A nadie se le escapa. La nueva legislación que está en el horno, tanto en el ámbito europeo como en el español, marcará el terreno de juego para las próximas décadas en el sector. Por sí mismo, este ya es un motivo importante para hacer las cosas bien. Pero las crecientes presiones geopolíticas que llegan desde EEUU -y también el empuje chino- hacen que la reacción de los legisladores sea más necesaria y urgente que nunca.
Europa y, más en concreto, España, no pueden mirar hacia otro lado y proponer legislaciones farmacéuticas que den la espalda a la innovación y que dibujen escenarios menos competitivos que el norteamericano o el chino. Hay mucho en juego. Ya lo dijo esta semana el director general de Farmaindustria, Juan Yermo, en un encuentro con periodistas: “Lo que antes era necesario, ahora es crucial”.
Donald Trump, en el marco de una estrategia más pensada de lo que dan a entender sus bandazos, está haciendo todo lo posible para atraer inversión farmacéutica a su territorio. Es cierto que presiona a base de amenazas, pero también con incentivos, como pueden ser los plazos más amplios a la hora de proteger los datos de la innovación bajo patente. Y parece que no le está yendo del todo mal, porque poco a poco se suceden los anuncios de inversiones millonarias de distintas compañías en territorio norteamericano.
Tampoco es ningún secreto que la excesiva burocracia y los complicadísimos tiempos de las Administraciones comunitarias no ayudan a dar una respuesta rápida y contundente a estas políticas proteccionistas tan agresivas. En este sentido, y volviendo al terreno nacional donde está en juego -al margen de otros decretos clave- la futura ley de los Medicamentos, Fina Lladós, presidenta de Farmaindustria, dio una gran idea: si finalmente los borradores no se convierten en realidad, deben ser una “declaración de intenciones” de que España apoya el ecosistema innovador y busca mejorar sus condiciones.
Solo así podremos competir en un escenario cada vez más complejo y competitivo. En los próximos meses iremos conociendo en qué medida la Administración ha tenido sensibilidad con las propuestas que recibió de las compañías en los distintos procesos de alegaciones. Desde la industria son optimistas, pero en estos casos ya se sabe: la hora de la verdad llegará cuando se vayan conociendo los nuevos textos normativos.