Una semana más, un mes más, de hecho, sigue sin haber acuerdo para renovar el convenio de oficinas de farmacia. Tampoco lo hubo en enero ni en noviembre; en diciembre, ni siquiera se celebró reunión entre las partes negociadoras. Y mientras las posturas de la Federación Empresarial de Farmacéuticos Españoles (FEFE) y los sindicatos “siguen alejadas”, los profesionales siguen, por su parte, con un marco laboral estancado desde hace cuatro años.
Este periódico informó el martes 17, cuando tuvo lugar el encuentro, de la noticia del desencuentro: la reunión se saldó, de nuevo sin acuerdo, “sin ningún avance”, con el alejamiento de posturas y con el emplazamiento de la negociación al próximo 10 de marzo, cuando se celebrará la próxima reunión.
Esto contrasta con el acuerdo en materia de subida salarial que pactaron patronal y sindicatos el pasado enero. La cuerda del convenio de farmacias parecía destensarse. No obstante, la resolución del último encuentro parece dibujar un tira y afloja peligroso para los farmacéuticos y, en definitiva, para los pacientes, beneficiarios últimos del imprescindible trabajo que realizan estos profesionales. Esta semana parece que ha tocado tirar en lugar de aflojar. Da la impresión de que las partes negociadoras estiran esta cuerda proverbial para ganar el juego, pero lo que en realidad está en juego es el marco laboral de decenas de miles de trabajadores.
Es loable que patronal y sindicatos peleen cada palmo de terreno, pero no desde hace tanto tiempo. Van cuatro años ya sin que se renueve el convenio y los farmacéuticos se encuentran en tierra laboral de nadie. La negociación, sin embargo, no es una batalla, es, ni más ni menos, un intento de llegar a un entendimiento, a un pacto que lleva demorándose demasiado tiempo. Y urge salir de la trinchera en son de paz.
No es únicamente cuestión monetaria ni de tiempo de trabajo, aunque también, si no de dotar a unos agentes sanitarios tan imprescindibles para el sistema como los farmacéuticos de un marco laboral en el que puedan desempeñar sus labores en condiciones adaptadas a la coyuntura actual y con seguridad.
Las malas noticias en cuanto al convenio contrastan con los avances legislativos que, muy recientemente, se han producido en el ámbito de la Farmacia. Sin ir más lejos, el Ministerio de Sanidad, esta misma semana, ha reconocido a las oficinas comunitarias como un agente de gran valor para la Salud Pública al firmar un convenio de colaboración con el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF) para prevenir el tabaquismo.
Es difícil entender, por tanto, que no se llegue a un acuerdo en el terreno laboral, puesto que hasta las mismas partes negociadoras, que en algún momento han sido y serán también pacientes, se beneficiarían de que los farmacéuticos pudieran trabajar con mejores condiciones. Se trata, en el fondo, de una cuestión de cuidar a los que nos cuidan a todos. Por ello es urgente dejar de lado este tira y afloja y llegar a un entendimiento antes de que la cuerda del convenio se rompa.