No hay salud sin Farmacia

El pasado 25 de septiembre se celebró el Día Mundial del Farmacéutico en medio de las felicitaciones del ámbito político, la profesión y la industria

Farmacia
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“Piensa en salud, piensa en Farmacia” es el lema que la FIP ha escogido para el Día Mundial del Farmacéutico de este año, que se celebró el pasado día 25. Y salud y Farmacia son dos términos indisolubles que cristalizan cada vez que un profesional le dispensa su medicación a un paciente, porque este gesto implica una tradición de consejo sanitario riguroso y, a la vez, cercano.

La dedicación de los farmacéuticos al cuidado de los pacientes y como pilar fundamental del Sistema Nacional de Salud no ha pasado desapercibida para algunas de las principales figuras de la política, la profesión y de la industria, que han querido rendir, en este periódico, homenaje a la Farmacia, incluida Mónica García, ministra de Sanidad, que destacó el papel de los farmacéuticos para “afrontar los grandes retos de nuestro sistema sanitario”.

La Farmacia es cercanía, accesibilidad, punto de creación de comunidad en zonas despobladas y rigor científico e investigación. Las farmacias son puntos sanitarios cercanos tanto por el trato como por la proximidad de las oficinas. Cualquier ciudadano puede acceder a una farmacia sin prácticamente colas ni listas de espera, y sin necesidad de cita. Y en cada visita, los pacientes reciben su tratamiento acompañado de información sanitaria de gran valor.

Esto redunda en la labor de prevención y promoción de la salud que se lleva a cabo en temas como la cesación tabáquica, hábitos de vida saludables o, por ejemplo, dermatología. En muchas ocasiones, el farmacéutico es el primer sanitario que ve a los pacientes y puede detectar, de forma precoz, problemas de salud antes que nadie y actuar o derivar a los servicios especializados.

Gracias a esta capilaridad, los ciudadanos demuestran confianza y satisfacción con la Farmacia. Según el CIS, las farmacias son los servicios mejor valorados por los españoles, y también los más accesibles. Y el vínculo de confianza que se genera entre farmacéutico y paciente facilita que sea, en muchas ocasiones, puerta de entrada al cuidado de una de las grandes olvidadas: la salud mental. Los farmacéuticos reciben a menudo consultas para abordar problemáticas como el insomnio o la ansiedad, y ahí pueden actuar a través de consejos, dispensación o derivación.

Además, el apoyo que otorgan los farmacéuticos se hace extensible, e imprescindible, en zonas rurales despobladas. La farmacia es, en muchos casos, el único punto sanitario al que personas mayores, con problemas de movilidad y soledad, pueden acceder con facilidad. Y, en este sentido, dada la incidencia de las enfermedades crónicas en este colectivo y los escasos recursos sanitarios que se ofrecen, en ocasiones, en el mundo rural, estos profesionales son fundamentales para abordar problemas clave de la actualidad.

La labor farmacéutica no solo se desarrolla, como se ha visto, a pie de calle. El trabajo científico que hay detrás de cada medicamento que está en casa es responsabilidad, también, de los farmacéuticos. Esta función abarca desde la investigación básica que da pie a las terapias novedosas con los que se tratan las dolencias que más afectan a la sociedad.

Por todo ello, el Día Mundial del Farmacéutico sirve como homenaje a una profesión que, desde la cercanía y el rigor científico, cuida de todo el mundo cuando más lo necesita y desde primera línea sanitaria. Como se desprende del lema de la FIP, no hay salud sin Farmacia.


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