WAIT: avances, pero aún queda por mejorar

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España mejora en el acceso a la innovación y eso conviene reconocerlo. El último informe WAIT confirma una reducción significativa de los tiempos de acceso a medicamentos innovadores en nuestro país. Descender en 79 días no es un dato menor en un sistema históricamente señalado (en varias legislaturas) por la lentitud en los procesos de financiación y disponibilidad de la innovación terapéutica.

La noticia, por tanto, es positiva. Existe una evolución favorable y sería injusto ignorarla. En los últimos años se han producido avances administrativos, una mayor conciencia política sobre el problema y también un esfuerzo evidente por parte del Ministerio de Sanidad y de la DG de Cartera Común y Farmacia para agilizar determinados procedimientos. Todo ello empieza a reflejarse en los indicadores.

Sin embargo, conviene evitar triunfalismos prematuros. Porque la realidad es que España continúa lejos de los grandes países europeos en acceso efectivo a la innovación farmacéutica. Y eso no es una percepción sino un hecho que muestran tanto los datos del WAIT como la experiencia real de las partes implicadas.

"el acceso existe, pero no siempre es homogéneo, ni rápido, ni plenamente alineado con el potencial clínico aprobado a nivel europeo"

Nuestro país sigue muy por encima de los tiempos recomendados por Europa para la incorporación de medicamentos innovadores. Además, buena parte de los tratamientos disponibles llegan con restricciones relevantes respecto a las indicaciones aprobadas por la EMA. Dicho de otro modo: el acceso existe, pero no siempre es homogéneo, ni rápido, ni plenamente alineado con el potencial clínico aprobado a nivel europeo.

Y los retrasos, obviamente, tienen consecuencias para los pacientes y clínicos, pero también para la posición estratégica de España dentro del ecosistema europeo de innovación biomédica. Los países que ofrecen marcos regulatorios más predecibles, procesos más claros y tiempos más razonables no solo mejoran el acceso: también atraen más investigación, más ensayos clínicos y más inversión industrial.

Precisamente ahí puede encontrarse una de las claves de mejora para los próximos años. Parte del avance vendrá necesariamente acompañado de un nuevo marco normativo capaz de aportar mayor claridad, más seguridad jurídica y procesos más eficientes. El debate ya no es únicamente cuánto se tarda, sino cómo se organiza el sistema para responder de manera más ágil, transparente y previsible a la innovación terapéutica.

España necesita estabilidad regulatoria y una visión estratégica del medicamento innovador como política sanitaria, pero también industrial y científica.

Al margen de las cuestiones sobre aspectos metodológicos de los informes —legítimas y necesarias— y sobre qué pacientes, como los que participan en ensayos clínicos que España lidera a nivel europeo, reciben antes determinados tratamientos que otros, el hecho es incontestable: España todavía no juega en la liga de los grandes países europeos en acceso a la innovación.

"todavía queda recorrido para que España alcance el nivel de acceso que corresponde a un sistema sanitario como el nuestro"

España, lider en otros campos

Y eso contrasta con otros ámbitos en los que sí somos referencia internacional. España sí juega en la primera división europea en trasplantes. También en ensayos clínicos. Y, en muchos indicadores, en calidad asistencial y universalidad de nuestro sistema sanitario, un sistema en el que el paciente español contribuye menos a los costes sanitarios (copago) que sus conciudadanos europeos. Contamos con profesionales sanitarios de enorme prestigio, hospitales altamente competitivos y una capacidad investigadora reconocida internacionalmente.

Por eso resulta difícil asumir que un país capaz de liderar la investigación clínica europea siga presentando retrasos tan significativos en la llegada efectiva de la innovación a los pacientes.

La paradoja es evidente: ayudamos a desarrollar muchos de los medicamentos innovadores que luego tardamos demasiado tiempo en incorporar plenamente a nuestro sistema.

El WAIT no debe entenderse como un ejercicio de confrontación entre Administración e industria, sino como una herramienta útil para identificar áreas de mejora. Porque, aunque los avances existen y deben reconocerse, todavía queda recorrido para que España alcance el nivel de acceso que corresponde a un sistema sanitario con la ambición, la capacidad científica y el prestigio internacional del nuestro.