Muchos son los retos a los que se enfrenta el entorno sanitario en estos días, muchos, si no la mayoría, interrelacionados entre sí. Y parejos van a estos los retos del sector farmacéutico, pues el impacto que en el primero tienen los cambios y retos demográficos, sociales, tecnológicos, epidemiológicos, y económicos dejan sin duda en el sector farmacéutico la necesidad de contribuir a dar respuesta a los mismos, salvaguardando el seguir contando con un sistema sanitario global que permita evolucionar para no sólo dar respuesta al mejor tratamiento de la enfermedad, sino el de evolucionar para comenzar hablar de salud global.

De entre los retos, destacan algunos cuyo impacto es innegable, y su llegada, progresiva pero imparable. Lo es así el avance del envejecimiento, la cronicidad y dependencia; los avances clínicos, asociados en muchos casos al avance tecnológico, que han puesto en primera línea innovaciones terapéuticas; y otras, que, sin embargo, quizás no lo son tanto. Unas y otras van a seguir llegando, pero todas van acompañadas cada vez más de un enorme impacto económico, y llevan por tanto asociado el reto de la búsqueda de la eficiencia, que haga sostenible el sistema en el que nos movemos. Hay otros avances tecnológicos que asoman a nuestras puertas para ayudarnos a reducir las ineficiencias, avances que se presumen disruptivos como las inteligencias- ya sean predictivas o generativas-, que deben contribuir, entre otros fines, a la innovación en los procesos.
Sin embargo, en la búsqueda de la mejor respuesta para adaptarnos a todos los retos del ámbito sanitario y farmacéutico, se generan los retos organizativos. La fragmentación, la necesidad de trasladar el cuidado al ámbito social, de acercar los cuidados a los pacientes y los cambios en los centros sanitarios que esto produce, la accesibilidad en todas sus orientaciones, o la sostenibilidad medioambiental.
Es en este entorno en el que se abordarán y afrontarán presumiblemente en el año que empieza, los grandes cambios normativos del ámbito farmacéutico. Cambios desde la normativa básica farmacéutica que traspondrá algunos de los dictados del paquete farmacéutico europeo, como la actualización de la Ley de Garantías y Uso Racional del Medicamento, o el Real Decreto de evaluación de tecnologías sanitarias o el de precio y financiación actualmente en consulta pública.
Estos cambios pretenden dar respuesta a muchos de los retos planteados previamente, y actualizar la normativa básica farmacéutica para adaptarse a la realidad social, terapéutica y tecnológica actual. En este punto creo que vale la pena hacer una reflexión. Y es que más allá de adaptarse, los desarrollos normativos a plantear tienen dos enormes responsabilidades adicionales. Por una parte, deben prever y plantear soluciones a las necesidades de un futuro inmediato en el ámbito farmacéutico, que sin duda tiene la sostenibilidad económica y la necesidad de facilitar el acceso a los pacientes de los avances terapéuticos, entre sus mayores apremios; y por otra, reconocer y poner en valor lo construido de manera rigurosa por sus profesionales y avanzar a partir de las ineficiencias detectadas, sin deconstruir lo valioso de lo realizado. Los nuevos tiempos plantean como irrenunciables valores como la transparencia, el rigor científico técnico, la interdisciplinaridad y participación de los profesionales y la voz de los pacientes. Y que el orden, en el terreno farmacéutico, a veces sí altera el producto.
“Los desarrollos normativos deben prever y plantear soluciones a las necesidades de un futuro inmediato en el ámbito farmacéutico y reconocer lo construido de manera rigurosa por sus profesionales”
Y por último, seamos honestos, nunca los profesionales estuvieron mejor formados técnicamente y los pacientes más informados. Seamos valientes, y no sólo contemplemos avances profesionales en el ámbito comunitario para habilitar cambios de presentaciones y formas de dosificación para dar solución a necesidades ante desabastecimientos, sino que debemos abordar, en el ámbito de la especialización, no sólo el incluir a los profesionales de atención primaria, sino la evolución en las funciones básicas de los actuales farmacéuticos especialistas en farmacia hospitalaria, contemplando aquellas labores que en el contexto del trabajo integrado en los equipos multidisciplinares ya se realizan, como es la adecuación terapéutica, deprescribiendo o ajustando pautas posológicas según situación clínica y funcional del paciente, a través de actividades de farmacocinética clínica, farmacogenética y farmacogenómica, contribuyendo de esta manera a la eficiencia, a la optimización y la individualización terapéutica a través la medicina de precisión.
Muchos son por tanto los retos, tantos como lo son las expectativas. Sólo queda por plantear la necesidad de que los cambios prevean la dotación adecuada para todas las reformas que se plantean, aspecto clave que las haga posible de manera efectiva, y el deseo de que se tenga en consideración la voz de los profesionales implicados para contribuir a que objetivos y resultados se alineen, para beneficio de los pacientes, del sistema y de la sociedad.
*Cecilia Martínez Fernández- Llamazares es presidenta de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH).