La lucha contra el cáncer vive un momento de cambio profundo, pues en los últimos años, la investigación ha permitido avanzar hacia tratamientos cada vez más específicos, diseñados a partir de las características moleculares de cada tumor. Es lo que se conoce como oncología de precisión: terapias dirigidas que buscan tratar a cada paciente según el perfil biológico de su enfermedad.
Hace apenas una década, esta idea parecía más cercana al laboratorio que a la consulta, pero hoy empieza a ser una realidad. La combinación de genética, nuevas tecnologías de diagnóstico y desarrollo farmacológico ha abierto la puerta a tratamientos más selectivos y, en muchos casos, con menos efectos secundarios.
En España, la oncología es actualmente el área con mayor actividad investigadora en el país. De hecho, según datos de Farmaindustria, cerca del 40% de los ensayos clínicos que se pusieron en marcha el año pasado corresponden a esta especialidad. Muchos de ellos, además, se desarrollan en fases tempranas, las más complejas de la investigación.
Por eso, que el debate esté ganando peso no es casualidad. Esta misma semana, tal y como adelantó este medio, Toledo ha sido testigo de una cumbre de alto nivel organizada por la patronal de la industria farmacéutica europea, EFPIA, junto a Farmaindustria, que ha reunido a autoridades sanitarias, organizaciones de pacientes, representantes de la industria farmacéutica y otros expertos del ámbito sanitario. En ella, la presidenta de Farmaindustria, Fina Lladós, defendió que “en medicina de precisión, el diagnóstico y el tratamiento son un binomio inseparable" y que desde su organización apoyan el impulso de los biomarcadores "porque solo con la capacidad para hacer las pruebas con calidad y a tiempo, la innovación llega a donde tiene que llegar".
No obstante, la investigación avanza sin dar marcha atrás y cada año aparecen nuevos biomarcadores y terapias dirigidas, cuyo acceso no es tan rápido. Un Libro Blanco publicado por la EFPIA, y presentado también durante la jornada, subraya que en varios países europeos persisten diferencias importantes en el acceso a pruebas diagnósticas avanzadas o a tratamientos personalizados. Incluso existe otra brecha menos visible: la información. En este sentido, las encuestas realizadas a pacientes oncológicos muestran que muchos desconocen si se han analizado biomarcadores en su tumor o qué implicaciones pueden tener esos resultados para su tratamiento.
En otras palabras, el conocimiento está disponible, pero no siempre llega a traducirse en acceso real a terapias más innovadoras contra el cáncer. Por tanto, implantar plenamente la oncología de precisión implica algo más que desarrollar nuevos fármacos, ya que requiere infraestructuras diagnósticas adecuadas, profesionales formados en genética y biología molecular, sistemas capaces de integrar grandes volúmenes de datos clínicos y modelos de financiación que permitan incorporar la innovación con rapidez. La clave ahora es que ese progreso científico se traduzca en acceso real. Porque la medicina de precisión solo cumple su promesa cuando llega a tiempo al paciente que la necesita.