La UE aplaude mientras la inversión farmacéutica mira a Estados Unidos

La paradoja es que Bruselas parece no ser plenamente consciente de la dimensión estratégica de estas inversiones. No hablamos únicamente de crecimiento económico o empleo cualificado, sino de autonomía sanitaria, resiliencia y capacidad de respuesta ante crisis futuras

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La Comisión Europea ha presentado el nuevo paquete farmacéutico con un entusiasmo que contrasta llamativamente con la lectura que hace el propio sector. Según la EFPIA, el plan no es suficientemente sólido para garantizar la competitividad de la industria farmacéutica europea. Y ese matiz no es menor: hablamos de un sector que puede redirigir sus inversiones globales con relativa facilidad.

La industria farmacéutica innovadora no está anclada al territorio. La investigación, el desarrollo clínico y la producción avanzada se deciden en función de marcos regulatorios, incentivos, protección de la propiedad intelectual y previsibilidad a largo plazo. Cuando esos elementos se debilitan, el capital simplemente se desplaza.

El riesgo de quedarse atrás

EFPIA es clara: con el nuevo paquete, Europa sigue perdiendo atractivo frente a Estados Unidos. No se trata solo de percepción, sino de hechos acumulados durante dos décadas: pérdida de cuota global de inversión en I+D, descenso de ensayos clínicos y menor velocidad de acceso a la innovación.

Mientras tanto, Estados Unidos —incluso bajo una presidencia tan controvertida como la de Donald Trump— ha demostrado algo esencial: protege activamente a su industria estratégica. Puede hacerlo desde el proteccionismo, desde incentivos fiscales o desde una defensa firme de la propiedad intelectual. El enfoque puede gustar más o menos, pero el resultado es evidente: la inversión se queda.

Europa, en cambio, parece empeñada en competir consigo misma.

Un mensaje preocupante al mercado

El problema del paquete farmacéutico no es solo lo que incluye, sino lo que transmite. Cuando el propio sector advierte de que los incentivos son insuficientes, que se erosionan mecanismos clave de protección y que no se corrige el diferencial con otras regiones, el mensaje al inversor es claro: Europa no es prioridad.

La paradoja es que Bruselas parece no ser plenamente consciente de la dimensión estratégica de estas inversiones. No hablamos únicamente de crecimiento económico o empleo cualificado, sino de autonomía sanitaria, resiliencia y capacidad de respuesta ante crisis futuras.

https://elglobalfarma.com/industria/efpia-nuevo-paquete-farmaceutico-europeo

El efecto retardado de las malas decisiones

Quizá el mayor riesgo sea político. Los efectos de estas decisiones no se verán de inmediato. Tardarán años en materializarse, cuando los centros de investigación no se instalen, cuando los ensayos no se lancen, cuando las plantas no se amplíen. Y para entonces, quienes tomaron estas decisiones ya no estarán en sus cargos.

Pero la pérdida será estructural y difícilmente reversible.

Menos entusiasmo y más realismo

Por todo ello, la presentación del plan no debería hacerse con tanta euforia institucional. Al menos, no sin reconocer que el propio sector farmacéutico lo considera insuficiente y observa con creciente preocupación cómo Estados Unidos ofrece un entorno más protector y predecible.

Europa no necesita copiar el modelo estadounidense. Pero sí debería tratar mejor a los suyos, aunque solo sea para evitar comparaciones que hoy la dejan en evidencia. Porque en un sector global, altamente móvil y estratégico, la complacencia se paga cara.

Y cuando se quiera corregir el rumbo, puede que ya sea demasiado tarde.