La lucha contra la obesidad ha sido un desafío constante para la industria farmacéutica, que ha recorrido un camino lleno de obstáculos en su intento por encontrar tratamientos eficaces. Durante décadas, las terapias desarrolladas para combatir esta enfermedad se han enfrentado a distintos obstáculos, que engloban desde retiradas prematuras por problemas de seguridad, hasta fracasos al no ofrecer resultados a largo plazo en comparación con las intervenciones quirúrgicas. No obstante, en los últimos años, la ciencia ha abierto nuevas oportunidades, marcando el inicio de lo que podría ser una revolución en la forma en que se aborda esta patología. Este hecho no ha pasado desapercibido para la industria farmacéutica, que ha incrementado la inversión en I+D de tratamientos contra la obesidad alcanzando niveles sin precedentes.
Uno de los mayores hitos recientes en este campo ha sido el desarrollo de los agonistas del GLP-1, como Mounjaro (tirzerpatida, Lilly). Originalmente diseñados para el tratamiento de la diabetes, estos compuestos han demostrado su eficacia no solo en la pérdida de peso, sino también en la mejora de la salud metabólica, ofreciendo una nueva esperanza a millones de personas. Los estudios han mostrado resultados impactantes: pérdidas de peso significativas, mantenidas a largo plazo, y mejoras cardiovasculares que hacen soñar con un futuro menos dependiente de la cirugía bariátrica. En concreto, los resultados del ensayo SURMOUNT-1 revelaron que los adultos tratados con tirzepatida 15mg lograron una pérdida de peso media del 22,9 por ciento
Tanto es así que en 2023 se registraron más de 109 ensayos clínicos activos en este campo, con más de 144 moléculas en desarrollo, tal y como recoge un informe elaborado por BioPharma Dive. Este aumento vertiginoso en la actividad de I+D refleja un cambio de enfoque estratégico en la industria, que ha identificado a la obesidad como una prioridad clave no solo desde una perspectiva sanitaria, sino también económica. Pero más allá del éxito puntual de un fármaco, lo que estamos presenciando es un cambio estructural, ya que no solo se trata de seguir desarrollando agonistas GLP-1 más efectivos, sino también de combinar diferentes mecanismos de acción que puedan abordar la obesidad desde múltiples frentes, como el control del apetito o la preservación de la masa muscular.
El aumento en la inversión en esta área responde, en gran medida, a la magnitud del problema. La obesidad no solo es una de las principales causas de muerte prematura y discapacidad, sino que también está detrás de un gran número de enfermedades metabólicas graves, como la diabetes tipo 2 y problemas cardiovasculares. Su prevalencia global, que ha crecido de manera alarmante desde la década de 1970, representa una carga cada vez más difícil de soportar para los sistemas de salud. En este escenario de urgencia, los avances en el desarrollo de fármacos que prometen un tratamiento efectivo se hacen imprescindibles.
En este contexto en el que la obesidad ya es un problema de salud pública a nivel global, Reino Unido ha dado un paso adelante para intentar ponerle freno. El Gobierno británico está evaluando la posibilidad de autorizar el uso de Mounjaro para la pérdida de peso dentro del sistema de salud público, dirigido específicamente a personas desempleadas que sufren de obesidad. Con esta medida pretenden ayudar a los desempleados a mejorar su salud para facilitar su reintegración al mercado laboral. El primer ministro, Keir Starmer, ha destacado que esta iniciativa podría ser beneficiosa no solo para los individuos, sino también para la economía del país.