Dieciocho meses de negociación deberían haber servido para acercar posiciones. Sin embargo, en el XXVI Convenio Estatal de Oficinas de Farmacia ha ocurrido precisamente lo contrario. Reunión tras reunión, patronal y sindicatos no solo no han logrado cerrar un acuerdo, sino que han ido consolidando unas posiciones cada vez más alejadas. La mediación del Servicio Interconfederal de Mediación y Arbitraje (SIMA), que se presentaba como la última oportunidad para reconducir el diálogo, tampoco ha conseguido romper el bloqueo. Dos reuniones después, el conflicto sigue exactamente donde estaba, pero con un ingrediente nuevo: la negociación ha comenzado a trasladarse fuera de la mesa.
Ese cambio de escenario no es menor. Mientras las conversaciones permanecían abiertas, existía la expectativa de que las cesiones de una y otra parte permitieran construir un punto de encuentro. Poco a poco esa expectativa se va debilitando. El anuncio de un programa de movilizaciones por parte de CCOO, UGT, CIG y FEFANE evidencia que la confianza en la capacidad de la negociación para alcanzar un acuerdo se ha resentido de forma significativa.
Las dos partes mantienen relatos muy diferentes sobre las causas del bloqueo. FEFE sostiene que ha acudido a la negociación "con propuestas concretas" y recuerda que, desde noviembre de 2025, ha presentado seis ofertas "completas, serias y vinculantes", la última de ellas con un incremento salarial nominal acumulado del 14%, una reducción de 12 horas de la jornada anual y mejoras en aspectos como el periodo de prueba, los preavisos o la organización de las vacaciones. Para la patronal, "la mediación solo es útil cuando ambas partes acuden con propuestas concretas que permitan cerrar posiciones" y considera imprescindible que exista "voluntad negociadora por ambas partes".
La lectura sindical es opuesta. El banco social sostiene que la mediación ha fracasado por la "posición inmovilista" de la patronal y asegura que las diferencias siguen siendo profundas en cuestiones esenciales como los incrementos salariales previstos para los años de vigencia del convenio, la regulación de los permisos o las medidas de flexibilidad interna de la jornada. Ante ese escenario, las organizaciones sindicales han decidido dar un paso más y preparar un programa de acciones y movilizaciones para defender lo que consideran "cuestiones y derechos razonables y justos" para los trabajadores del sector.
Lo preocupante no es únicamente que no exista un acuerdo. En toda negociación colectiva es normal que haya discrepancias, propuestas rechazadas y momentos de tensión. Lo verdaderamente relevante es que el espacio para el entendimiento parece reducirse a medida que avanza el proceso. Cada reunión que termina sin resultados consolida el relato de que es la otra parte quien no quiere negociar, dificultando aún más cualquier aproximación futura.
La convocatoria de movilizaciones supone un cambio de fase. No significa necesariamente que el diálogo haya terminado, pero sí que la negociación ha dejado de desarrollarse exclusivamente en la mesa. A partir de ahora, el reto será evitar que la confrontación sustituya definitivamente a la búsqueda de consensos. Porque, aunque patronal y sindicatos discrepen sobre las causas del bloqueo, ambos comparten una misma idea: demostrar que todavía es posible alcanzar un convenio.