o personas sin una red familiar o asistencial sólida encuentran en su farmacia un aliado sanitario de primer nivel, capaz de acompañar, orientar y realizar un seguimiento continuado de su salud, descargando además de presión a otros niveles asistenciales.

En el caso de Galicia, esta función adquiere una relevancia particular. El envejecimiento poblacional y la dispersión geográfica configuran un escenario en el que la farmacia desempeña un papel clave en la intersección entre lo sanitario y lo social. La detección de situaciones de soledad no deseada, el apoyo en contextos de violencia de género o la cooperación con asociaciones y federaciones de pacientes forman parte de una labor diaria que, aunque a menudo silenciosa, resulta esencial para el bienestar de la población.

Esta labor social y sanitaria, asumida de forma constante por las farmacias, debe ser reconocida e integrada de manera efectiva por la administración. El desarrollo de programas asistenciales que contemplen la remuneración de servicios no solo supondría un reconocimiento justo al trabajo profesional realizado, sino que permitiría consolidar un modelo que beneficia directamente al ciudadano y refuerza a la farmacia como uno de los pilares del sistema sanitario.

En un contexto marcado por la Inteligencia Artificial, la digitalización y el auge de las redes sociales, la realidad diaria sigue demostrando que la ciudadanía acude al mostrador de la farmacia en busca de un espacio cercano donde compartir inquietudes, dudas y consultas de salud. Los datos del sector son claros: el 60% de la población acude antes a la farmacia que al médico, y uno de cada tres pacientes sale de la farmacia únicamente con un consejo profesional. A esta función asistencial se dedican muchas horas de trabajo diario, que se traducen en cerca de 182 millones de consejos al año.

La colaboración con la administración gallega a través de iniciativas como la red de farmacias centinela es un ejemplo de cómo la farmacia puede integrarse de forma eficaz en estrategias de salud pública. La notificación de datos sobre dispensación de antigripales, test o mascarillas contribuye a anticipar picos de infecciones respiratorias y a planificar mejor la asistencia sanitaria, además de reforzar la prevención, promover la vacunación, informar a la población y proteger a los grupos de riesgo.

En esencia, la farmacia sigue siendo el puente natural entre el médico y el paciente. Hacemos accesible el medicamento, pero también somos determinantes para que el tratamiento sea eficaz, ya que el seguimiento farmacéutico puede reducir hasta en un 56% los problemas de salud. Desde una perspectiva social y sanitaria, la farmacia representa un recurso plenamente disponible, preparado y aprovechable, complementario a otros colectivos profesionales que trabajan cada día por mejorar la salud de la población.

Desde esta visión, el deseo para 2026 es seguir avanzando en este compromiso compartido del sector sanitario orientado a mejorar la vida de las personas. La farmacia comunitaria ha demostrado estar a la altura de este reto. Integrarla plenamente en las políticas sanitarias no es solo una oportunidad, sino una necesidad para construir un sistema más cercano, eficiente y centrado en el ciudadano.

*Sara Catrain González es presidenta del Colegio Oficial de Farmacéuticos de A Coruña.